dissabte, 8 de febrer de 2014

HABLANDO DE GENEROSIDAD

   Supongo que algunos habréis tenido oportunidad de leer a R. Tagore, ese gran escritor que nos legó obras que no tienen desperdicio. Repasando algunas lecturas, me he encontrado con un fragmento de su Ofrenda Lírica, que nos muestra poética pero profundamente cómo, a veces, tal vez muchas veces, nos comportanmos como temerosos de abrirnos sinceramente, de entregarnos a los demás, de ser generosos. Y me permito reproducir este pasaje aleccionador, hermosamente didáctico. Es el que sigue:

Andaba yo mendigando de puerta en puerta por el sendero del pueblo, cuando aparecció en la lejanía tu carroza dorada como un brillante sueño.
Crecieron muy altas mis esperanzas y pensé para mis adentros que mis días malos habían tocado a su fin; y me quedé aguardando esas limosnas que se dan sin pedirlas y un montón de riquezas derramadas por el polvo.
La carroza se detuvo a mi lado.
Me miraste y descendiste con una sonrisa en los labios.
Sentí que por fin había llegado la suerte a mi vida.
De pronto, me tendiste tu mano derecha diciéndome:
"¿Tienes algo que darme?"
¡Qué gesto de realeza tan extraño el tuyo de extender la palma para pedirle a un mendigo!
Yo estaba confuso y me quedé indeciso.
Saqué despues lentamente de mi zurrón un granito de maiz 
y te lo dí.
Pero qué grande fue mi sorpresa cuando al final del día vacié mi saco en el suelo y encontré un granito de oro en medio del montón...
¡Qué amargamente lloré y cuanto deseé haber tenido
corazón para dártelo todo! 

Como siempre, vuestro Miguel Mira