dijous, 26 de febrer del 2026

PRIMERA MISA ESTACIONAL

 

            ES ÉSTE UN TIEMPO ESPECIAL

            Y por ello, vamos a disponer de unas reseñas de los distintos actos que ha programado la Hermandad de Cofradías, sin perjuicio de que sigamos ofreciéndoles el habitual comentario semanal al Evangelio de cada domingo.

            Así pues, después del concierto Solidario ya reseñado anteriormente, vamos a comenzar con:

La Primera Misa Estacional

            Completo el aforo en el templo parroquial de los Santos Juanes, fue concelebrada la Santa Misa presidida por el Párroco Rvdo. D. Raul Jiménez, por los otros tres párrocos de esta ciudad y por los vicarios de Santa María de la Asunción y de Ntra. Señora de la Merced y Santa Tecla. Les asistió el diácono permanente de la Colegiata. Naturalmente, animó la Misa el coro parroquial, mejor en mayúsculas “EL CORO PARROQUIAL”

 


 y fue apreciable a primera vista el perfecto trabajo organizativo de los grupos parroquiales. Hubo calor, no solo por las estufas repartidas estratégicamente por  las capillas laterales (algo de frío climatológico sí que lo hizo), pero el calor humano prevaleció durante todo el acto, que comenzó con la lectura de esta monición que transcribo por su intenso contenido.

 

BIENVENIDO SEA QUIEN A SU HOGAR VIENE

La Parroquia de los Santos Juanes de Xàtiva es hoy, y siempre, vuestra casa. Hoy es un día grande. Un día solemne en el que tenemos la inmensa alegría de ser anfitriones de las parroquias de nuestra ciudad de Xàtiva. En esta Misa Estacional vamos a dar testimonio de uno de los mayores valores de nuestra comunidad: la UNIDAD DE NUESTRA IGLESIA. Enfermedad. Dolor. Guerra. Conflicto. Crispación. Intolerancia. Delito. Polarización. Bulos. Falsedad. Odio. ¿ACASO DIOS NO EXISTE?

            Nuestra debilidad humana nos puede llevar puntualmente a hacernos esta pregunta. Como cristianos, sabemos la respuesta. No obstante, nos empeñamos demasiadas veces en hacer oídos sordos a la PALABRA DE DIOS. DIOS ESTÁ AQUÍ. Y en cada Eucaristía se hace presente. Con las MISAS ESTACIONALES, rememoramos las antiguas estaciones cuaresmales de los cristianos del siglo II, en las que montaban guardia espiritual para velar en oración. Con el tiempo, en la Iglesia de Roma, el Papa —que no tenía iglesia propia— salía en procesión desde el Palacio de Letrán hasta el templo señalado, indicando así que la Cuaresma es camino, es peregrinación hacia Dios. Como aquellos primeros cristianos, comenzamos este tiempo reafirmando el sentido de comunidad. Somos diferentes parroquias, grupos y realidades, pero caminamos juntos como signos de esperanza en medio del mundo, unidos en una misma fe y en una misma misión.

            Nuestro párroco, D. Raúl Jiménez, nos recuerda a menudo la importancia de vivir una auténtica pastoral de renovación en nuestras comunidades, sostenida sobre tres pilares fundamentales: PALABRA, LITURGIA Y CARIDAD.

            Permanezcamos atentos hoy a la PALABRA DE DIOS. El Evangelio de hoy nos recordará el maravilloso mensaje que Jesús nos dio. También nosotros podríamos caer en la tentación de pedir señales extraordinarias, de dudar. Pero la gran señal ya nos ha sido dada: Cristo mismo, su Palabra viva que llama a la conversión. Hoy, en esta asamblea, el Señor nos invita no solo a escuchar, sino a convertir el corazón y a renovar nuestras comunidades.

            Ese corazón palpitará y brillará especialmente con la Caridad. “Dar hasta que nos duela”, recordaba a diario Santa Teresa de Calcuta. Entregarnos a los demás. Ese es el rostro concreto del amor de Cristo, que se hace servicio en Cáritas, Manos Unidas, la pastoral del enfermo y en cada gesto silencioso de entrega a los más necesitados.

