dijous, 5 de març del 2026

COMENTAMOS DESDE EL SÁBADO

 

I

RETIRO CUARESMAL


            El pasado sábado, 28 de febrero se celebró el retiro programado por la Hermandad de cofradías en la Iglesia de San Francisco, con una muy pobre asistencia. A las diez y media y durante una hora el Sr. Abad nos propuso una reflexión, en primer lugar, sobre el significado de las reiteradas referencias al DESIERTO, como el camino a recorrer desde la esclavitud a la posesión de la “tierra que mana leche y  miel”, para pasar después a señalar el sentido de los tres pilares de la Cuaresma: la oración, el ayuno y la caridad, llevándonos a la comprensión de cómo hacer realidad no la literalidad de las palabras, sino cómo, siguiendo la orientación del Papa León, estos tres pilares han de transformar nuestra conducta de cara a Dios y buscando la cercanía hacia los demás. Terminada la charla, expuso al Santísimo y acudió al confesonario.

II

Segunda Misa Estacional

Miércoles, 4 de marzo de 2026.


              El mal tiempo, la inclemencia meteorológica no impidió que el templo parroquial de Nuestra Señora del Carmen acogiera a un buen número de fieles a la celebración de la eucaristía cuaresmal, que, como el miércoles pasado, concelebraron párrocos y vicarios de la ciudad, asistidos por el diácono permanente y unos pequeños monaguillos de la parroquia. He de destacar la participación de un nutrido grupo de neocatecumenales, que animaron la celebración con vehemencia motivadora y nos ayudaron a rezar con sus cantos. Lo destaco porque quedé sorprendido por excelentes voces en los solos y por un extraordinario Sanctus, que, al menos a mí, nos hizo vibrar en lo más profundo. Aquellas tres aclamaciones al Señor del Universo fueron impactantes.

 

            En la homilía, Don Rafael hizo hincapié en la necesidad de no guiarnos por emociones, sino actuar de corazón y con sincera entrega al servicio de la Iglesia, al servicio de los demás, cualquiera que sea el lugar en que nos encontremos y siempre buscando permanecer en la unidad como ocurre en estas celebraciones cuaresmales.


             Una semana más ésta que nos acerca hasta la Pascua.

            Les transcribo la acción de gracias que rubricó la Santa Misa:

            “Gracias, hermanos. Gracias por vuestra fe.

            -Sí a Cristo.

            -Sí a la Santa Madre Iglesia.

            -Sí a los hermanos.

            Una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo y un solo Dios y Padre.

            Somos un solo cuerpo y de ello damos testimonio en este día y en este encuentro.

            Que la luz de Cristo ilumine nuestro camino, tal y como lo esperamos de Él. Nuestra vida estaría muy vacía sin nuestros hermanos. Permanezcamos unidos confiando los unos con los otros.

            Hemos sido llamados a algo muy grande:

            “Amaos los unos a los otros”, amor que es más grande que la muerte.

            Cuando los hermanos compartimos una misión, nuestros corazones saltan de gozo. Nuestro Dios se ha fijado en nosotros.

            Es un gozo y un asombro que los hermanos vivan juntos. Dios se hace una sola carne con nosotros, aunque seamos pequeños y vulnerables, si nuestra mirada está puesta en cumplir su voluntad.”

            El sentido canto “Stabat mater dolorosa…” despidió la celebración y los asistentes recibimos un detalle de la Parroquia: una cajita conteniendo un cirio. La Luz. Queridos lectores, vayamos siempre hacia la Luz. 

III

 

            Comentario al Evangelio del Domingo tercero de Cuaresma, ciclo A. San Juan, 4, 5-42, por D. Joaquín Núñez Morant. 

Texto del Evangelio 

            Llegó, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que Jacob dio a su hijo José.
Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
—Dame de beber.
(Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.)
Le dice entonces la mujer samaritana:
—¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)Jesús le respondió:
—Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.

