dijous, 12 de març del 2026

III ESTACIONAL y IV DOMINGO

 

Siguiendo el camino emprendido, hoy he de tratar de la

III Misa Estaciona y ofreceros el comentario al Evangelio del

IV domingo de Cuaresma

I

Tercera Misa Estacional

Miércoles 11 de marzo de 2026.



     Nuestro Padre Dios, en su antiquísima casa y ante el magnífico retablo de San Pedro y San Pablo, con el canto de la letanía de os Santos, nos acogió en esta celebración conjunta de los fieles de las cinco parroquias que peregrinamos en Xàtiva. Presentes todos los sacerdotes de  nuestras comunidades, llegaron en procesión, junto con el diácono, al pie de un altar ante cuyas gradas había sido sobriamente expuesto sobre un túmulo cubierto de lienzo morado el bello Cristo Yacente del Santo Sepulcro, que se venera en esta iglesia, joya de tanto siglo de fe que testimonian sus bien tallados muros y sus imágenes de la Inmaculada, de Santa Teresa y de San Isidro Labrador. Allí acudimos un significativo número de gentes de la ciudad con el celo de escuchar la palabra y celebrar la eucaristía.

    No puedo destacar cosas excepcionales. Tan solo una evidente familiaridad de quienes estuvieron atentos a que los demás se vieran acompañados y acomodados lo mejor posible. Animó la santa misa el coro parroquial, y la liturgia se desarrolló ante tan hermoso espacio con sobriedad y la sencillez que invita a concentrar tu atención, en particular a las lecturas y a la glosa del párroco, que presidió la concelebración.

    “¡Que bueno es que celebremos juntos esta eucaristía…! Así comenzó su predicación el Señor Cura, y repitió cómo es bueno cada acto de realizamos por el amor de Dios. En este amor del que siempre nos da  muestra nuestro Dios, para llegar a un final poético, pero ¡qué real! Recordó el primer verso de aquel conocido y expresivo soneto de Lope de Vega: “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? Cómo nos quiere el Señor, a pesar de  nuestros olvidos, nuestras caídas…Y Él sigue amándonos y jamás nos deja a un lado. Celebrándose, como se celebra el triduo al Santo Sepulcro, D. José nos invitó a rezar con un conocido salmo, el 129, “Desde lo hondo a tigrito, Señor…”, y la feligresía cantó el himno al Santísimo Sepulcro.

 

    D. Raul Jiménez nos advirtió que la próxima semana la Misa Estacional será el lunes en la Parroquia de La Merced, al ser víspera de San José el miércoles. Allí estaremos, si Dios quiere.

A la salida, se nos regaló una estampa conmemorativa.

II

Comentario al Evangelio del Domingo cuarto de Cuaresma,

denominado  “de Laetare” .

San Juan, 9, 1-41.

            “Y pasando Jesús, vio a un hombre ciego desde su nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

            Respondió Jesús: No pecó éste, ni sus padres; mas para que las obras de Dios se manifiesten en él, me conviene obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene cuando nadie puede obrar. Mientras que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
            Esto dicho, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo : Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y volvió viendo.
Entonces los vecinos y los que antes le habían visto que era ciego decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy.   Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve a la piscina de Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él?             Él dijo: No sé.   

   Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego. Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo y le había abierto los ojos.

            Volvieron pues a preguntarle también los fariseos de qué manera había recibido la vista. Y él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
            Entonces unos de los fariseos decían: Este hombre no es de Dios, pues no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Y había disensión entre ellos. Dicen otra vez al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.

            Mas los judíos no creían de él que había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista; y les preguntaron diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Respondiéronles sus padres y dijeron:

            Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; mas cómo vea ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
Esto dijeron sus padres porque tenían miedo de los judíos; porque ya los judíos habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Cristo, fuese expulsado de la sinagoga.

            Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
            Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

            Y le dijeron otra vez: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Les respondió: Ya os lo he dicho, y lo habéis oído; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros somos discípulos de Moisés.


            Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; mas éste no sabemos de dónde es.

            Respondió aquel hombre y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde es, y a mí me abrió los ojos.
            Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a éste oye. Desde el siglo no fue oído que abriese alguno los ojos a uno que nació ciego.

            Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
Respondieron y le dijeron: En pecados eres nacido todo tú, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

            Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Y díjole Jesús: Ya le has visto. El que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.

            Y dijo Jesús: Para esto he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.

            Y oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él, y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos?

             Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.”

***

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

             En este evangelio hay preguntas y respuestas y unos tiempos que van marcando el crecimiento en la fe. El ciego es una persona cualquiera, que le viene bien al evangelista para mostrarnos a quien no ve a Jesús, que no tiene fe. Aprovecha Jesús para borrar la enfermedad como una maldición divina, o algo que todavía queda entre nosotros al  buscar razones a nuestras adversidades, sin encontrar en nosotros culpa alguna. No hay ningún plan previo sobre nosotros, Dios no tiene ningún plan previo que limite nuestra libertad.

    “Yo soy la luz del mundo” y “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn.15:5). Ante el ciego, sin que él diga nada, Jesús con saliva hace barro, rememora el Génesis (2:7) “así el hombre se convirtió en un ser viviente”, así Jesús inicia un camino con el ciego- sin fe, “ve a lavarte a la piscina de Siloé”. El agua, en este fragmento evangélico nos recuerda el “dame de beber” ante la Samaritana. El agua es fundamental en este tiempo cuaresmal. El bautismo como colofón a las catequesis, a los catecúmenos y lo más importante, es conocimiento de Jesús.

            A la vuelta de Siloé, vemos cómo el ciego va, y al mismo tiempo, según va creciendo en ese conocimiento, se convierte en misionero.

    Esta parábola, en la que se recrea San Juan, nos muestra claramente cómo el Bautismo debería ser un camino que todos debemos recorrer, para “ver” progresivamente a Jesús. Cómo la fe no es un “Creo” sin más. Los fariseos representan las razones contrarias, los que no quieren ver. Son nuestras dudas y cobardías y egoísmos como ocurre con el “Joven rico”. Cómo los que se creen tan sabios, tan “iluminados” quedan ciegos.

    “La peor ceguera es la de quien no quiere ver”. La ceguera se convierte en un muro que impide ver a Jesús. Que a los bautizados, que vemos con alegría, nos pide en este tiempo cuaresmal “Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar hasta que se llene mi casa” ( Lc. 14,23 ss.).

    Ojalá se nos notara como al ciego: “no es él, pero se le parece”. Y que seamos capaces de responder con obras y palabras y digamos: “ese hombre que se llama Jesús“ y saliéramos a “los caminos” a decir “es un profeta” . Esa es la misión del cristiano para esta Cuaresma, ser misioneros como nos dice el Papa León, misión en nuestra casa, entre nuestras familias, con el lenguaje de nuestras buenas obras.

   San Agustín que es el maestro del Papa, nos dice en las homilías 44 y 45, que  somos todos “ciegos por el pecado”. Jesús, que nos ilumina en el Bautismo, nos hace caer en la cuenta que “el ciego, es ciego, y se confiesa ciego” (Homilía 44). Con humildad reconocemos nuestra ceguera, es el primer paso para que Jesús nos “lave”  (Bautismo) y veamos. La Cuaresma de los primeros cristianos nos acerca mejor a que nuestros domingos cuaresmales sean días de esperanza y llenos de alegría,  y no por nuestro bautismo de ayer sino de los frutos de hoy. Dirigiéndose a sus sacerdotes de Roma y a los miembros de consejo episcopal de su Diócesis Romana, les dijo sonriente: “Al dar comienzo a este camino Cuaresmal, no es un acto de penitencial, al menos para mí, es una gran alegría, os lo digo sinceramente”

     Feliz Domingo Cuarto de Cuaresma, ya estamos cerca de la Pascua, los catecúmenos sentían una alegría contenida, como “el ciego que sabe que va a ver”, por eso le llamaron “Domenica de Laetare” domingo de “Alégrate” o “Regocíjate”. Alegrémonos todos con María de la Alegría.

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Si Dios quiere, seguiremos ya en fallas; pero no importa, procuraré no fallar  el lunes a la IV Misa Estacional, aunque lo tengo complicado.

Saludos cordiales, Miguel Mira

 


dimecres, 11 de març del 2026

UN LIBRO DIFERENTE...

