I
RETIRO CUARESMAL
El pasado sábado, 28 de febrero se celebró el retiro programado por la Hermandad de cofradías en la Iglesia de San Francisco, con una muy pobre asistencia. A las diez y media y durante una hora el Sr. Abad nos propuso una reflexión, en primer lugar, sobre el significado de las reiteradas referencias al DESIERTO, como el camino a recorrer desde la esclavitud a la posesión de la “tierra que mana leche y miel”, para pasar después a señalar el sentido de los tres pilares de la Cuaresma: la oración, el ayuno y la caridad, llevándonos a la comprensión de cómo hacer realidad no la literalidad de las palabras, sino cómo, siguiendo la orientación del Papa León, estos tres pilares han de transformar nuestra conducta de cara a Dios y buscando la cercanía hacia los demás. Terminada la charla, expuso al Santísimo y acudió al confesonario.
II
Segunda Misa Estacional
Miércoles, 4 de marzo de 2026.
El mal tiempo, la inclemencia meteorológica no impidió que el templo parroquial de Nuestra Señora del Carmen acogiera a un buen número de fieles a la celebración de la eucaristía cuaresmal, que, como el miércoles pasado, concelebraron párrocos y vicarios de la ciudad, asistidos por el diácono permanente y unos pequeños monaguillos de la parroquia. He de destacar la participación de un nutrido grupo de neocatecumenales, que animaron la celebración con vehemencia motivadora y nos ayudaron a rezar con sus cantos. Lo destaco porque quedé sorprendido por excelentes voces en los solos y por un extraordinario Sanctus, que, al menos a mí, nos hizo vibrar en lo más profundo. Aquellas tres aclamaciones al Señor del Universo fueron impactantes.
En la homilía, Don Rafael hizo hincapié en la necesidad de no guiarnos por emociones, sino actuar de corazón y con sincera entrega al servicio de la Iglesia, al servicio de los demás, cualquiera que sea el lugar en que nos encontremos y siempre buscando permanecer en la unidad como ocurre en estas celebraciones cuaresmales.
Una semana más ésta que nos acerca hasta la Pascua.
Les transcribo la acción de gracias que rubricó la Santa Misa:
“Gracias, hermanos. Gracias por vuestra fe.
-Sí a Cristo.
-Sí a la Santa Madre Iglesia.
-Sí a los hermanos.
Una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo y un solo Dios y Padre.
Somos un solo cuerpo y de ello damos testimonio en este día y en este encuentro.
Que la luz de Cristo ilumine nuestro camino, tal y como lo esperamos de Él. Nuestra vida estaría muy vacía sin nuestros hermanos. Permanezcamos unidos confiando los unos con los otros.
Hemos sido llamados a algo muy grande:
“Amaos los unos a los otros”, amor que es más grande que la muerte.
Cuando los hermanos compartimos una misión, nuestros corazones saltan de gozo. Nuestro Dios se ha fijado en nosotros.
Es un gozo y un asombro que los hermanos vivan juntos. Dios se hace una sola carne con nosotros, aunque seamos pequeños y vulnerables, si nuestra mirada está puesta en cumplir su voluntad.”
El sentido canto “Stabat mater dolorosa…” despidió la celebración y los asistentes recibimos un detalle de la Parroquia: una cajita conteniendo un cirio. La Luz. Queridos lectores, vayamos siempre hacia la Luz.
III
Comentario al Evangelio del Domingo tercero de Cuaresma, ciclo A. San Juan, 4, 5-42, por D. Joaquín Núñez Morant.
Texto del Evangelio
Llegó, pues, a una ciudad de Samaría
llamada Sicar, cerca del campo que Jacob dio a su hijo José.
Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al
pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
—Dame de beber.
(Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.)
Le dice entonces la mujer samaritana:
—¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)Jesús le respondió:
—Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le
habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.
Le dice
la mujer:
—Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es profundo; ¿de dónde, pues,
tienes esa agua viva?
¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y bebió de él él
mismo, sus hijos y sus ganados?Respondió Jesús y le dijo:
—Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed;
pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás,
sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente de agua que brota
para vida eterna.Le dice la mujer:
—Señor, dame de esa agua para que no tenga sed ni venga más aquí a sacar.Él le
dice:
—Ve, llama a tu marido y vuelve acá.Respondió la mujer:
—No tengo marido.Jesús le dice:
—Bien has dicho: “No tengo marido”,
porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso
has dicho la verdad.Le dice la mujer:
—Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros
decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén.Jesús le dice:
—Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis
al Padre.
Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque
la salvación viene de los judíos.
Pero llega la hora, y es ahora, cuando los verdaderos adoradores adorarán al
Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le
adoran.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.Le
dice la mujer:
—Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo; cuando venga, nos lo explicará
todo.Jesús le dice:
—Soy yo, el que habla contigo.En esto llegaron sus discípulos y se admiraban de
que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: “¿Qué quieres?” o
“¿Por qué hablas con ella?”.La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a
la gente:
—Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el
Cristo?Salieron de la ciudad y venían hacia él.Entre tanto, los discípulos le
rogaban:
—Rabí, come.Pero él les dijo:
—Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.Los discípulos se
decían unos a otros:
—¿Le habrá traído alguien de comer?Les dice Jesús:
—Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.