Le dice la mujer:
—Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es profundo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y bebió de él él mismo, sus hijos y sus ganados?Respondió Jesús y le dijo:
—Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed;
pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás,
sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.Le dice la mujer:
—Señor, dame de esa agua para que no tenga sed ni venga más aquí a sacar.Él le dice:
—Ve, llama a tu marido y vuelve acá.Respondió la mujer:
—No tengo marido.Jesús le dice:
—Bien has dicho: “No tengo marido”,
porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.Le dice la mujer:
—Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén.Jesús le dice:
—Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero llega la hora, y es ahora, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoran.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.Le dice la mujer:
—Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo; cuando venga, nos lo explicará todo.Jesús le dice:
—Soy yo, el que habla contigo.En esto llegaron sus discípulos y se admiraban de que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: “¿Qué quieres?” o “¿Por qué hablas con ella?”.La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a la gente:
—Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?Salieron de la ciudad y venían hacia él.Entre tanto, los discípulos le rogaban:
—Rabí, come.Pero él les dijo:
—Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.Los discípulos se decían unos a otros:
—¿Le habrá traído alguien de comer?Les dice Jesús:
—Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.
¿No decís vosotros: “Todavía faltan cuatro meses para la siega”? Pues bien, yo os digo: levantad los ojos y mirad los campos, que están ya dorados para la siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge fruto para vida eterna, de modo que se alegran tanto el sembrador como el segador.
Porque en esto resulta verdadero el proverbio: “Uno es el que siembra y otro el que siega.”
            Yo os envié a segar lo que vosotros no trabajasteis; otros trabajaron, y vosotros habéis entrado en su trabajo.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que testificaba: “Me ha dicho todo lo que he hecho.”
Cuando los samaritanos llegaron a él, le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.
Y fueron muchos más los que creyeron por su palabra,
y decían a la mujer:
—Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.

COMENTARIO

 

Principio del formulario

    Para comentar a San Juan y precisamente el fragmento de la Samaritana hay que tener la admiración al Santo Apóstol Evangelista por la delicadeza, casi poética, con que se describe este encuentro, aparentemente ocasional, pero intencionado por el Buen Pastor que busca a la “oveja perdida”, sea del pueblo que sea.

    Si estamos atentos, hay dos personajes principales: Jesús que encontramos no siendo fiel a la Ley, en tierra maldita, junto a un Pozo, en tiempo sagrado por favor de Dios a Jacob y maldito por un pueblo idólatra como el samaritano; y una pecadora sin nombre, no solo por ser samaritana sino porque vende su cuerpo al mejor postor, todo lo cual es lo que la hace importante para el Buen Pastor: ha encontrado a la “ovejita más roñosa”.

    “Era alrededor de medio día”, y con el sol en lo alto no era hora de ir a por agua; su hora es por la mañana o al atardecer; sin embargo, la mujer, pecadora notable en su pueblo, va a deshora para no ser insultada. Junto al pozo hay un hombre, Jesús, que le pide “Dame de beber”. Quizá la admiración de la mujer nos parezca normal, pero no es así, mas bien escandalizada y extrañada, le echa en cara  “¿Como tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? A poco que sepa la mujer, Jesús se expone a la mayor de las impurezas, desde hablar con una maldita mujer samaritana, pedirle de beber de un agua impura, de recipiente impuro y de manos impuras, un cúmulo de impureza que lo  hacen extraño al pueblo de Dios.

   Captando el interés de aquella mujer, comienza un contacto con una delicadeza y extraña calidez en un judío. ¿Qué podía entender un catecúmeno en espera de su bautismo? Un encuentro personal con Cristo que transforma la sed espiritual en Fe, reconociendo con humildad su propia miseria y pecado, sus “maridos pasados” para recibir el “agua viva” del Espíritu Santo. El catecúmeno debe esperar conocer el “don de Dios”, permitiendo que Cristo transforme al catecúmeno en un testigo, tal como la Samaritana se convirtió en evangelista.

     Este es el camino de nuestra Cuaresma. Para San Agustín, la Samaritana representa a la Iglesia, en este caso, pecadora o mediocre, y que el encuentro con Jesús simboliza la búsqueda del “Buen Pastor”, de la “oveja perdida”.

      Hemos de recorrer un camino tan hermoso para encontrar a Jesús, nos creemos tan perfectos que no nos conocemos, pero a poco que entremos en contacto con Él, le oigamos y nos dejemos enseñar por su palabra, igual que la Samaritana, nuestra vida se convertirá en evangelizadora. Y con la Samaritana, que al principio se admira y todo son problemas sin solución, según lo va conociendo, llega a ser testigo y anunciará sin miedo a los de su pueblo “Venid, ved a un hombre que me ha dicho… esto y aquello”. La fe nace del encuentro personal con Jesús, encontrado como el “tesoro escondido” (Mt.13:44) que se comparte con alegría, se anuncia la fe, no la creencia, se anuncia la vida compartida con Jesús.

