Así comenzaba lel poema que mereció la Flor Natural en los Juegos Florales de esta ciudad. Y el día de La Asunciòn escribo esta entrada, al término de la Novena a la mare de Deu de la Seu.
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MARE de Déu de la Sèu, MISERICORDIA!
Aquel clamor unánime del pueblo setabense obtuvo la gracia, y el lirio de María transmitió salud y esperanza a la acosada y dolorida sociedad sufriente por la peste en 1.600. Contaban también mis abuelos, que se lo oyeron decir a sus padres, que en otra ocasión (ya en el s. XIX) los afectados por el cólera eran tantos que al camposanto entraban a carretadas.
Gracias a Dios y a su santísima Madre, aquellos históricos episodios quedan ya lejos; no hace tanto, han sucedido otros, pero no podemos pararnos en comparaciones si hablamos de cuestiones higiénico-sanitarias. Como Ricardo de la Vega puso en boca de D. Hilarión, las ciencias han adelantado una barbaridad. Tampoco son ahora los tiempos de La Verbena de la Paloma por mucho que la música del maestro Bretón se recuerde y nos agrade. Pero quizá no debamos hablar de epidemias, más bien lo que parece envolvernos es un extraordinario número de plagas, de signos variados y, en general, secularizantes.
En verdad, al escribir esta entradilla para el blog estoy pensando en el novenario a la Virgen de la Seo. Ya comenté recientemente la indiferencia generalizada hacia el culto a nuestros Patrones, pero quizás olvide que comentarlo es como un clamor en el desierto, ya que este absentismo rampante no es nuevo. Hay unas cuantas personas que van a la procesión y el resto, a verla pasar… o a la disco. En cuanto a la novena, recuerdo que la costumbre era invitar a un predicador de campanillas para que pronunciara el sermón de la Misa. En los programas se decía: “el sermón estará a cargo de un elocuente orador sagrado”; y resulta que el tiempo no perdona y llegó un momento en que el bueno de D. Manuel Soler, cuando se acercaba este especial, socarrat y socarrador, agosto setabense decía con cierta irónica pesadumbre que no iba a invitar a ningún predicador para que “li parlara als bancs de la Sèu”. Y en esto es palpable la contradicción: el tiempo en Xàtiva se ha detenido. Cada día de la novena ha actuado, según ya viene siendo habitual, como ministro celebrante un sacerdote de la ciudad o bien un invitado que lo ha sido, que se ha encargado de pronunciar su homilía. Y cada día, estadísticamente, en conjunto, ha sido más o menos similar a los de 2025, 24, 23, 22… Pero también se ha de destacar que cada sacerdote ha predicado según su leal saber y entender, proponiendo la laudatio a la Virgen y dándonos pistas para nuestra vida interior. Anécdota: este año uno de los “sermones” no llegó a alcanzar los cinco minutos; lo bueno, si breve… (o bien hubo causa anímica excusable). De otra parte, también es cierto, en cuanto a los fieles, que cada día ves a las personas que han sufragado las intenciones particulares de la misa, algunas de cuyas personas ni estaban el día anterior ni volvieron el día después. Conclusión: la asistencia, muy irregular,. Destacaría la del último día por numerosa y la del día 12 por todo lo contrario. Ese miércoles, en el templo, el eclipse fue parcial pero significativo. Las vidrieras de la Colegiata se oscurecieron al cien por cien, pero dudo si fue por culpa de la luna o por la pena de ver lo vacíos –parcialmente- que estaban los bancos.
A nivel institucional, la estadística también resulta elocuente, porque se aprecia a simple vista cómo se ocupan o no los bancos reservados.
No sé de qué me quejo. Eclipse aparte, el “dejà vu” sería una de las conclusiones. Ni qué decir tiene la endémica carencia en la colegiata de organista y coro. Sé que es complicado darle solución. Quizás un día surja un mecenas que ayude a resolver esta importante carencia. De otra parte, llama la atención que cada uno de los párrocos que asumen la rectoría de la Colegial Basílica y Parroquia de Santa María, enfoca el novenario según el criterio que indudablemente piensa ser pastoralmente más idóneo y dejan aparte el secular texto de las oraciones y jaculatorias que se escribieron ad hoc en otro siglo y que, sin embargo, algunas personas mayores incluso se saben de memoria. Por supuesto que lo importante no es lo que podría verse como rutinario…, pero también son rutinarios otros cultos si éstos y aquellos no se expresan con el corazón, y a éste es al que mira la Santísima Virgen.
Se me ocurre pertinente invitaros a invocar la protección de la Mare de Déu de la Sèu, rezando aquellas jaculatorias:
Mar de dulzura inefable,
fuente de toda alegría;
alcanzad todo consuelo,
al que os dice “Ave María”
*
Aurora cuyos fulgores
el sol más radiante envía,
haz que sus rayos alumbren al que os dice “Ave Maria”
*
Rayo de amor encendido abrasad ni alma fría,
y llenad de vuestros clones al que os dice
“Ave Maria”
*
Iris hermoso del cielo,
que la tempestad desvía, preservad
de todo mal
al que os dice “Ave Maria”
*
Amparo del que en sus duelos en vuestra piedad confía,
cubrid con vuestro azul manto
al que os dice “Ave Maria” .
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(*) Después de cada jaculatoria se reza el Ave María.
Rezadlas, por favor, y pedid por la salud física y espiritual de todos nosotros y de cada uno de quienes nos lee.
Madre María: dadnos vuestra bendición.
Un fuerte abrazo, Miguel Mira