...EL DE LA SEMANA SANTA DE 2026

 

PRESENTACIÓN del LIBRO de SEMANA SANTA 2026

 

            Ayer, día 10 de marzo, en el salón noble de la Casa de la Cultura, la Hermandad de Cofradías presentó el ya imprescindible libro, testimonio escrito de la Semana Grande conmemorativa de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

            A la hora prevista, se formó la mesa, integrada por los Ilustrísimos Señores D. Victor Camilo Bardisa, Abad Párroco de Santa María y Consiliario de la Hermandad y D. Roger Cerdá, Alcalde de la ciudad; el Sr. Presidente de la Hermandad de Cofradías. D. Julio Bellver y el periodista y autor del libro, D. Agustí Garzó. Conduzco el acto Dª Maria Luisa Ramón, comenzando por el saludo y bienvenida preceptivos para darle en primer lugar voz al Sr. Abad, quien se congratuló al  poder mantener vivas nuestras tradiciones y agradecer el trabajo de divulgación de nuestra Semana Santa. Cedió el micro a D. Julio Bellver, quien, detenidamente, destacó los hitos de esta anual publicación por el interés de la Hermandad no solo en vivir la Semana Santa, sino también en contarla y este libro ha sido “testigo escrito de todo lo que somos, y de todo lo que hemos ido construyendo juntos”. Comentó que algo ha cambiado deliberada y reflexivamente para darle un nuevo aliento, dado que se pensó que “el formato tradicional había cumplido su ciclo y pedía paso a algo diferente”.  Así vieron la luz las ediciones de 2024 y 2025, recogiendo temas específicos. Siguió explicando la elección para la presente edición de un cambio de estructura y un enfoque ajeno a nuestra asociación, que “nos ayudara a mirarnos con ojos distintos, con la distancia y profundidad que da el oficio de contar historias”, y así se confió al periodista D. Agustí Garzó la redacción del libro.  “El resultado es un libro que se concibe, desde su raíz, de forma diferente, que abandona la estructura habitual y que propone una doble lectura: la de las palabras y la de las imágenes, ambas con igual protagonismo, ambas contando la misma historia desde ángulos que se complementan y se enriquecen mutuamente”.

            Uno de sus diferenciados bloques trata de responder a la pregunta: “¿Qué ha contado la prensa de nuestra Semana Santa durante este cuarto de siglo? Y el autor consigue introducirnos en la historia de una transformación. Desde 2000 hasta hoy, nos muestra nuestra que estamos ante un “déjà vu”, sino  ante algo vivo, algo que evoluciona, crece y sorprende, y el presidente refirió una serie de actos, de celebraciones que lo demuestran y todo ello “quedó registrado en papel, en tinta, en columnas y páginas que hoy recuperamos como lo que son: documentos de identidad”.

            Destacó cómo la difusión de nuestra Semana Santa mereció primero la distinción  de Interés Turístico Provincial y, después, Comunitario.  

“Rastrear esa presencia en la prensa es, en cierto modo, rastrear nuestra propia historia desde fuera”. “Entender qué fue noticia y por qué. Descubrir que detrás de cada titular había personas que trabajaban, que proponían, que se arriesgaban. Y comprender que una Semana Santa que llena las calles pero no trasciende más allá de ellas es una Semana Santa incompleta”.

            El segundo bloque, dijo el presidente, está dedicado a las personas “que trabajan, que se entregan, que dedican su tiempo y sus aptitudes a algo más grande que ellos mismos”.En este caso, el libro pone el foco en tres figuras que han contribuido, cada uno a su modo, a que nuestra Semana Santa sea conocida y querida más allá de nuestras calles”.  Y citó a D. Lorenzo Segarra, ya fallecido, D. Antonio Martin Llinares y servidor de ustedes, poniendo de manifiesto la dedicación de cada uno de ellos a difundir nuestra historia, nuestra idiosincrasia y nuestras particularidades en la vivencia de la historia de la salvación.

            Un último bloque se dedica a la parte gráfica del libro a cargo del fotógrafo D. Rafael Aguado Martínez, cuya fotografía “habla de personas más que de imágenes, de momentos más que de monumentos”. A él se le dedica el reportaje final de este libro “como reconocimiento a su obra que ya forma parte de nuestra historia visual y como presentación ante quienes aún no le conocen como merece”.

