dijous, 15 d’octubre del 2026

¡Señor, sálvame!

 

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario (Ciclo A)   San Mateo14, 22-33

TEXTO 

      En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vela de la noche, Jesús vino a ellos caminando sobre el mar.Y los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron, diciendo: «¡Un fantasma!» Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!» Entonces le respondió Pedro, y dijo: «Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.» Y él dijo: «Ven.» Y descendiendo Pedro de la barca, caminaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: 

«¡Señor, sálvame!». Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? » Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»           

Comentario

Por D. Joaquín Núñez Morant 

            Este evangelio se nos presenta hoy por algo muy concreto. La oración de Jesús al Padre y la oración de Pedro son la clave de todo el pasaje. La Iglesia, desde el principio, ha distinguido los rezos mecánicos o de cariz judaizante de dos realidades hondas: por un lado, la oración a la que Jesús se dedica retirándose a solas para hablar con su Padre; por otro, la oración sencilla y directa de Pedro cuando clama: "Señor, sálvame", que es una súplica urgente y personal.

Si repasamos las páginas del Nuevo Testamento, vemos que los apóstoles le piden a Jesús que les enseñe a orar. Su respuesta fue: "Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre..." y lo que sigue. Sin embargo, nosotros a menudo hemos convertido esa oración modelo en un simple rezo repetitivo, perdiendo de vista que se trata del guión y el espíritu para dialogar con Dios nuestro Padre que está en el cielo. El día de Pentecostés, la comunidad, la Iglesia, está en oración en el momento de la venida del Espíritu Santo, en una oración comunitaria y de contemplación ante la Muerte y Resurrección de Jesús. En los Santos Padres hay cientos de citas que nos muestran cómo, desde el principio, la Iglesia ora a Dios imitando a Jesús. Como recogen los Hechos de los Apóstoles (Hch. 2, 42): "Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones". No se trata de la vivencia aislada de un místico, sino de las oraciones de la comunidad.

Los testimonios bíblicos y patrióticos que poseemos hablan siempre de comunidades en oración. En el pasado hemos contado con paraliturgias donde todo estaba tan estructurado que apenas había ocasión para la vivencia personal. Hemos ensayado mil formas que a veces han decaído por resultar inefectivas, tanto a nivel comunitario como personal.

Necesitamos una pastoral en la que se enseñe a orar, y la única forma de aprender a orar es orando, empezando muchas veces en pequeños grupos. Se aprende diciendo con Santa Teresa: "Él me mira y yo le miro". En total silencio, con humildad, sin pretender oír voces extraordinarias. Dios se manifestará; nosotros no podemos dirigir el encuentro. Es Dios quien nos encuentra en nuestro silencio. No somos nosotros, con nuestra "escandalera" de peticiones —pidiendo lo que creemos que nos conviene y lo que no—, los que llevamos la batuta; eso se convierte a veces en un mareo donde no oímos a Dios, sino que nos oímos a nosotros mismos. Eso no es orar, es reflexionar con uno mismo y buscarse la propia solución. Hay que orar abriéndose a la bondad de Dios con toda humildad y aprender a escuchar Su lenguaje. A veces nos dará miedo; oiremos o intuiremos algo de lo que somos capaces y eso nos asustará. Pero entonces Jesús nos dirá: "¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!", estoy a vuestro lado. Como a Pedro, siempre nos asaltará la duda, y siempre diremos: "Señor, sálvame", para concluir con amor tomando su mano y confesando: "Tú, Señor, eres el Hijo de Dios".

Feliz domingo. Que nuestra oración, comunitaria y personal sea el encuentro con el buen Jesús, motivo de nuestra alegría y nuestra ilusión. Que la Madre del Amor Hermoso nos lleve de su mano.

 

 

 

dimecres, 14 d’octubre del 2026

FÁTIMA

 

 

            Desde esta ventana, como sabéis, he procurado publicar aquellas noticias relativas a la religiosidad que entiendo ser de interés.

            Por circunstancias de fuerza mayor, este año no me ha sido possible asistir a los actos de culto que se celebran en la Parroquia de Los Santos Juanes en honor a la Santísima Virgen de Fátima, muy participativos por cierto, y nuestro querido amigo Rafael Blesa nos ha enviado su crónica y su reportaje fotográfico, lo que es de agradecer y así lo hago. ¡Gracias Rafa! 

            Transcribo su escrito e intercalo alguna de sus fotos.