            Palabra, Liturgia y Caridad: dimensiones inseparables de una Iglesia viva. Todos y todas somos Iglesia, sin distinciones. Diferentes comunidades que caminan juntas como signos de esperanza en torno a Jesús.

            Con espíritu de conversión, con deseo sincero de renovación y con la alegría de sabernos comunidad, nos ponemos en pie para comenzar esta celebración, siguiendo al Señor que nos llama a caminar juntos hacia la Pascua.”

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 Si les digo la verdad, creo que bastaría con transcribir literalmente la preciosa monición de entrada y ya sería innecesaria una mayor extensión de mis puntuales referencias; pero debo reseñar la ajustada, sencilla, precisa, sentida y elocuente homilía del vicario de La Merced, Rvdo. D. Bruno Igor Oliveira.

  Trató primero el tema propio del Evangelio, resaltando la actitud de la inmensa población de Nínive ante la predicación de Jonás, cuando todas sus gentes, arrepentidas, se impusieron el ayuno y vistieron rudo sayal. Así, el padre Bruno nos hizo pensar en cual debería ser nuestro propio rudo sayal. La segunda parte de su prédica comenzó por asegurar que una parroquia en la que todo lo hace el cura es todo menos una parroquia, e incidió en las tres particularidades por las que se distingue cuándo se es PARROQUIA; y señaló sus tres pilares: LITURGIA, COMPROMISO y SERVICIO. Concluyó afirmando que la liturgia es el lazo que une al conjunto de la comunidad, pero hizo hincapié en la necesidad de la implicación de cada cual en las tareas parroquiales por sencillas o insignificantes que parezcan. Notable la homilía. Diez minutos bien aprovechados. Al predicador brasileño se le entendió todo. Al finalizar, en la acción de gracias, se nos informó de que la Parroquia había decidido no entregar a los asistentes el tradicional recuerdo de la celebración, sino regalar un detalle para cada Parroquia, a fin de que lo pusieran al pie de Cristo crucificado. Se trata de un objeto artístico, que en esa acción de gracias se describió de este modo:     “Se trata de   un mensaje central y principal que reza “UNIDOS EN CRISTO” que queda enmarcado dentro de un círculo o anillo adornado con hojas de eucalipto. Dicho obsequio tiene un simbolismo muy claro...” “…el circulo, además de evocar la eternidad, la naturaleza infinita de Dios, la perfección divina y la santidad, nos conduce a reflejar, por un lado, la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y, por otro lado, la unidad de todos nosotros como Pueblo de Dios, primero como comunidad parroquial para trascender luego a comunidades mayores como la interparroquial de Xàtiva, y así sucesivamente hasta la unidad con la Iglesia Universal. Pero, además, al igual que los esposos el día de su boda se entregan una alianza como signo visible del compromiso que adquieren de ser “uno solo”, también este “gran anillo” simboliza lo mismo, nuestro compromiso de luchar por esa unidad que el Padre nos pide, y que a nivel de nuestra ciudad nos atañe tanto a los párrocos y demás sacerdotes, como a nosotros los feligreses”.

  “Asimismo, desde antiguo, las hojas de eucalipto se asocian y han sido comparadas con “el árbol de la vida”, debido a su capacidad para aliviar enfermedades y curar heridas; por eso, con ellas queremos reflejar nuestro deseo de purificar nuestras faltas y renovarnos en la unidad.

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            Agradezco sinceramente al amigo Rafa Blesa la aportación de textos y fotos, que  me han sido imprescindibles para redactar esta entrada.

            Vuestro, Miguel Mira

 

dimarts, 24 de febrer del 2026

EL CONCIERTO SOIDARIO

 

           

Hola, amigos:
Comenzamos ya las actividades de preparación para la próxima Semana Santa. Así, el domingo 22 de febrero se celebró el Concierto Solidario; el miércoles 25 asistiremos, en la parroquia de Los Santos Juanes, a la primera Misa Estacional; y el sábado 28 participaremos en el Retiro Espiritual en Sant Francesc.