            Transcribo literalmente el final del parlamente del amigo Julio por su afirmación irrebatible:  

“Veinticinco años dan para mucho. Dan para crecer y para cambiar, para cometer errores y aprender de ellos, para acumular momentos que se convierten en recuerdos y recuerdos que se convierten en identidad. Dan, sobre todo, para darse cuenta de que lo que hemos construido aquí no es solo una celebración religiosa o una tradición cultural: es un vínculo. Un nudo invisible pero resistente que une a los que llevan décadas en las cofradías con los que acaban de llegar, a los que marchan y vuelven cada año con los que nunca se han ido, a los vivos con los que ya no están, pero cuyo espíritu sigue presente en cada paso que sale a la calle.

Este libro es, en su nueva forma, un homenaje a ese vínculo. Un intento de contarlo mejor, de mirarlo con más profundidad, de entregárselo a quienes lo lean con el mismo cuidado y el mismo amor con que nuestras cofradías viven cada año la Semana santa. Un libro que nace de la convicción de que lo que no se cuenta, se olvida. Y de que nuestra Semana Santa merece ser contada, y bien contada, para siempre”.

            Acabada la intervención del presidente, el turno de palabra le correspondió al autor del libro. Agustí Garzó dio las gracias por la confianza puesta en él e incidió en la importancia de la prensa y de aquellos que desde su parcela, elevaron la voz y pregonaron los distintos aspectos, críticos o descriptivos de usos y costumbres propios de esa importante parte de la vida religiosa y cultural de nuestra ciudad. Tras el unánime aplauso de los asistentes, se le cedió la palabra al Sr. Alcalde , quien clausuró el acto, con un breve y afectuoso parlamente.

***

            Es claro que estamos celebrando estos últimos veinticinco años  y es claro que quisiera yo algo imposible: ver cómo lo contaremos dentro de otro cuarto de siglo.

                        Hubo foto de familia.

***

            Fue hermoso escuchar cuanto antecede, ver y leer el libro que tengo en la mano, incluida la foto que se me dedica de viejo penitente nazareno, Cristo en mi pecho,  pero tal vez en otro momento puede que, como “Don Erre que Erre” recuerde mis propias impresiones sobre lo que  ni veo n i oigo durante nuestra Semana Santa y también será –se lo aseguro- un “déjà vu”. Gracias por no tomar en consideración esta pequeña travesura.

            Con todo mi afecto, Miguel Mira

 

 

 


dijous, 5 de març del 2026

COMENTAMOS DESDE EL SÁBADO

 

I

RETIRO CUARESMAL


            El pasado sábado, 28 de febrero se celebró el retiro programado por la Hermandad de cofradías en la Iglesia de San Francisco, con una muy pobre asistencia. A las diez y media y durante una hora el Sr. Abad nos propuso una reflexión, en primer lugar, sobre el significado de las reiteradas referencias al DESIERTO, como el camino a recorrer desde la esclavitud a la posesión de la “tierra que mana leche y  miel”, para pasar después a señalar el sentido de los tres pilares de la Cuaresma: la oración, el ayuno y la caridad, llevándonos a la comprensión de cómo hacer realidad no la literalidad de las palabras, sino cómo, siguiendo la orientación del Papa León, estos tres pilares han de transformar nuestra conducta de cara a Dios y buscando la cercanía hacia los demás. Terminada la charla, expuso al Santísimo y acudió al confesonario.

II

Segunda Misa Estacional

Miércoles, 4 de marzo de 2026.


              El mal tiempo, la inclemencia meteorológica no impidió que el templo parroquial de Nuestra Señora del Carmen acogiera a un buen número de fieles a la celebración de la eucaristía cuaresmal, que, como el miércoles pasado, concelebraron párrocos y vicarios de la ciudad, asistidos por el diácono permanente y unos pequeños monaguillos de la parroquia. He de destacar la participación de un nutrido grupo de neocatecumenales, que animaron la celebración con vehemencia motivadora y nos ayudaron a rezar con sus cantos. Lo destaco porque quedé sorprendido por excelentes voces en los solos y por un extraordinario Sanctus, que, al menos a mí, nos hizo vibrar en lo más profundo. Aquellas tres aclamaciones al Señor del Universo fueron impactantes.