     Esa ha de ser nuestra Cuaresma: conocer a Jesús, comer y beber de Jesús y anunciar a Jesús con alegría.

     Pero toca preguntarnos ¿buscamos a Jesús?, ¿conocemos cada día más a Jesús? o ¿nuestro Jesús es el que otros nos han dicho y creemos sin ninguna experiencia personal con Él?

     No, nosotros, la Iglesia, como la Samaritana, nos ha de hacer vivir ese encuentro con Jesús por medio de una catequesis continua, algo de lo que nos hemos de dar cuenta cuando intentemos enseñar lo que no sabemos.

     Feliz Domingo de “La Samaritana”. Ojalá nos demos cuenta que Jesús nos sale al camino y nos pide de beber, de beber todo lo que somos, nuestra alma, nuestra vida, nuestra personalidad, que eso es lo que le pidió a una pobre mujer ignorante y pecadora.

       La Madre de la Misericordia nos lleve de su mano.

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Fotos de Rafa Blesa

Saludos, amigos. Miguel Mira

divendres, 27 de febrer del 2026

EN EL TABOR

 

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

La transfiguración         

 

    El texto  a comentar de este domingo es el siguiente:

            Evangelio  de San Mateo 17, 1-9.

            “Seis días después, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte a un monte alto.
            Y se transfiguró delante de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
            En esto se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
            Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
“Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
            Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
“Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco; escuchadlo”.
            Al oírlo, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de miedo.
            Jesús se acercó, los tocó y les dijo:

            “Levantaos, no tengáis miedo.”

            Alzaron los ojos, y no vieron a nadie más que a Jesús solo.

            Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”

 

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

   Este Evangelio tiene connotaciones bautismales. Los catecúmenos que serán bautizados la noche de Pascua esperan descubrir a Jesús resucitado. Se les presenta la Transfiguración, las enseñanzas del Antiguo Testamento, la Ley y la Profecía y la voz del Padre, como en el bautismo del Jordán, que repite y propone a Jesús como “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Ese es el fin del camino de lo que buscan los nuevos cristianos, ese es el camino de quienes queremos llegar al final del camino cuaresmal.

     En el Padrenuestro pedimos a Dios que nos libre de las tentaciones, una traducción del griego cuya realidad es pedir que “nos ayude en las pruebas” que a diario tenemos en el camino de la vida.

      No es un tiempo exclusivo de grandes sacrificios, a cada día le son suficientes los que hemos de tener; lo que hemos de practicar, para que se haga virtud, es lo que nos dice “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt.9:13).

      Lo más importante de este evangelio, además de la Teofanía,  es lo que sigue, “Señor qué bien se está aquí”, esa expresión la hemos arrastrado a lo largo de la historia, y en la actualidad más, “haremos tres tiendas”, nos quedaremos contemplando el misterio, con esto tenemos bastante. Ese es el gran peligro, hacernos una religión a la medida, una religión cómoda, de normas concretas; a la pregunta del joven rico “Maestro, ¿Que he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? Cumplir los mandamientos, le responde Jesús, al joven le parece poco, y Jesús el interpela: “vende lo que tienes”, “vente conmigo…”, y ya sabemos cómo queda el Joven. (Mt. 19, 16-30). En realidad, busca solución concreta para salvarse, una religión salvadora de esas que aparecen en estos tiempos tan prácticos, en que lo malo son los animadores que prometen la salvación a partir de una respuesta distinta de la de Jesús, el “vente conmigo” es el de endiosar y venerar al fundador, el crear guetos cerrados donde crecen los secretismos.

     Jesús, ante la propuesta de Pedro, no responde nada, como hoy tampoco dirá nada a quienes “hacen tres tiendas”. Jesús ya dijo “por sus obras los conoceréis” y, como a los Apóstoles, nos dirá “no temáis”.

     Queda despejar una advertencia a los tres Apóstoles de “No contar a nadie la visión” hasta después de la Resurrección. Los biblistas nos dicen que evitemos interpretaciones políticas, el pueblo espera un Mesías y proclamarlo Rey e interrumpir el plan de salvación. La verdadera gloria de Jesús se manifiesta plenamente a través de su muerte y su Resurrección, que es lo que significa la visión. En realidad la visión es una experiencia personal necesaria para fortalecer la fe de estos tres Apóstoles en momentos de crisis, y que les sirva de apoyo en tiempo de dificultad.