Sin perjuicio de continuar ofreciendo semanalmente los comentarios de D. Joaquín Núñez al Evangelio del domingo, procuraré dejar en este blog una nota sucinta de aquellos actos a los que me sea posible acudir. Corresponde, pues, hablar del concierto del que pudimos gozar ayer, domingo 22.

En primer lugar, destacaré que tal vez influyera en la asistencia el cambio del horario previsto, ya que, aun siendo el número de asistentes ciertamente bueno, hubo algunos huecos en la platea. Quiero pensar, no obstante, que estarían vendidas todas las entradas y que el fin social pretendido habrá quedado cumplido en su integridad. El acto comenzó puntualmente a las doce de la mañana en el Gran Teatro, con las alocuciones concisas y pertinentes tanto del señor presidente de la Hermandad de Cofradías como de la representación municipal, asumida por la señora concejal del área cultural.

La Sociedad Artístico-Musical La Nova presentó un programa variado, pues no se ciñó exclusivamente a las marchas procesionales, sino que introdujo, para comenzar, la Pavana, de Gabriel Fauré (Op. 50, 1887). Es esta una pieza breve, elegante y melancólica, escrita originalmente para orquesta y coro opcional, con el lirismo y la sutileza armónica propios del estilo impresionista francés.

Escuchamos también el Ave verum corpus, compuesto por W. Amadeus Mozart en 1791, una breve pero profunda obra coral sacra que destaca por su sencillez, pureza, serenidad e íntima espiritualidad. La otra composición clásica interpretada fue el Canon en re mayor, de Johann Pachelbel, obra barroca célebre por su armonía repetitiva y su elegante sencillez y equilibrio.

No constaba en el programa el autor de las transcripciones para banda, pues ninguna de las tres composiciones fue escrita para este tipo de conjunto instrumental y, principalmente, el Ave verum requiere de la voz humana. He de ser sincero: la banda sonó bien y su afinación me pareció ajustada; pero me quedo con las interpretaciones orquestales o corales. Ello, aparte de que, sin quitarle mérito a la interpretación, salvo la segunda obra citada, no era música sacra.

Dicho lo cual, he de referirme a las marchas procesionales. Esas que, si bien los espectadores o los partícipes en las procesiones escuchamos emocionadamente cuando por nuestras calles se forman los cortejos representativos de la Pasión del Señor —hasta que esa música tan nuestra nos provoca sensaciones indescriptibles—, al músico, en concierto, sin las apreturas inevitables, le deben de producir una enorme satisfacción y una serenidad de ánimo al poder disfrutar de una música que es historia viva de una Semana Santa tan nuestra.

En esta ocasión, nos trasladamos primero a la tradición andaluza y a la dramaturgia procesional con La Madrugá, de Abel Moreno, para seguir con Mektub (“Estaba escrito”), insustituible en nuestra tradición local, marcha compuesta por Mariano Sanmiguel. Después, la solemne y, en momentos,  desgarradora El Cristo del Cachorro. Ya lo dije en años anteriores: esta marcha, escrita por el clarinetista de La Nova Rafael Sanz Mayor, fue estrenada por esta banda, siendo yo presidente de la sociedad musical y, a la vez, clavario de la Hermandad de Portadores de Jesús Nazareno, en 1999.

Cerró oficialmente el concierto Mater mea, de Ricardo Dorado, marcha emotiva donde las haya y también irrenunciable en los traslados y demás procesiones de nuestra Semana Mayor. Pero, claro, se nos ofreció un bis, según costumbre inveterada, y gozamos al oir El Santo Entierro, otra obra de Sanz Mayor, calurosamente aplaudido al ser llamado por el director, partitura al aire, para su satisfacción y la de todos quienes tuvimos la magnífica ocasión de cooperar al objetivo social y escuchar a nuestra Música Nova en el Gran Teatre de Xàtiva, en un caluroso domingo de febrero, en la apertura de unas celebraciones de secular arraigo y punto de apoyo de esa otra palanca que aviva nuestra fe cristiana y nuestro íntimo camino de la cruz a la resurrección.

