Antes de pasar la crónica de la IV Misa Estacional y el comentario al Evangelio del próximo domingo, debo anunciar:
El viernes 20 de marzo comienza el TRIDUO a NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO en la Ihlesia de San Francisco. Viernes a las 19 h. y tanto sábado como domingo a las 19'30 h..
CUARTA MISA ESTACIONAL.
Parroquia DE
Nuestra Señora de la Merced y Santa Tecla
Lunes, 16 de marzo de 2.026.
NUESTRA sEÑORA DE LA mERCED Esta celebración,
prevista para el miércoles, como las demás, se consideró más oportuno
trasladarla a hoy, lunes, dado que el día 18 es víspera de San José y convenía
mantener el culto de precepto, acertadamente. Así pues, concurrimos a la
Parroquia de La Merced un aceptable número de fieles.
Con el canto “Caminaré
en presencia del Señor…” acompañó la procesión de los sacerdotes
concelebrantes, asistidos del diácono, hasta el altar y comenzó la Santa Misa,
que fue ofrecida por el alma del recién fallecido D. Joaquín Pascual, que fue
rector de esta parroquia, siendo vicario D. Rafael Vaello; y a D. Rafael le
corresponderá, en la fecha que se señale, presidir el funeral por el bueno y
recordado D. Joaquín. Animó la eucaristía el coro, que nos ayudó a rezar con su
bien afinado canto. De la homilía que nos dirigió D. Raul, destacaré cómo hizo hincapié en la necesidad de que con
nuestros signos den buena cuenta de nuestra fe y del amor a los otros; pero
también, como dijo, refirió los puntales de la regla mercedaria, que se
sustenta sobre los pilares de la oración, la formación y el actuar, además de
la redención, pues, como es sabido, el carisma de la orden mercedaria fue la
redención de cristianos esclavizados. Me
llamó la atención que entre las ofrendas uno de los oferentes llevaba un bastón
de peregrino, como símbolo de nuestro peregrinaje hasta a Pascua; pero también
cómo otra oferente presentó lo que llamaron un sudario, en recuerdo del que
envolvió a Nuestro Señor. Y me sorprendió porque era una especie de vestidura
morada, cuando sabeos cómo era –es- la
síndone.

"POR VUESTRA SANGRE PRECIOSA..." Finalmente, como
también en La Merced, como ocurrió en San Pedro, se está celebrando el
novenario al Santísimo Ecce Homo, se rezaron las oraciones propias del día y se
cantaron los gozos, preciosa y antiquísima composición, cuyo texto es del padre
mercedario Francisco Martinez Albalat (siglo XVIII). Estos gozos fueron
editados junto a la novena en 1781 y hay
tres ediciones más de 1828,1947 y 1990. Estos datos, que me facilita mi buen
amigo Paco Perales, se pueden encontrar el libro que, sobre la historia de la
Congregación se publicó no hace muchos años (1998).
A la salida, recibimos una medalla con la
imagen del San Carlo Acutis (1991–2006) joven italiano conocido por su profunda
fe católica y por usar la tecnología para difundirla. Es especialmente
recordado por haber creado una página web donde documentaba milagros
eucarísticos de todo el mundo. Murió a los 15 años por leucemia. Fue
beatificado en 2020. Muchos lo llaman el “influencer de Dios” por su forma de
evangelizar en la era digital.
Esperemos vernos de nuevo el próximo
miércoles.
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Entramos ya este domingo en la quinta semana de Cuaresma y leemos este texto:
Evangelio del Domingo Quinto
de Cuaresma, Ciclo A. San Juan 11, 1-45
Muerte y resurrección de Lázaro
Estaba
entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta
su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al
Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.) Enviaron, pues, las hermanas a decirle a Jesús: Señor,
aquel a quien amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es
para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando
oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. Le
dijeron los discípulos: Rabí, ahora buscan los judíos apedrearte, ¿y otra vez
vas allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no
tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de
noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, les dijo después: Nuestro
amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos:
Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de
Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les
dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado
allí, para que creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a
sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.
Vino,
pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los
judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.
Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se
quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado
aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que
todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano
resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el último
día. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que
cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y
cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo creo que
tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Habiendo dicho
esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está
aquí y te llama. Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y
vino a él. Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el
lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa
con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y
había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María,
cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole:
Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús
entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también
llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo:
¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces
los judíos: Mirad cómo le amaba. Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este,
que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriese? 38 Jesús,
profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una
piedra puesta encima Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que
había muerto, le dijo: Señor, hace cuatro días que está enterrado y ya hiede. Jesús
le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces
quitaron la piedra del sepulcro. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo:
Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sé que siempre me
oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean
que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó con una gran
voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el muerto salió, atadas las manos y los pies con
vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y
dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a
María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.
COMENTARIO
Por D. Joaquín Núñez Morant
A estas horas del caminar
cuaresmal será bueno repensar en qué camino estamos. Comenzamos descubriendo
que a lo largo de nuestra vida seremos tentados por nuestro egoísmo natural en
tres frentes: lo material, el dinero y el poder que nos dará el dinero para
dominar y comprar voluntades o para hacer el bien siendo solidarios.