    Para mantenernos nosotros en una fe convertida en vida con Jesús, hoy también nos dice como al Joven rico: “vende lo que tienes y dalo a los pobres”, que significa: despréndete de todo lo que te ata y esclaviza, de todo lo que no te permite hacer lo que quieres, seguirme; de todo lo que no te permite ser libre y únete al “Padre de las bienaventuranzas”, sin desatender tu vocación primera de padre, madre o aquello que escogiste para ser fiel al “Padre nuestro que está en el cielo”.

    Ya estamos bautizados, pero ese bautismo lo hemos de actualizar todos los días, pues se nos consagró como sacerdotes, reyes y profetas. Esa realidad la ignoramos muchas veces dejando de hacer lo que tenemos obligación de vivir junto a quien celebraremos como Sacerdote, Rey y Profeta la noche de Pascua,  cuando todos manifestemos nuestra fe no con los labios sino con el corazón

    Feliz segundo Domingo de Cuaresma, paso a paso, y con gran alegría por oír a Dios Padre quién es su Hijo muy amado a quien hemos de escuchar. 

 


Santa María del Buen Consejo nos tome de su mano.

***

Hasta la próxima, os saluda Miguel Mira

 

 

dijous, 26 de febrer del 2026

PRIMERA MISA ESTACIONAL

 

            ES ÉSTE UN TIEMPO ESPECIAL

            Y por ello, vamos a disponer de unas reseñas de los distintos actos que ha programado la Hermandad de Cofradías, sin perjuicio de que sigamos ofreciéndoles el habitual comentario semanal al Evangelio de cada domingo.

            Así pues, después del concierto Solidario ya reseñado anteriormente, vamos a comenzar con:

La Primera Misa Estacional

            Completo el aforo en el templo parroquial de los Santos Juanes, fue concelebrada la Santa Misa presidida por el Párroco Rvdo. D. Raul Jiménez, por los otros tres párrocos de esta ciudad y por los vicarios de Santa María de la Asunción y de Ntra. Señora de la Merced y Santa Tecla. Les asistió el diácono permanente de la Colegiata. Naturalmente, animó la Misa el coro parroquial, mejor en mayúsculas “EL CORO PARROQUIAL”

 


 y fue apreciable a primera vista el perfecto trabajo organizativo de los grupos parroquiales. Hubo calor, no solo por las estufas repartidas estratégicamente por  las capillas laterales (algo de frío climatológico sí que lo hizo), pero el calor humano prevaleció durante todo el acto, que comenzó con la lectura de esta monición que transcribo por su intenso contenido.

 

BIENVENIDO SEA QUIEN A SU HOGAR VIENE

La Parroquia de los Santos Juanes de Xàtiva es hoy, y siempre, vuestra casa. Hoy es un día grande. Un día solemne en el que tenemos la inmensa alegría de ser anfitriones de las parroquias de nuestra ciudad de Xàtiva. En esta Misa Estacional vamos a dar testimonio de uno de los mayores valores de nuestra comunidad: la UNIDAD DE NUESTRA IGLESIA. Enfermedad. Dolor. Guerra. Conflicto. Crispación. Intolerancia. Delito. Polarización. Bulos. Falsedad. Odio. ¿ACASO DIOS NO EXISTE?

            Nuestra debilidad humana nos puede llevar puntualmente a hacernos esta pregunta. Como cristianos, sabemos la respuesta. No obstante, nos empeñamos demasiadas veces en hacer oídos sordos a la PALABRA DE DIOS. DIOS ESTÁ AQUÍ. Y en cada Eucaristía se hace presente. Con las MISAS ESTACIONALES, rememoramos las antiguas estaciones cuaresmales de los cristianos del siglo II, en las que montaban guardia espiritual para velar en oración. Con el tiempo, en la Iglesia de Roma, el Papa —que no tenía iglesia propia— salía en procesión desde el Palacio de Letrán hasta el templo señalado, indicando así que la Cuaresma es camino, es peregrinación hacia Dios. Como aquellos primeros cristianos, comenzamos este tiempo reafirmando el sentido de comunidad. Somos diferentes parroquias, grupos y realidades, pero caminamos juntos como signos de esperanza en medio del mundo, unidos en una misma fe y en una misma misión.

            Nuestro párroco, D. Raúl Jiménez, nos recuerda a menudo la importancia de vivir una auténtica pastoral de renovación en nuestras comunidades, sostenida sobre tres pilares fundamentales: PALABRA, LITURGIA Y CARIDAD.

