dijous, 12 de febrer del 2026

"PERO YO OS DIGO..."

 

“LA MEDIDA DEL AMOR ES AMAR SIN MEDIDA” 

He querido comenzar con esta cita de San Agustín, esta entrada a la Semana VI del Tiempo Ordinario, en la que nuestro amigo y colaborador D. Joaquín Núñez no regala unas reflexiones que no tienen desperdicio. Leamos, pues, lo que interesa asumir como nuestro propio pensamiento:

 Comentario al Evangelio del Domingo VI, del ciclo A, Mateo 5, 17-37.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

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Quizá muchos crean que ya se ha terminado el Sermón de la Montaña; sin embargo, hoy comentaré, lo que para mí es la parte más importante, como he dicho varias veces. Los que oyen a Jesús se escandalizan y por eso Él dice: “no he venido a abolir la Ley (Mosaica, la del Sinaí, lo más sagrado para los judíos) y los profetas: No he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Jesús lo deja claro, pero creo que no solo los judíos no lo entendieron, pienso que nosotros lo leemos sin saber su radical importancia: el centro del Evangelio, la llave del cielo.

    “Os lo aseguro: si no sois mejores que los escribas y fariseos (que cumplen la Ley y la hacen cumplir) no entraréis en el reino de los cielos.      Pero quien los cumpla y enseñe (Sal y Luz) será grande en el reino de los cielos.  Habéis oído que se dijo (la Ley del Sinaí), pero Yo os digo…”

   Repito lo ya dicho en otro comentario: dos montes, Sinaí y el de las Bienaventuranzas, la voz de Dios (Éxodo, 24, 27-34,) quien se define como “Yo soy el que soy”; y Jesús, cuando nos explica cómo se hace realidad el cumplimiento de la Ley, afirma: “Pero Yo os digo…”. Vemos el “Yo soy” de Dios Padre y el “Yo os digo” de Jesús con autoridad divina.

    ¿Cómo hay que leer los Diez Mandamientos en la Iglesia del Jesús resucitado? Con el lenguaje sencillo de Jesús, pero con una finura de espíritu y una disposición a vivir de manera radical el amor y la misericordia. En esta sociedad descreída estos principios parecen utópicos o incluso débiles. Debemos proponerlos porque son la esencia del mensaje de Jesús y ofrecen un camino hacia la verdadera felicidad, incluso para los no creyentes. Estos mandamientos son un faro que ilumina la oscuridad y ofrece una alternativa a la lógica del poder y la violencia. Son una oferta a vivir de manera diferente, con compasión, misericordia y amor; lenguaje extraño en esta sociedad competitiva y egoísta y con afán de poder, o todo lo contrario, una vacuidad inconsistente en la que nadie ni nada vale la pena, solo interesa su capricho. Hoy la lógica del más fuerte y la violencia solo generan más violencia y destrucción; sin embargo, Jesús ofrece un mundo más justo y pacífico donde no cabe ni la mentira ni la violencia más pequeña, ni la menor sospecha de fraude tan presente entre nosotros.

    Defendemos a voz en grito “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano” que ignoramos y olvidamos, desde que la Asamblea Constituyente francesa, en nombre de La Razón, negando la Religión, proclama unos derechos que ni ellos cumplieron y se conculcan todos los días. Para nosotros cristianos no nos sirven, porque Jesús nos enseñó un camino para “pescar”, para  “salvar” a una sociedad que no vive el derecho que se concede a sí misma, pero no cumple. El “pero Yo os digo” de Jesús va más allá de los derechos y las leyes, y nos habla de un amor y una justicia que superan la mera legalidad. El mensaje de Jesús nos invita a un nivel más profundo de relación con Dios y con los demás, un nivel de amor y compasión que no se limita a la justicia legal, sino que busca la justicia del corazón que desborda de generosidad; diremos con San Agustín “la medida del amor es amar sin medida”.

     Feliz Domingo os deseo a, vosotros que queréis superar las leyes humanas y prestar atención a lo que Jesús nos dice: “Yo os digo: no matar, no mentir…”, llevado a sus últimas consecuencias: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

        Que la Madre del Amor Hermoso nos enseñe a amar.

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Saludos cordiales, Miguel Mira

Nota.- Quiero hacer constar que con expreso permiso de D. Joaquín Núñez, hay alguna leve corrección de estilo sobre el texto original, y ha sido pasado por el corrector. Reitero el saludo,  Miguel Mira 

 

 

dimecres, 4 de febrer del 2026

SAL TERRAE ET LUX MUNDI...