Cordiales Saludos,


Miguel Mira

 

Notas:

1.- Mis comentarios en cuanto al repertorio del concierto no significan más que una opinión personal de este humilde melómano, lo que no es óbice para que, de modo expreso, dé las más efusivas gracias a músicos y director por el trabajo realizado y, cómo no, a la generosa disponibilidad de este colectivo de mis entretelas. Ustedes me conocen y saben que La Nova es un trozo irrenunciable de mi vida. ¡Enhorabuena!

2.- Verán cómo en la foto que aparece en la cabecera solo se ve media escena. No he conseguido saber por qué, dado que en la plantilla del artículo está entera, tal como me la pasó el amigo Julio Bellver, al que agradezco su amabilidad. Puede que se deba a la configuración de la página publicable. De todos modos, la he dejado a manera de testimonio gráfico del acto.


 

 

 

 

 

dijous, 19 de febrer del 2026

"MEMENTO HOMO…"

 

            UNA PREVIA:

          Les prometo que a pesar de haber leído y publicado el comentario al Evangelio del Miércoles de Ceniza, este año se me ha venido encima casi sin darme cuenta. Pero ahí estamos; emprendemos el camino hacia la Pascua.

            Desde hace algunos años, aunque en la Colegiata ese rito se celebra en la Misa Conventual, a las diez de la mañana, también se impartía la ceniza en la Iglesia de San Francisco en la vespertina. El Sr. Abad, D. Camilo Bardisa, prefiere no hurtarle las solemnidades a la Iglesia Colegial y anunció que la celebración de la tarde sería, pues, en dicho templo. Aunque el sentir de algunos, yo entre ellos, de entrada pensamos que la asistencia sería mayor en San Francisco, por proximidad y (no lo niego) comodidad, debo reconocer que tal opinión no era acertada. En la Colegiata, ayer, a las siete de la tarde hubo un más que aceptable número de fieles, bendito sea Dios. Incluso pudimos apreciar la concurrencia de algunas familias con sus hijos pequeños. Es una alegría ver que hay algún motivo para el optimismo. Sin duda, Dios proveerá.

            Animada por el coro parroquial, la eucaristía fue concelebrada por el Sr. Abad con un canónigo y el vicario, asistidos por el diácono permanente de cuyo impecable servicio tenemos el privilegio de contar en esta Parroquia de Santa María. Fue gozoso comprobar la larga hilera de personas que se formó para recibir el sacramental así como la comunión. De la homilía de D. Camilo destacaré la idea de que estamos en un tiempo nada triste porque vamos en camino hacia la gran noche de Pascua; esperamos esa Resurrección que ha de animarnos a la conversión, a la reflexión interior, todo ello con una esperanza firme y el ánimo dispuesto a vivir como Jesús nos propone.

            En fin, me complace haber comprobado esa buena respuesta.

            De otro lado, me viene a la memoria aquella fórmula exhortatoria en el  momento de la imposición de la ceniza que pronunciaba el sacerdote antes del Vaticano II: “Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris.”
(“Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás.”), basada en Génesis 3,19.

            Sin embargo, después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el Misal Romano, promulgado por el papa Pablo VI en 1969, introdujo una segunda fórmula alternativa. Desde entonces, el celebrante puede elegir entre las dos, la tradicional “Memento, homo…" o la nueva “Conviértete y cree en el Evangelio.” (cf. Marcos 1,15), fórmula ésta que es la habitual en nuestro tiempo.

            Así pues, como se comentó en la “entrada” anterior de este blog, con San Pablo (Filipensses, 4,4), repito:

            “Estad alegres en el Señor; os lo repito ¡Estad alegres!”.

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Y ahora vayamos al Evangelio del

 

 

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2026

 

Evangelio según San Mateo, 4, 1-11.

TEXTO

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre.

            El tentador se le acercó y le dijo:

            —Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
            Pero él le contestó diciendo:

            —Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

            Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
            —Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
“Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.”

Jesús le dijo:

            —También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios.”

De nuevo el diablo lo llevó a un monte muy alto y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

            —Todo esto te daré si te postras y me adoras.

Entonces le dijo Jesús:

            —Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.”

            Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían.