***

Celebración del Triduo en honor a la Virgen de Fátima, Los Santos Juanes y el Cristo de la Salud. 

Día 10 de octubre. Se celebró la solemne misa en honor a los Santos juanes, presidida por el vicario D. Bruno Igor Oliveira.

 


Al finalizar se realizó el correspondiente sorteo de la imagen de clavarios de los “Joanets”. 

Dia 11 de octubre. Se celebró la solemne misa en honor al Cristo de la Salud, presidida por el párroco D. Raúl Jiménez. 

Dia 12 de octubre. Se celebró la solemne misa en honor a la Virgen de Fátima, presidida por el párroco D. Raúl Jiménez. Concelebraron el vicario D. Bruno y los sacerdotes D. Rafael Vaello y D. Francisco Ferrer Bravo (delegado de misiones y director diocesano de las Obras Misionales Pontificias en la archidiócesis de Valencia), que ejerció además de predicador.

             En su homilía hizo hincapié en las palabras del Papa León de rezar por la Paz, por la paz del mundo, pero también por la Paz en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades, en nuestras relaciones personales y en la Iglesia. “Sin paz no hay alegría”. Todo ello en relación con la petición de la Virgen de Fátima a los tres niños a los que se apareció a los que también pidió que rezaran el Rosario por la Paz. Pidió también por la Paz dentro de la Iglesia, buscando no la uniformidad, sino la tolerancia y comprensión, pues todos somos diferentes, pero debemos trabajar por lo mismo, y saber aceptar al otro; no se debe ceder ante la injusticia, ante el mal, pero debemos saber convivir y construir partiendo de la diversidad existente entre nosotros.

            Concluyó con la reflexión de que una buena oración es aquella que nos mueve a la acción, que no se queda en las palabras o los pensamientos, sino que nos conduce a trabajar por hacer un mundo mejor. 

Durante la eucaristía se celebró la tradicional unción de enfermos, y al finalizar la misa se obsequió a los presentes con un rosario.

 

Por la tarde se vivió un momento de recogimiento con la Exposición del Santísimo, acto seguido la ofrenda de alimentos para Cáritas parroquial, y para finalizar tuvo lugar la tradicional procesión con las imágenes de los “Joanets” cuyas andas eran portadas por los niños y niñas de la parroquia con la ayuda de los juniors Llum i Sal; le seguía la imagen del Cristo llevada por feligreses, y cerraba la comitiva la Virgen de Fátima, llevada por varias mujeres de la Cofradía.

            La procesión que se inició con alguna duda en cuanto a su participación, consiguió al poco tiempo ir nutriéndose de participantes que fueron agregándose, formando una comitiva mucho más que digna, siendo posiblemente la procesión más numerosa de los últimos años, con un centenar largo de integrantes sin contar la banda de música.

            A la llegada de la Virgen al templo parroquial se disparó un pequeño castillo de fuegos artificiales para recibirla.

 Todas las celebraciones contaron con la participación del coro parroquial, que dotó de gran solemnidad todos los actos. Y en cuanto a los sonidos se refiere, destacar dos novedades importantes de este año:

1.- El día 12 se cantó por primera vez en nuestra parroquia la nueva canción creada para el centenario del Domund llamada “Envíame a mi”

2.- Todo el Triduo se celebró bajo el sonido de la campana que, restaurada recientemente, luce en lo alto de nuestro campanario, y cuyo eco se escuchó los tres días, siendo volteada manualmente por la colla de Campaners d’Albaida el día 12.

Hay que agradecer a la Cofradía de la Virgen de Fátima su trabajo y buen hacer para conseguir que estas celebraciones sean un verdadero encuentro de la Comunidad Parroquial, no limitándose su tarea a estos días del Triduo, sino que su presencia y dedicación a la parroquia es continua durante todo el año.

***

            Desde aquí, hemos de dar  nuestra enhorabuena a la querida comunidad parroquial de ese Arrabal de nuestra ciudad, por su incansable actividad evangelizadora. Y como el bien es difusivo de suyo, ha de repercutir en la buena salud del conjunto al que pertenece este colectivo eclesial.