 

Comentario al Evangelio del Domingo V del ciclo A, Mateo 5, 13-16.

 

TEXTO:

 

            “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».

 

            D. Joaquín Núñez, como cada semana, nos hace reflexionar, y comenta:

 

      Es evidente que la liturgia no deja de lado el Sermón de la Montaña, y para mí gusto subraya hoy un tema fundamental:  “Vosotros sois la sal de la tierra” y “Vosotros sois la luz del mundo”. Ocupa un lugar entre las bienaventuranzas y la nueva riqueza de los mandamientos tal como los enseña Jesús en los versículos 13 y 14 del famoso capitulo quinto de San Mateo que estamos comentando.

    Sal y Luz son dos palabras simbólicas de una gran riqueza. La Sal, en este caso, indica la salud, y la Luz, la inteligencia de la enseñanza de la doctrina del Maestro.

    Partiendo de Sal y Luz, que son dos palabras simbólicas y que Jesús utilizó para describirles a sus discípulos cómo la Sal es la que va a preservar y proteger la verdad y la enseñanza de Jesús. Y no solo evitando la corrupción o decadencia de sus enseñanzas o la vida de la Iglesia, sino algo muy importante como es dar sabor y sentido a la vida, y de ser maestros de una vida llena de la alegría de los hijos de Dios. La Sal nos recuerda que la verdad debe vivirse con amor y compasión, no solo  basta con ser proclamada. Y la Luz sin Sal puede convertirse en orgullo y división, mientras que la Sal sin Luz pierde su sabor y su gusto. Cuántas veces queremos iluminar sin gracia, salvando dogmas incomprensible e inoportunamente, cuando se necesita ternura y cercanía para estar cercanos de quien nos necesita como Sal.

            Sal y Luz se hacen urgentes hoy como siempre, ya que su falta ilustra la historia de las herejías. La luminosidad de algunas verdades ofusca la razón de los inteligentes, ayer y hoy. Reformadores o innovadores, creadores de nuevas espiritualidades, hoy en movimientos de unos grupos juveniles o no tanto, todos tenemos en mente algunos. Algunos se justifican recurriendo a los fundadores de órdenes religiosas, que fueron respuesta cristiana a necesidades sociales, fueron Sal necesaria en un tiempo en que era imperscindible saber para enseñar a los ignorantes, como eran necesarios hospitales para curar enfermos, hospederías para atender a los abandonados con puertas abiertas a quien quisiera ser atendido, sin ninguna intención proselitista, sino entrega generosa y caritativa, la Sal por delante, después vendrá la Luz. La herejía se produce por el orgullo y soberbia del que se aferra a su verdad aunque rompa la unidad. Creyéndose él ser la verdad, sustituye  la Verdad que es Jesús, ocupa su sitio. Miedo me dan esos movimientos que dan culto a su animador, que no es ni Sal ni Luz válida para todos, llenos de soberbia revestidos de humildad; soberbia y falsa humildad asumida también por sus seguidores.

     En la Iglesia tenemos un adagio que dice “Ecclesia semper reformanda”, lo que es lo mismo a “La Iglesia en continua reforma”, siempre atenta a que no se cuelen formas o verdades contrarias al Evangelio o interpretaciones ajenas a la intención de cómo lo dijo e hizo Jesús. En otro lugar dijo: “es inevitable que haya escándalos, pero, ¡Ay de aquel que los ocasiona!. Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo precipitaran al mar” (Lc. 17,1-6). El escandaloso siembra tinieblas y equivoca el camino, pero el que ilumina y limpia el camino alegra con sus buenas obras y con los que ha iluminado alaban al Dios que está en los cielos (La Sal).

      Feliz Domingo de la Sal y la Luz, sal y luz que hemos de ser todos los que nos llamamos cristianos. Ser Sal de la alegría y ser Luz que ilumina el camino hacia la verdad que es Jesús.

 SANTA MARIA DEL CAMINO (Ven con nosotros a caminar Santa ...

 María del Camino nos lleve de su mano.

