ADENDA
AL DOMMINGO XXIX (A) bis
Por razones que desconozco, el pasaje del Evangelio a leer el domingo último era el que ofrecimos en la entrada anterior con el comentario de nuestro amigo y colaborador D. Joaquín Núñez. Sin embargo, en la Misa de ayer se leyó el que conocemos sobradamente, relativo a la trampa en que fariseos y herodianos quieren enredar a Jesús.
Por ello, como lo que abunda no daña, me permito ofreceros un comentario relativo a este significativo relato evangélico ed San Mateo, 22, 15-22.
Resumen:
Los fariseos se unen a los herodianos para tender una trampa a Jesús y preguntarle si es lícito pagar el impuesto al César. Jesús, pidiendo un denario y señalando la imagen del emperador, pronuncia su célebre frase: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
El texto que se nos propone nos confronta con una verdad fundamental: Dios es el único Señor de la historia. Ningún poder político, económico o social terrenal puede suplantar la soberanía divina. Sin embargo, esto no nos aísla de la realidad social, sino que nos compromete a vivir en ella con una profunda coherencia de fe.
Este pasaje nos muestra una de las trampas más astutas hechas a Jesús. Los fariseos (nacionalistas en contra de Roma) y los herodianos (colaboracionistas con el Imperio) se alían para arrinconarlo. Si respondía que "sí" al impuesto, el pueblo lo consideraría un traidor a Dios; si respondía que "no", las autoridades romanas lo detendrían por rebelión.
Jesús desmonta la trampa con sabiduría divina:
El valor relativo del dinero ("Lo del César al César"): Al pedir la moneda (están usando la del Imperio), Jesús les hace ver que ellos, al usarla, participan de los beneficios económicos y políticos del Estado (carreteras, orden, comercio, bienestar, es decir, de aquello que el emperador está obligado a procurarle al pueblo en paga por su aportación al fisco). Por ello, cumplir los deberes ciudadanos de justicia y orden social es legítimo. El estado tiene su autonomía legítima.
De otra parte pone de manifiesto el valor absoluto de la persona ("A Dios lo que es de Dios"): La habilidad argumental de Jesús va mucho más allá. La moneda lleva grabada la cara del César porque le pertenece al Estado. Pero, ¿dónde está grabada la imagen de Dios? En el ser humano (Génesis 1, 27: «Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.»). Por lo tanto, mientras que al Estado se le puede pagar un impuesto material, el ser humano entero (su alma, su conciencia, su dignidad y su vida) le pertenece solo a Dios –incluido el César-.
Así pues, el cristiano debe ser un ciudadano responsable y constructivo, pero su lealtad absoluta y última es hacia el Creador.
Consecuentemente, la dignidad humana no se negocia: El César (el Estado o los poderes económicos) a menudo intenta adueñarse de las personas, tratándolas como meras mercancías o herramientas de producción. Jesús nos recuerda que, dado que llevamos el sello de Dios, nuestra dignidad es inalienable.
Al cristiano se le exige coherencia porque no vive en una burbuja. "Dar al César" significa trabajar por el bien común, pagar impuestos justos, respetar las leyes y construir una sociedad más fraterna desde las responsabilidades cotidianas, pero siempre iluminado por la luz del Evangelio.
( Podría callar y firmar el comentario así por las buenas; pero la verdad es que estas consideraciones las he entresacado de un amplio comentario sobre las lecturas de ese domingo XXIX del ciclo A, que he encontrado en la IA y me ha parecido muy acertado. Espero que sea provechoso)
Saludos cordiales, Miguel Mira
19 de octubre de 2026«Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó.»