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

     Todos los años, el primer Domingo de Cuaresma comienza con las mal llamadas “Tentaciones de Jesús en el desierto”. (Mt.4,1-11),  (Mc. 1, 12-13 ) y (Lc.4, 1-13). Este año es Mateo quien nos acompaña.

     Los evangelios no son una narración histórica, sino una gran catequesis, una verdad más real que nos muestra la Verdad misma que es Jesús.

     El desierto es el interior de cada uno, donde uno se encuentra, el silencio y la soledad donde uno se ve y analiza. Es un trabajo difícil y que el cristiano tiene que aprender, sí o sí, del que depende la capacidad de responderse a la pregunta de ¿quién soy yo? Una pregunta que a lo largo de una vida hemos de responder. Eso es lo que significa, en lenguaje bíblico, los Cuarenta opositores, días u horas, igual da.

     Las tres pruebas son las que Jesús supera y nos invita a superar día a día. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Nuestra relación con las cosas: “no sólo de pan vive el hombre”; con las riquezas y el poder: “no tentarás al Señor tu Dios”; o la relación con Dios: “Al señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” (el Becerro de Oro del desierto). 

     Al presentar a Jesús como modelo, nos invita a nosotros a afrontar nuestras propias pruebas. No olvidemos que el “tentador” somos nosotros mismos, con nuestras propias debilidades, deseos y miedos. Y al “asomarnos al mundo”, vemos que lo que mueve la historia son precisamente esas luchas internas y externas que afrontamos: el deseo de poder, la búsqueda de seguridad, la tentación de poner algo o a alguien por encima de Dios, ignorando a un Dios padre misericordioso y providente. Jesús se presenta como modelo de mansedumbre y humildad de corazón.

     Como catequesis, en los primeros siglos era un tiempo de preparación para los catecúmenos que se iban a bautizar la Noche de Pascua; un tiempo de formación y preparación para entrar en la comunidad cristiana. Es hermoso ver las catequesis que encontramos en distintas comunidades, pero la Iglesia ha ido acentuando más el aspecto penitencial, perdiendo la riqueza de valores teológicos. San Agustín es una fuente riquísima para entender la espiritualidad de la Cuaresma y la Pascua en los primeros siglos.  Sus Sermones y escritos nos ayudan a profundizar en el sentido de este tiempo litúrgico.

    Sus catequesis las encontramos a lo largo de su inmensa obra: Sermones 205-213, sobre la Cuaresma y la preparación de la Pascua. El Sermón 228 , sobre la Vigilia de Pascua y el “Tratado sobre el Evangelio de Juan”, no dudemos que es una gran síntesis de qué es lo más importante para el principio del siglo V. “La Cuaresma es un tiempo de purificación y de conversión… para que lleguemos a la fiesta de la Pascua con un corazón renovado.” (Sermón 205). “Un tiempo para sacudir el polvo de nuestras almas, para limpiar nuestro corazón y prepáranos para la Pascua”. Nos invita a vivir este tiempo con autenticidad, convirtiéndonos, reconciliándonos y acercándonos más a Dios. Para San Agustín la conversión es un proceso continuo. Nos invita a vivir este tiempo de oración, ayuno y limosna, como caminos para acercarnos más a un Dios que nos ama.

    Leer a San Agustín, a quince siglos de distancia, es muy consolador; su estilo está lleno de una alegría esperanzada, sabiendo, por propia experiencia, la paciencia con la que Dios nos ama. Su estilo cuaresmal nos mueve a sabernos salvados, somos sus hijos amados. Quiere que seamos santos, Quiere que seamos libres siendo capaces de superar, como Jesús, las pruebas que tenemos en nuestro camino.

    Feliz primer Domingo de Cuaresma. Hemos de ser como San Agustín, con su misma alegría, con la seguridad de que Dios nos ama. “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y fuera te buscaba”. No busquemos fuera a Dios, lo tenemos dentro. 

Pueblos de CASTELLÓN y vecinos: Virgen de la Paciencia de Oropesa del Mar 

Que María de la Paciencia nos lleve de la mano.

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    Hasta pronto, si Dios quiere. Saludos, Miguel Mira