“LA MEDIDA DEL AMOR ES AMAR SIN MEDIDA”
He querido comenzar con esta cita de San Agustín, esta entrada a la Semana VI del Tiempo Ordinario, en la que nuestro amigo y colaborador D. Joaquín Núñez no regala unas reflexiones que no tienen desperdicio. Leamos, pues, lo que interesa asumir como nuestro propio pensamiento:
Comentario al Evangelio del Domingo VI, del ciclo A, Mateo 5, 17-37.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
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Quizá muchos crean que ya se ha terminado el Sermón de la Montaña; sin embargo, hoy comentaré, lo que para mí es la parte más importante, como he dicho varias veces. Los que oyen a Jesús se escandalizan y por eso Él dice: “no he venido a abolir la Ley (Mosaica, la del Sinaí, lo más sagrado para los judíos) y los profetas: No he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Jesús lo deja claro, pero creo que no solo los judíos no lo entendieron, pienso que nosotros lo leemos sin saber su radical importancia: el centro del Evangelio, la llave del cielo.
“Os lo aseguro: si no sois mejores que los escribas y fariseos (que cumplen la Ley y la hacen cumplir) no entraréis en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe (Sal y Luz) será grande en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo (la Ley del Sinaí), pero Yo os digo…”
Repito lo ya dicho en otro comentario: dos montes, Sinaí y el de las Bienaventuranzas, la voz de Dios (Éxodo, 24, 27-34,) quien se define como “Yo soy el que soy”; y Jesús, cuando nos explica cómo se hace realidad el cumplimiento de la Ley, afirma: “Pero Yo os digo…”. Vemos el “Yo soy” de Dios Padre y el “Yo os digo” de Jesús con autoridad divina.
¿Cómo hay que leer los Diez Mandamientos en la Iglesia del Jesús resucitado? Con el lenguaje sencillo de Jesús, pero con una finura de espíritu y una disposición a vivir de manera radical el amor y la misericordia. En esta sociedad descreída estos principios parecen utópicos o incluso débiles. Debemos proponerlos porque son la esencia del mensaje de Jesús y ofrecen un camino hacia la verdadera felicidad, incluso para los no creyentes. Estos mandamientos son un faro que ilumina la oscuridad y ofrece una alternativa a la lógica del poder y la violencia. Son una oferta a vivir de manera diferente, con compasión, misericordia y amor; lenguaje extraño en esta sociedad competitiva y egoísta y con afán de poder, o todo lo contrario, una vacuidad inconsistente en la que nadie ni nada vale la pena, solo interesa su capricho. Hoy la lógica del más fuerte y la violencia solo generan más violencia y destrucción; sin embargo, Jesús ofrece un mundo más justo y pacífico donde no cabe ni la mentira ni la violencia más pequeña, ni la menor sospecha de fraude tan presente entre nosotros.
Defendemos a voz en grito “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano” que ignoramos y olvidamos, desde que la Asamblea Constituyente francesa, en nombre de La Razón, negando la Religión, proclama unos derechos que ni ellos cumplieron y se conculcan todos los días. Para nosotros cristianos no nos sirven, porque Jesús nos enseñó un camino para “pescar”, para “salvar” a una sociedad que no vive el derecho que se concede a sí misma, pero no cumple. El “pero Yo os digo” de Jesús va más allá de los derechos y las leyes, y nos habla de un amor y una justicia que superan la mera legalidad. El mensaje de Jesús nos invita a un nivel más profundo de relación con Dios y con los demás, un nivel de amor y compasión que no se limita a la justicia legal, sino que busca la justicia del corazón que desborda de generosidad; diremos con San Agustín “la medida del amor es amar sin medida”.
Feliz Domingo os deseo a, vosotros que queréis superar las leyes humanas y prestar atención a lo que Jesús nos dice: “Yo os digo: no matar, no mentir…”, llevado a sus últimas consecuencias: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.
Que la Madre del Amor Hermoso nos enseñe a amar.
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Saludos cordiales, Miguel Mira
Nota.- Quiero hacer constar que con expreso permiso de D. Joaquín Núñez, hay alguna leve corrección de estilo sobre el texto original, y ha sido pasado por el corrector. Reitero el saludo, Miguel Mira