¿No decís vosotros: “Todavía faltan cuatro meses para la siega”? Pues bien, yo
os digo: levantad los ojos y mirad los campos, que están ya dorados para la
siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge fruto para vida eterna, de modo que se
alegran tanto el sembrador como el segador.
Porque en esto resulta verdadero el proverbio: “Uno es el que siembra y otro el
que siega.”
Yo os envié a segar lo que
vosotros no trabajasteis; otros trabajaron, y vosotros habéis entrado en su
trabajo.
Muchos
samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que
testificaba: “Me ha dicho todo lo que he hecho.”
Cuando los samaritanos llegaron a él, le rogaron que se quedara con ellos, y se
quedó allí dos días.
Y fueron muchos más los que creyeron por su palabra,
y decían a la mujer:
—Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste
es verdaderamente el Salvador del mundo.
COMENTARIO
Para comentar a San Juan y precisamente el fragmento de la Samaritana hay que tener la admiración al Santo Apóstol Evangelista por la delicadeza, casi poética, con que se describe este encuentro, aparentemente ocasional, pero intencionado por el Buen Pastor que busca a la “oveja perdida”, sea del pueblo que sea.
Si estamos atentos, hay dos personajes principales: Jesús que encontramos no siendo fiel a la Ley, en tierra maldita, junto a un Pozo, en tiempo sagrado por favor de Dios a Jacob y maldito por un pueblo idólatra como el samaritano; y una pecadora sin nombre, no solo por ser samaritana sino porque vende su cuerpo al mejor postor, todo lo cual es lo que la hace importante para el Buen Pastor: ha encontrado a la “ovejita más roñosa”.
“Era alrededor de medio día”, y con el sol en lo alto no era hora de ir a por agua; su hora es por la mañana o al atardecer; sin embargo, la mujer, pecadora notable en su pueblo, va a deshora para no ser insultada. Junto al pozo hay un hombre, Jesús, que le pide “Dame de beber”. Quizá la admiración de la mujer nos parezca normal, pero no es así, mas bien escandalizada y extrañada, le echa en cara “¿Como tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? A poco que sepa la mujer, Jesús se expone a la mayor de las impurezas, desde hablar con una maldita mujer samaritana, pedirle de beber de un agua impura, de recipiente impuro y de manos impuras, un cúmulo de impureza que lo hacen extraño al pueblo de Dios.
Captando el interés de aquella mujer, comienza un contacto con una delicadeza y extraña calidez en un judío. ¿Qué podía entender un catecúmeno en espera de su bautismo? Un encuentro personal con Cristo que transforma la sed espiritual en Fe, reconociendo con humildad su propia miseria y pecado, sus “maridos pasados” para recibir el “agua viva” del Espíritu Santo. El catecúmeno debe esperar conocer el “don de Dios”, permitiendo que Cristo transforme al catecúmeno en un testigo, tal como la Samaritana se convirtió en evangelista.
Este es el camino de nuestra Cuaresma. Para San Agustín, la Samaritana representa a la Iglesia, en este caso, pecadora o mediocre, y que el encuentro con Jesús simboliza la búsqueda del “Buen Pastor”, de la “oveja perdida”.
Hemos de recorrer un camino tan hermoso para encontrar a Jesús, nos creemos tan perfectos que no nos conocemos, pero a poco que entremos en contacto con Él, le oigamos y nos dejemos enseñar por su palabra, igual que la Samaritana, nuestra vida se convertirá en evangelizadora. Y con la Samaritana, que al principio se admira y todo son problemas sin solución, según lo va conociendo, llega a ser testigo y anunciará sin miedo a los de su pueblo “Venid, ved a un hombre que me ha dicho… esto y aquello”. La fe nace del encuentro personal con Jesús, encontrado como el “tesoro escondido” (Mt.13:44) que se comparte con alegría, se anuncia la fe, no la creencia, se anuncia la vida compartida con Jesús.
Esa ha de ser nuestra Cuaresma: conocer a Jesús, comer y beber de Jesús y anunciar a Jesús con alegría.
Pero toca preguntarnos ¿buscamos a Jesús?, ¿conocemos cada día más a Jesús? o ¿nuestro Jesús es el que otros nos han dicho y creemos sin ninguna experiencia personal con Él?
No, nosotros, la Iglesia, como la Samaritana, nos ha de hacer vivir ese encuentro con Jesús por medio de una catequesis continua, algo de lo que nos hemos de dar cuenta cuando intentemos enseñar lo que no sabemos.
Feliz Domingo de “La Samaritana”. Ojalá nos demos cuenta que Jesús nos sale al camino y nos pide de beber, de beber todo lo que somos, nuestra alma, nuestra vida, nuestra personalidad, que eso es lo que le pidió a una pobre mujer ignorante y pecadora.
La Madre de la Misericordia nos lleve de su mano.
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Fotos de Rafa Blesa
Saludos, amigos. Miguel Mira


