dilluns, 21 de setembre de 2015

BENDICIÓN ABACIAL

                                                                       NUEVO CURSO

    En poco tiempo se han producido en la Iglesia de nuestra ciudad cambios significativos. Cesó en la Colegiata D. Arturo Climent, quien se despidió el pasado día 12 de Septiembre, y el siguiente sábado, día 19, el Sr. Cardenal Arzobispo dio posesión del cargo de Abad Párroco de Santa María a D. José Canet Canet. Digamos que, al propio tiempo, por razones de edad, deja también La Sèu el estimado D. Rosendo. Desde la Parroquia de Ntra. Señora el Carmen, D. Juan Antonio Agud pasa a ser canónigo en la Colegiata, quien será sustituido en breve por D. Rafael Vaello, conocido y estimado e n nuestra ciudad por el ejercicio de su ministerio ya hace algunos años en la Parroquia de La Merced, como vicario, y por su largo período docente en el Instituto José de Ribera y en el Colegio Padre Claret.
     Al parecer, estos serán, por ahora, los cambios, pero intuimos que, antes o después, habrá novedades. En todo caso, rogaremos al buen Dios que todo sea para su mayor gloria y para el mejor servicio de los fieles de Xàtiva.
    Debo reseñar el gozo experimentado anteayer, cuando al entrar con mi esposa en la Seo, tuvimos dificultades para encontrar un asiento; dificultades que fueron mayores para quienes vinieron detrás, porque el templo registró una asistencia extraordinaria, como hacía años no se veía. Gente de pie; gente que se procuró un lugar en los escalones del altar de Jesús Nazareno.  No me ocupé en contar los sacerdotes que concelebraron ni los servidores del altar, pero no me equivoco si digo que entre todos faltarían pocos para treinta. A excepción del Sr. Cura de Santos Juanes, por razones de su ministerio, estaban los otros tres párrocos, y nos alegró ver a D, Paco Doménech, nuestro querido amigo Paco; D. Miguel Santamaría, D. Vicente Richart y D. Joaquín Núñez con apoyo de su bastón, que no podía dejar de participar con su antiguo compañero en Salamanca,D. Antonio Cañizares, el Cardenal.  Larga procesión de entrada, revestido el nuevo Abad con casulla roja. El coro parroquial, entonando los cánticos litúrgicos con aceptable afinación. La familia del sacerdote protagonista de tan solemne acto, en el primer banco; en el otro lateral, el Sr. Alcalde y  varios concejales; Consejo de Pastoral, Cofradía, Camareras y Alets de la Virgen, en pleno, la mayoría con atuendo informal; muchos miembros de comunidades de base; buena asistencia de paisanos de D. José, llutgentins, así como feligreses de sus anteriores parroquias de Benetuser y de Valencia; y fieles de esta ciudad. Me pregunto, entre paréntesis, cuál hubiera sido el aforo cubierto si a la celebración hubiéramos asistido solo los setabenses. Cierro paréntesis. El nuevo párroco tuvo su sede, provisionalmente, al pie del altar y, acompañándole, a su izquierda el canónigo D. Rosendo, y a su derecha D. José Estellés, Cura de San Pedro. Ocuparon los primeros bancos a ambas partes del crucero los concelebrantes. No puedo referirles, aparte de los ya mencionados más arriba y del Superior del Seminario Menor, la identidad de los otros sacerdotes. Fotógrafos no faltaron, pero fueron discretos y no incordiaron demasiado. La eucaristía fue participada muy atentamente; hubo silencio y respeto y aunque la voz del Sr.  Cardenal  no es muy potente, se le entendió todo. Su sosegada y reflexiva homilía, basada en las lecturas del domingo 25 del tiempo ordinario, como no podía ser menos, estructuró sus paternales consejos dirigidos al nuevo Abad, sin olvidar por ello de impartir la enseñanza que de tales lecturas se deriva a ser asumida por todos. Llamó la atención el cantor que subió hasta el ambón para salmodiar, para cantar las letanías preceptivas, después, y para interpretar un canto final.    Nos llamó también la atención la sencillez de la mitra que eligió el Abad, por su tamaño y por la ausencia de innecesarios adornos.
        Agradecimos que el parlamento final de D. José fuera breve. En él dio muestras de campechanía y pudimos apreciar una magnífica voz, bien impostada, aunque la tuviera algo alterada a causa de los sudores por el trajín de su mudanza. Agradeció su presencia al Alcalde, con quien  quedo comprometido a fer-se un café, que pagaría ell; tuvo palabras para las instituciones propias de la Colegiata; para su familia, por supuesto; para quienes se habían desplazado desde otros lugares hasta Xàtiva y prometió seguir manteniendo, como lo ha venido haciendo D. Arturo hasta ahora, las puertas de los templos abiertas, como predica el Papa Francisco, y finalmente, advirtiendo que se repartirían unas estampas recordatorio, terminó el ceremonial con el canto del himno a la Virgen de la Seo, rezándose la oración final desde el pie de las gradas del altar de la Patrona, desde el cual el diácono –que revestía dalmática- pronunció el Ite Misa est.
    No es necesario resaltar el gran aplauso que atronó el templo cuando el Sr. Cardenal le impuso al nuevo Abad el anillo, le entregó el báculo y le tocó con la mitra.
    Pero lo hermoso y solemne de esta celebración no es mas que el comienzo de un camino, que esperamos sea fructífero; que sirva para beneficio de la pastoral de nuestra ciudad, tan necesitada de apertura a las periferias, como dice el Papa; tan hambrienta de sensatez, a la vez que motivada, alentada y firme en el testimonio de nuestra fe.
     Así lo vi. Miguel Mira