 

            En la homilía, Don Rafael hizo hincapié en la necesidad de no guiarnos por emociones, sino actuar de corazón y con sincera entrega al servicio de la Iglesia, al servicio de los demás, cualquiera que sea el lugar en que nos encontremos y siempre buscando permanecer en la unidad como ocurre en estas celebraciones cuaresmales.


             Una semana más ésta que nos acerca hasta la Pascua.

            Les transcribo la acción de gracias que rubricó la Santa Misa:

            “Gracias, hermanos. Gracias por vuestra fe.

            -Sí a Cristo.

            -Sí a la Santa Madre Iglesia.

            -Sí a los hermanos.

            Una sola fe, un solo Señor, un solo Bautismo y un solo Dios y Padre.

            Somos un solo cuerpo y de ello damos testimonio en este día y en este encuentro.

            Que la luz de Cristo ilumine nuestro camino, tal y como lo esperamos de Él. Nuestra vida estaría muy vacía sin nuestros hermanos. Permanezcamos unidos confiando los unos con los otros.

            Hemos sido llamados a algo muy grande:

            “Amaos los unos a los otros”, amor que es más grande que la muerte.

            Cuando los hermanos compartimos una misión, nuestros corazones saltan de gozo. Nuestro Dios se ha fijado en nosotros.

            Es un gozo y un asombro que los hermanos vivan juntos. Dios se hace una sola carne con nosotros, aunque seamos pequeños y vulnerables, si nuestra mirada está puesta en cumplir su voluntad.”

            El sentido canto “Stabat mater dolorosa…” despidió la celebración y los asistentes recibimos un detalle de la Parroquia: una cajita conteniendo un cirio. La Luz. Queridos lectores, vayamos siempre hacia la Luz. 

III

 

            Comentario al Evangelio del Domingo tercero de Cuaresma, ciclo A. San Juan, 4, 5-42, por D. Joaquín Núñez Morant. 

Texto del Evangelio 

            Llegó, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que Jacob dio a su hijo José.
Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
—Dame de beber.
(Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.)
Le dice entonces la mujer samaritana:
—¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?
(Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)Jesús le respondió:
—Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.

Le dice la mujer:
—Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es profundo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva?
¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y bebió de él él mismo, sus hijos y sus ganados?Respondió Jesús y le dijo:
—Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed;
pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás,
sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.Le dice la mujer:
—Señor, dame de esa agua para que no tenga sed ni venga más aquí a sacar.Él le dice:
—Ve, llama a tu marido y vuelve acá.Respondió la mujer:
—No tengo marido.Jesús le dice:
—Bien has dicho: “No tengo marido”,
porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.Le dice la mujer:
—Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que el lugar donde se debe adorar está en Jerusalén.Jesús le dice:
—Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
Pero llega la hora, y es ahora, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoran.
Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.Le dice la mujer:
—Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo; cuando venga, nos lo explicará todo.Jesús le dice:
—Soy yo, el que habla contigo.En esto llegaron sus discípulos y se admiraban de que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: “¿Qué quieres?” o “¿Por qué hablas con ella?”.La mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a la gente:
—Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?Salieron de la ciudad y venían hacia él.Entre tanto, los discípulos le rogaban:
—Rabí, come.Pero él les dijo:
—Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis.Los discípulos se decían unos a otros:
—¿Le habrá traído alguien de comer?Les dice Jesús:
—Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra.
¿No decís vosotros: “Todavía faltan cuatro meses para la siega”? Pues bien, yo os digo: levantad los ojos y mirad los campos, que están ya dorados para la siega.
Ya el segador recibe su salario y recoge fruto para vida eterna, de modo que se alegran tanto el sembrador como el segador.
Porque en esto resulta verdadero el proverbio: “Uno es el que siembra y otro el que siega.”
            Yo os envié a segar lo que vosotros no trabajasteis; otros trabajaron, y vosotros habéis entrado en su trabajo.

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que testificaba: “Me ha dicho todo lo que he hecho.”
Cuando los samaritanos llegaron a él, le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.
Y fueron muchos más los que creyeron por su palabra,
y decían a la mujer:
—Ya no creemos por tus palabras; nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.