            Permanezcamos atentos hoy a la PALABRA DE DIOS. El Evangelio de hoy nos recordará el maravilloso mensaje que Jesús nos dio. También nosotros podríamos caer en la tentación de pedir señales extraordinarias, de dudar. Pero la gran señal ya nos ha sido dada: Cristo mismo, su Palabra viva que llama a la conversión. Hoy, en esta asamblea, el Señor nos invita no solo a escuchar, sino a convertir el corazón y a renovar nuestras comunidades.

            Ese corazón palpitará y brillará especialmente con la Caridad. “Dar hasta que nos duela”, recordaba a diario Santa Teresa de Calcuta. Entregarnos a los demás. Ese es el rostro concreto del amor de Cristo, que se hace servicio en Cáritas, Manos Unidas, la pastoral del enfermo y en cada gesto silencioso de entrega a los más necesitados.

            Palabra, Liturgia y Caridad: dimensiones inseparables de una Iglesia viva. Todos y todas somos Iglesia, sin distinciones. Diferentes comunidades que caminan juntas como signos de esperanza en torno a Jesús.

            Con espíritu de conversión, con deseo sincero de renovación y con la alegría de sabernos comunidad, nos ponemos en pie para comenzar esta celebración, siguiendo al Señor que nos llama a caminar juntos hacia la Pascua.”

***

 Si les digo la verdad, creo que bastaría con transcribir literalmente la preciosa monición de entrada y ya sería innecesaria una mayor extensión de mis puntuales referencias; pero debo reseñar la ajustada, sencilla, precisa, sentida y elocuente homilía del vicario de La Merced, Rvdo. D. Bruno Igor Oliveira.

  Trató primero el tema propio del Evangelio, resaltando la actitud de la inmensa población de Nínive ante la predicación de Jonás, cuando todas sus gentes, arrepentidas, se impusieron el ayuno y vistieron rudo sayal. Así, el padre Bruno nos hizo pensar en cual debería ser nuestro propio rudo sayal. La segunda parte de su prédica comenzó por asegurar que una parroquia en la que todo lo hace el cura es todo menos una parroquia, e incidió en las tres particularidades por las que se distingue cuándo se es PARROQUIA; y señaló sus tres pilares: LITURGIA, COMPROMISO y SERVICIO. Concluyó afirmando que la liturgia es el lazo que une al conjunto de la comunidad, pero hizo hincapié en la necesidad de la implicación de cada cual en las tareas parroquiales por sencillas o insignificantes que parezcan. Notable la homilía. Diez minutos bien aprovechados. Al predicador brasileño se le entendió todo. Al finalizar, en la acción de gracias, se nos informó de que la Parroquia había decidido no entregar a los asistentes el tradicional recuerdo de la celebración, sino regalar un detalle para cada Parroquia, a fin de que lo pusieran al pie de Cristo crucificado. Se trata de un objeto artístico, que en esa acción de gracias se describió de este modo:     “Se trata de   un mensaje central y principal que reza “UNIDOS EN CRISTO” que queda enmarcado dentro de un círculo o anillo adornado con hojas de eucalipto. Dicho obsequio tiene un simbolismo muy claro...” “…el circulo, además de evocar la eternidad, la naturaleza infinita de Dios, la perfección divina y la santidad, nos conduce a reflejar, por un lado, la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y, por otro lado, la unidad de todos nosotros como Pueblo de Dios, primero como comunidad parroquial para trascender luego a comunidades mayores como la interparroquial de Xàtiva, y así sucesivamente hasta la unidad con la Iglesia Universal. Pero, además, al igual que los esposos el día de su boda se entregan una alianza como signo visible del compromiso que adquieren de ser “uno solo”, también este “gran anillo” simboliza lo mismo, nuestro compromiso de luchar por esa unidad que el Padre nos pide, y que a nivel de nuestra ciudad nos atañe tanto a los párrocos y demás sacerdotes, como a nosotros los feligreses”.

  “Asimismo, desde antiguo, las hojas de eucalipto se asocian y han sido comparadas con “el árbol de la vida”, debido a su capacidad para aliviar enfermedades y curar heridas; por eso, con ellas queremos reflejar nuestro deseo de purificar nuestras faltas y renovarnos en la unidad.

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            Agradezco sinceramente al amigo Rafa Blesa la aportación de textos y fotos, que  me han sido imprescindibles para redactar esta entrada.

            Vuestro, Miguel Mira