diumenge, 24 de maig del 2026

LA ANTERIOR ENTRADA MERECE...

 

…ESTA ADICIÓN

 

            Pienso que la entrada anterior es incompleta, estando como estamos en la fiesta de mayor importancia después de la Pascua de Resurrección o Pascua Florida, que hoy cierra el Tiempo Pascual, es decir, la que siempre conocimos como Pascua Granada. Así pues, esta entrada es complemento de la importante reflexión de ayer y en ella os propongo la lectura de la hermosa SECUENCIA que se lee en la misa del Domingo de Pentecostés tomada del bellísimo himno medieval "Veni, Sancte Spiritus" (Ven, Espíritu Santo), también conocido como "la secuencia dorada".

Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.

Ven, padre de los pobres, ven a dar tus dones, ven a luz de los corazones.

Consolador magnífico, dulce huésped del alma, suave alivio.

Descanso en el trabajo, templanza en el ardor, consuelo en el llanto.

¡Oh luz santísima!, llena lo más íntimo de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea bueno.

Lava lo que está manchado, riega lo que es aridez, sana lo que está herido.

Dobla lo que es rígido, calienta lo que es frío, endereza lo que está extraviado.

Concede a tus fieles, que en ti confían, tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales la felicidad eterna.

Amén. Aleluya.

***

            No está de más que completemos la lectura con el texto del Libro de los Hechos de los Apóstoles que se lee en la propia liturgia de Pentecostés:

 (Capítulo 2, versículos 1 al 14), que relata la venida del Espíritu Santo en Pentecostés:

 


“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban sentados.

Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos.

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran.

Vivían entonces en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al oír este ruido, se reunió una multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.

Atónitos y admirados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando?

¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna?

Partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia que están cerca de Cirene, forasteros romanos, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, ¡les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios!».

Estaban todos estupefactos y perplejos, y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?». Pero otros, burlándose, decían: «Están llenos de vino nuevo».

***

Ya vemos, pasó como siempre suele suceder: unos se admiran y se acercan a la fe; otros se burlan…

¿Y nosotros?

¡Feliz Pascua Granada!

Saludos cordiales, Miguel Mira

 

dimecres, 20 de maig del 2026

"Y SOPLANDO SOBRE ELLOS, DIJO...

 ...RECIBID EL ESPÍRITU SANTO"

 


            Al leer el pasaje del Evangelio de San Juan, cap. 20: 19 – 23,  solemos recordar, como tantas veces hemos escuchado, que ahí, en el último versículo,  “a quienes les perdonareis…, etc.” radica la institución del sacramento de la reconciliación. No obstante, a mí personalmente me ha llamado la atención el enfoque del que parte y desarrolla su comentario nuestro amigo D. Joaquín, que es precisamente la primera parte del propio versículos, es decir, “Recibid el Espíritu Santo…” centrándose clara y apreciablemente en una atenta y vehemente reflexión sobre la importancia de un legado que se extiende no solo al Colegio Apostólico, sino que nos alcanza a todos. Así pues, nos centramos en el tema principal: “Recibid el Espíritu Santo”. 

           Pero leamos el texto de San Juan. 

            “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»

            Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

            Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»

            Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

***

Comentario al Evangelio en la Solemnidad de Pentecostés, Juan 20: 19-23.

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

            Con qué alegría y solemnidad celebramos este día, la que el año pasado, el 7 de junio, el Papa León XIV, con gran entusiasmo, nos decía: “El Espíritu creador, que hemos invocado con el canto “Veni creator Spiritus”, es el Espíritu que descendió sobre Jesús, el protagonista silencioso de su misión, “El Espíritu está sobre mí (Lc.4,18)”. “En Jesús vemos y de Jesús escuchamos que todo se transforma porque Dios reina”.

    “Me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos…” (Lc.4,18-19). Continúa el Papa, “Como el amor nos hace familiar el olor de una persona querida, así reconocemos el perfume de Cristo. Es un misterio que sorprende y nos hace pensar”. ¡El Papa continúa con gran entusiasmo la acción del Espíritu en todos!