COMENTARIO

 

Principio del formulario

    Para comentar a San Juan y precisamente el fragmento de la Samaritana hay que tener la admiración al Santo Apóstol Evangelista por la delicadeza, casi poética, con que se describe este encuentro, aparentemente ocasional, pero intencionado por el Buen Pastor que busca a la “oveja perdida”, sea del pueblo que sea.

    Si estamos atentos, hay dos personajes principales: Jesús que encontramos no siendo fiel a la Ley, en tierra maldita, junto a un Pozo, en tiempo sagrado por favor de Dios a Jacob y maldito por un pueblo idólatra como el samaritano; y una pecadora sin nombre, no solo por ser samaritana sino porque vende su cuerpo al mejor postor, todo lo cual es lo que la hace importante para el Buen Pastor: ha encontrado a la “ovejita más roñosa”.

    “Era alrededor de medio día”, y con el sol en lo alto no era hora de ir a por agua; su hora es por la mañana o al atardecer; sin embargo, la mujer, pecadora notable en su pueblo, va a deshora para no ser insultada. Junto al pozo hay un hombre, Jesús, que le pide “Dame de beber”. Quizá la admiración de la mujer nos parezca normal, pero no es así, mas bien escandalizada y extrañada, le echa en cara  “¿Como tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? A poco que sepa la mujer, Jesús se expone a la mayor de las impurezas, desde hablar con una maldita mujer samaritana, pedirle de beber de un agua impura, de recipiente impuro y de manos impuras, un cúmulo de impureza que lo  hacen extraño al pueblo de Dios.

   Captando el interés de aquella mujer, comienza un contacto con una delicadeza y extraña calidez en un judío. ¿Qué podía entender un catecúmeno en espera de su bautismo? Un encuentro personal con Cristo que transforma la sed espiritual en Fe, reconociendo con humildad su propia miseria y pecado, sus “maridos pasados” para recibir el “agua viva” del Espíritu Santo. El catecúmeno debe esperar conocer el “don de Dios”, permitiendo que Cristo transforme al catecúmeno en un testigo, tal como la Samaritana se convirtió en evangelista.

     Este es el camino de nuestra Cuaresma. Para San Agustín, la Samaritana representa a la Iglesia, en este caso, pecadora o mediocre, y que el encuentro con Jesús simboliza la búsqueda del “Buen Pastor”, de la “oveja perdida”.

      Hemos de recorrer un camino tan hermoso para encontrar a Jesús, nos creemos tan perfectos que no nos conocemos, pero a poco que entremos en contacto con Él, le oigamos y nos dejemos enseñar por su palabra, igual que la Samaritana, nuestra vida se convertirá en evangelizadora. Y con la Samaritana, que al principio se admira y todo son problemas sin solución, según lo va conociendo, llega a ser testigo y anunciará sin miedo a los de su pueblo “Venid, ved a un hombre que me ha dicho… esto y aquello”. La fe nace del encuentro personal con Jesús, encontrado como el “tesoro escondido” (Mt.13:44) que se comparte con alegría, se anuncia la fe, no la creencia, se anuncia la vida compartida con Jesús.

     Esa ha de ser nuestra Cuaresma: conocer a Jesús, comer y beber de Jesús y anunciar a Jesús con alegría.

     Pero toca preguntarnos ¿buscamos a Jesús?, ¿conocemos cada día más a Jesús? o ¿nuestro Jesús es el que otros nos han dicho y creemos sin ninguna experiencia personal con Él?

     No, nosotros, la Iglesia, como la Samaritana, nos ha de hacer vivir ese encuentro con Jesús por medio de una catequesis continua, algo de lo que nos hemos de dar cuenta cuando intentemos enseñar lo que no sabemos.

     Feliz Domingo de “La Samaritana”. Ojalá nos demos cuenta que Jesús nos sale al camino y nos pide de beber, de beber todo lo que somos, nuestra alma, nuestra vida, nuestra personalidad, que eso es lo que le pidió a una pobre mujer ignorante y pecadora.

       La Madre de la Misericordia nos lleve de su mano.

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Fotos de Rafa Blesa

Saludos, amigos. Miguel Mira