   

dimecres, 28 de gener del 2026

LAS BIENAVENTURANZAS

 El sermón de la montaña

 

            Saludos, amigos lectores. Semana tras semana, podemos detenernos unos momentos para gozar de las enseñanzas de Jesús. Hoy son las Bienaventuranzas el objeto del comentario de nuestro buen amigo y colaborador D. Joaquín Núñez Morant sobre el texto en este Domingo IV del Tiempo Ordinario, tomado del Evangelio de San Mateo, Cap. 5, 1-12 a; y en él leemos: 

            “Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

            «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. 

Comentario 

            Este fragmento del evangelio de San Mateo siempre me ha hecho pensar; desde que en un cursillo de Sagrada Escritura, sobre “Macariología”, que es el estudio de las Bienaventuranzas, el profesor nos hizo notar que le primera bienaventuranza “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, está en presente, mientras que las demás bienaventuranzas están en futuro “serán consolados”. Luego la suma de todas las bienaventuranzas son la pobreza espiritual, son la descripción de lo que significa pobre de espíritu. Todas ellas son formas de “pobreza” que nos hacen depender de Dios y nos abren la puerta al Reino de los Cielos.

     El “Pobre” es Cristo mismo y las bienaventuranzas son una llamada a imitarlo. Nos llama a seguirlo en esa “pobreza”, en el sentido de la entrega total a Dios y a los demás.

     El “Sermón de la Montaña” es como un nuevo Sinaí, donde Jesús, el nuevo Moisés, da una nueva Ley, no para anular la antigua, sino para llevarla a plenitud: “se os dijo…, pero yo os digo” es como un eco de la autoridad divina de Jesús, que viene a revelar el verdadero sentido de la Ley. Jesús toma los mandamientos del Sinaí y los radicaliza, llevándolos a un nivel más profundo. No se trata de vivir la letra, sino de vivirla desde el corazón.

     Las bienaventuranzas son como el pórtico del Sermón de la Montaña, pero el núcleo, el corazón del sermón, está en lo que sigue: “Sabéis que se dijo…, pero yo os digo”. Todas ellas las encontramos en citas del Antiguo Testamento; la originalidad de Jesús es concentrarlas en el “pobre” de la primera que las condensa todas. Esa pobreza es tan rica que tiene muchos aspectos: pobreza de poder, de dinero, de sabiduría y de todo aquello que se ambiciona en la vida, sin lo cual uno no es nadie. Sin embargo, hay otra pobreza. San Agustín explica cuál es la pobreza espiritual, o en el espirito, o escogida como bien absoluto. Él refiere a la humildad, a la total dependencia de Dios. Lo más importante de la pobreza es una actitud del corazón. Es un poner las cosas materiales en su sitio y desapegarnos de aquello que nos posee y domina para ser ricos de Dios. Ricos de Dios es estar en relación con Él y vivir su propia vida. En las “Confesiones” afirma que esta pobreza es el camino hacia la verdadera libertad y la felicidad; en ella, somos señores de las cosas y no esclavos de éstas.

    Con esa libertad nos hemos de acercar a lo que Jesús no dice: “Sabéis que se dijo…, pero Yo os digo”. El que no es libre no puede dar respuesta a “Oísteis que se dijo a los antiguos: No matarás. (la Ley de Moisés) y cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero Yo os digo: que cualquiera que se enoje contra su hermano, será condenado por el tribunal; y el que llame “imbécil” a su hermano será condenado por el sanedrín; y el que le diga “necio” será condenado al infierno de fuego. (Mt. 5).” Aquí, Jesús enseña una finura de espíritu, una pobreza espiritual que no puede sentir, mejor, es incapaz de sentir odio o desprecio hacia los demás, sino que es algo tan grave como el asesinato. Jesús nos llama a vivir con una finura de espíritu, con corazón puro y una actitud de amor y respeto hacia los demás.

             Jesús con gozo nos dice: “Así seréis sal de la tierra” “Seréis Luz del mundo”, “Así debe brillar ante los ojos de los hombres, que vean vuestras buenas obras y así alaben al Padre que está en los cielos”. (Concluye Mt 5,13-16). Resumiendo con dos palabras: Vencer nuestro ego y tener los mismos sentimientos de Cristo. (Flp.2,5-8).

            Feliz Domingo cuarto del tiempo ordinario. Como veis, estamos entrando poco a poco en el Evangelio de Mateo, se nos conduce desde la elección para ser “pescadores”, salvadores, y hoy se nos convoca a cómo ser Sal y Luz en la Tierra.

Advocaciones Marianas Agustinas - Agustinos Perú

 Que la Virgen del Buen Consejo nos acompañe.

Joaquín Núñez Morant