Para nuestro consuelo, Jesús
se nos manifiesta como el Hijo de Dios que descubriremos y compartiremos. Ese
Jesús nos está esperando para pedirnos el agua de nuestra alma y, a cambio,
hará surgir otra agua que hará crecer el agua de la fe y la caridad con quienes
están sedientos. En el cuarto domingo, llamado de LAETARE, de la alegría, Jesús
abre nuestros ojos, para mirarlo y ver en sus ojos a quién hemos de mirar y
ver, y hacer lo que Él haría. En el quinto domingo nos habla no de la
Resurrección de Lázaro (como la leemos en el evangelio), sino de su vuelta a la
vida, y así se entiende mejor. Lázaro no estaba en el seno del Padre, era una
materia en putrefacción.
San Agustín ve en las tres
muertes, que Jesús devuelve a la vida como el símbolo de la salvación. En Mateo
9, 18-26, tenemos la vuelta a la vida de una niña, es una conversión rápida. En
Lucas 7, 11-17, devuelve a la vida a un joven “en camino”, y en Juan, el
evangelio de este Domingo, Jesús saca de la “tumba” a Lázaro, nombre simbólico
que significa “leproso”, el peor de los pecados para los judíos. Para San Agustín
la vuelta a la vida de la niña es la conversión de la mente o del “alma”; la
del joven, el crecimiento de la voluntad, y la vuelta a la vida de Lázaro
simboliza la vida plena en Cristo. Estas tres imágenes representan un
“progreso” espiritual, desde la conversión, hasta la vida plena en Cristo.
Los biblistas nos dicen que,
(como ya he dicho en otras ocasiones) la Comunidad de Betania, donde no se ven
ni padres ni madres, son todos hermanos, es símbolo de una comunidad cristiana.
Unos rezan y contemplan, otros se afanan preocupados por los demás y hay quien
cae en el pecado. La comunidad entera se preocupa y llama y busca a Jesús. El
catecúmeno que se va a bautizar, va aprendiendo qué es una comunidad cristiana donde
lo van a recibir con gozo, que llama a Jesús, que habla de Jesús, que enseña
quién es Jesús, que purifica y define quién es Jesús.
“Señor, si hubieras estado
aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a
Dios, Dios te lo concederá.
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará “.
Marta, como buena farisea,
respondió lo que creen los fariseos: “sé que resucitará en la resurrección del
ÚLTIMO DIA”. Tal equívoco pasa y se mantiene en la Iglesia. Jesús lo deja
claro: “el que cree en mí, aunque haya muerto (el que está en pecado) vivirá y
el que está vivo (sin pecado) y cree en mí, no morirá para siempre.¿crees
esto?” Es la pregunta que ha de responder el catecúmeno.
¿Creéis que si esa
pregunta se nos hiciera a nosotros,
seríamos capaces de responder según el pensamiento de Jesús?
Esa es la tesis de este
domingo quinto de Cuaresma. Nuestra propia resurrección.
Esta escena que San Juan nos
narra al principio del siglo II y que su comunidad guarda con todo su amor, nos
muestra la idea rectora de Jesús, el porqué de su actuar.
María, aquella que derramó
un perfume costoso, que secó con sus cabellos los pies de Jesús, cabellos que
solo veía el marido, simboliza el amor que tenía o debía tener la comunidad. Toda
comunidad cristiana se reconoce por “mirad cómo se aman” (Jn. 13:34-35). Tertuliano
(c.197,d.C.) nos dice que “los paganos decían: “Mirad cómo se aman y como están
dispuestos a morir el uno por el otro”.
Jesús es amor y quiere que su
comunidad ame como María, la hermana de Marta y Lázaro. Marta y María protagonizan
la búsqueda y la súplica amorosa. Lázaro, que parecería el importante, no dice nada,
solo Jesús dice “¡Lázaro, ven afuera!”. El pecado le ha sido perdonado. Eso les
queda claro a los catecúmenos, ¿Nos queda claro a nosotros? Esa respuesta ha de
ser nuestra.
Jesús, que está en Betabara,
es donde le dicen: “Señor, tu amigo, aquel a quien amas, está enfermo”.
¿Nuestras Comunidades se preocupan de lo que nos puede separar del amor de
Jesús?, porque lo importante es enseñar a los que se van a bautizar la vida
comunitaria, cómo han de preocuparse de los que están enfermos del cuerpo o del
alma. Jesús no ha venido a curar enfermedades, la naturaleza de las cosas son
falibles, tienen su debilidad; Jesús ha venido a enseñarnos cómo vivir
“cumpliendo la voluntad del Padre”, como lo pedimos en el Padre nuestro.
Nuestra Resurrección, unida a la suya, será el día que se cumpla nuestra
historia.
Feliz domingo, quinto de
Cuaresma. Caminemos “con la luz del día (Jesús), para no tropezar” y “resucitar”,
con Lázaro, de nuestras debilidades. Jesús nos ama. Que la Virgen de Buen
Consejo nos dé su gracia