dilluns, 29 d’agost de 2011

¡NUESTRA ENHORABUENA!

Sí, amigos, hemos de constatar la alegría del nacimiento de JORGE NAVARRO CONEJERO. Es el primogénito de nuestra hermana portadora Neus Conejero Roselló y de su esposo, a quienes les deseamos que gocen de esa paternidad, sin duda, bajo la protección de nuestro amado Jesús Nazareno, a quien le encomendaremos con toda vehemencia que cuide, proteja y le dé su bendición. Y también ¡enhorabuena! porque sus padres ya han solicitado el ingreso de Jorge como hermano portador... Bienvenido. Repetimos: ¡ENHORABUENA!

dimarts, 23 d’agost de 2011

VIA CRUCIS

Vía Crucis con los jóvenes.


BENEDICTO XVI


19 de Agosto de 2.011




Como un pequeño testimonio, ante la importancia de las distintas alocuciones pronunciadas por el Santo Padre durante la JMJ, nos parece oportuno transcribir el texto de la correspondiente al Vía Crucis, tan relacionado con nuestra devoción a Jesús Nazareno, que literalmente es como sigue:




Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en su Pasión y Muerte. Los comentarios de las Hermanitas de la Cruz, que sirven a los más pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que juzga al mundo y a los que se creen sabios. También nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón como sucedió a Santa Teresa de Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado.


Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de San Pablo: "Cristo me amó y se entregó por mí". Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: "En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros.También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos". La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante y lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros "para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre... Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza" (Spe salvi, 39).


Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestro ojos son llamadas del Señor para edificar nuestra vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. "Sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia, sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo" (ibid.).


Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el desenlace un un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo.


Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz. Muchas gracias.