            Saludos cordiales, Miguel Mira

 

dimecres, 7 d’octubre del 2026

SOMOS INVITADOS AL BANQUETE

 

Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Hoy leemos la parábola del banquete nupcial:

 

San Mateo 22, 1-14

TEXTO

            Tomando Jesús de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo:

            «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebraba la boda de su hijo. Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: "Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete está preparado, mis toros y mis animales cebados han sido degollados y todo está listo; venid a la boda"". Pero ellos, sin hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron. Se airó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda". Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.

 

            Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" Él se quedó callado.  Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes". Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos».

 

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

           

            El evangelio de este domingo lo sabemos de memoria, como también su explicación. Todos sabemos quién es el rey: Dios, que prepara una boda, la de su Hijo. No una asamblea, ¡una fiesta, la Eucaristía!, a la que se nos convoca. Jesús lo sitúa en una historia de salvación, desde la promesa de Dios Padre en el Paraíso (Gn.3,15). Pero ahora la hemos de hacer nuestra. Entonces y ahora hay mil excusas, en este tiempo más que nunca. Hay que salir a los caminos y llamar a todo el mundo; la llamada es universal. Y todos hemos de ir con las vestiduras blancas del bautismo. Sin embargo, hoy hay miles de personas que no llevan su vestidura blanca; está sucia por el abandono. ¡Cuántas veces participan del banquete sin ser conscientes y somos testigos de esa realidad!

Pero hay unos personajes de los que nunca se comenta y que son profetas fundamentales: los criados. ¿Qué significa "criado"? Aquel que ha sido criado, alimentado y enseñado desde pequeño en la casa; el que conoce al Señor y lo que le gusta, y que no necesita que se le mande lo que debe hacer. Son los profetas de hoy y de siempre, todos nosotros; y lo que no hagamos nosotros, quedará sin hacer. La pastoral de la llamada es la más urgente. Todos nos "lavamos las manos": los seglares echan la culpa a los curas, los curas al obispo, y el obispo al Papa. ¡Qué pocos obispos siguen el estilo de León XIII*! Y ¡qué pocos curas imitan a su obispo, encontrando mil limitaciones! ¿Y cuántos feligreses no escuchan a sus párrocos ni plantean estrategias evangélicas para estar cercanos a los ausentes? Incluso entre los que acuden, muchos tienen a gala definirse como católicos, pero no son cristianos. Millones de españoles se ofenden si les dices que no son católicos; sin embargo, solo veneran la imagen de su Patrona o a su Cristo, cuya estampa llevan en la cartera. El criado se ha de parecer a su Señor, a quien ama porque se ve amado. Ha de presentarse y llamar como hace el buen Jesús, haciéndose cercano allí donde sabe que hay alguien que le necesita. Es solícito para atender a quien lo busca. Es como su Señor: misericordioso y paciente con los necesitados, y comprensivo. No exige más de lo que pueden dar, o tiene paciencia hasta que descubren la bondad del banquete. El criado ha de ser un profeta feliz; no es un funcionario, es un enamorado. Es profeta porque no habla de sí mismo ni busca ser el protagonista; habla de lo que ha oído y visto en la casa de su Señor. Él ha probado el vino de la mesa de su Dueño, y sabe que es muy bueno. Transmite su propia experiencia. Es feliz porque ya lleva el traje de bodas; esta felicidad no es fingida, es verdadera. Pero, sobre todo, es un hombre de oración, de donde saca su fuerza. No va solo: lo acompaña la voluntad de su Señor y, así, sonríe al invitar, no reprocha que no hayan venido antes, no cuenta invitados; cuenta la alegría de invitar. Así han de ser los criados: los que vienen y están en nuestra comunidad, los que prestan su saber en favor de todos, los catequistas (tan importantes en varios periodos de nuestro caminar cristiano), los matrimonios que constituyen nuestras familias (tan necesarias y tan en crisis hoy). No se basan en un amor transitorio; son una vocación para enriquecer una sociedad de amor, para tener y disfrutar de unos hijos para Dios y para la sociedad, y cumplir el mandato del Paraíso: "Creced y multiplicaros y llenad la tierra" (Gn.1,28). Y así hasta llegar al Papa: siervo de los siervos de Dios o criado de los criados de Dios.

            Feliz domingo, en el que descubrimos con gozo que somos criados de Dios y de nuestros hermanos, y que el criado no es más que su Señor, ni más que sus hermanos y hermanas. Que la Madre del Magníficat nos enseñe a alabar y bendecir a Dios por ser sus criados.

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Con el deseo de que paséis felizmente el puente del Pilar, os saluda iguel Mira