    Seguiríamos leyendo lo que dijo el Papa León, con gran entusiasmo, pero quisiera que consideráramos una realidad: Estando presente, como nos dijo Jesús, el Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y en nuestra propia vida, los bautizados y aún aquellos que  no lo son, tenemos una fuerza que ignoramos, que nos empuja a tener misericordia con quien la necesita. Nuestras ideas al intentar dar solución a problemas ajenos, a preocuparnos por el bien de los demás, a luchar contra tanta injusticia; el motor que nos mueve es: “vendremos a él y haremos morada en él” (Jn.14,23).

    La realidad es que es el gran ignorado, siendo el más presente. El “sin mí no podéis hacer nada”, que solo lo atribuimos a Jesús, es el “defensor, que Jesús pide al Padre que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad” (Jn.14,16-17). Sin embargo, aunque “esté siempre con nosotros”, San Agustín le rezaba así: “Respira en mí, oh Espíritu Santo. Para que todos mis pensamientos sean santos. Actúa en mí, oh Espíritu Santo. Para que mi trabajo sea santo, para que no ame sino lo que es santo. Fortaléceme, oh Espíritu Santo, para que defienda todo lo que es santo. Guárdame, pues, oh Espíritu Santo. Para que siempre sea santo” y otra oración que como él, rezan los agustinos y el Papa León. “Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu. Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre”.

    Esta Fe en la presencia continua en nuestra vida, nuestras obras y pensamientos, del Espíritu Santo, “que está con nosotros”, al que hemos de atender para luchar contra nuestros egoísmos, nuestra vanidades y nuestros caprichos sin sentido o seguir la fuerza que el Espíritu nos orienta hacia todo lo que es santo. Si nuestra oración comienza pidiendo, como San Agustín, lo que son nuestras necesidades, diarias u ocasionales y lo vamos haciendo presente con una pequeña jaculatoria “Espíritu Santo ayúdame”, no dudemos de su presencia.

   Feliz día de Pentecostés, con el deseo del Papa León. Que María, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia, interceda por nosotros.

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            Hasta pronto, amigos. Saludos, Miguel Mira

 

 

dimecres, 13 de maig del 2026

¡GALILEOS! ¿QUÉ HACÉIS AHÍ PLANTADOS MIRANDO AL CIELO?

 


            Sabemos cómo en el decir popular “tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”

            También sabemos que allá por el año 90/91 del siglo pasado, tras los acuerdos alcanzados entre la Iglesia y el Estado, por conveniencias de tipo económico, por evitar los largos “puentes” que se sucedía en un corto periodo de tiempo, después de Semana Santa, las fiestas de La Ascensión y la del Corpus Christi pasaron a celebrarse el domingo inmediato siguiente a la fecha tradicional. Es claro que hay localidades donde la tradición se mantuvo por razones históricas y de arraigo irrenunciable, como  por ejemplo en Toledo, se mantiene la festividad del Corpus y se celebra con toda solemnidad. En lo que a nosotros nos afecta, tanto La Asunción como el Corpus los conmemoramos en domingo y este próximo la Iglesia nos señala uno de los días que luce más que el sol.

            Pienso que es interesante recordar cómo en el cap.1 del Libro de los Hechos de los Apóstoles, en el versículo 11, aparecen dos personajes que inquieren a los apóstoles con  esta pregunta ¿Galileos, qué hacéis ahí parados mirando al cielo? Asombrados como estaban ante el hecho que acababan de presenciar, aquellos ángeles les despiertan y animan a moverse como momentos antes les ordenaba el Maestro, como leemos en el Evangelio de San Mateo, cap. 28, versículos 16 al 20 que parta esta festividad nos propone la Iglesia:

            Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verle, le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» 

COMENTARIO,

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

     Mateo nos presenta su catequesis de la despedida de Jesús con unas notas muy interesantes para sus oyentes de entonces y para todos nosotros hoy.

    Hemos de ir con sus discípulos de entonces y quienes queremos serlo ahora. Se nos convoca a Galilea donde se inició la vida pública de Jesús. Vida que se va descubriendo y nos va acercando a la vida de Jesús; nos va enamorando y como Tomas, estamos dispuestos a “dar nuestra vida por Él” (Jn.11:16). En último término Jesús nos enamora.

    Se nos convoca en un lugar concreto, “el monte de las Bienaventuranzas” el estilo de vida de quien se hace seguidor de Jesús y queremos ver su Resurrección, sólo si vivimos el hombre nuevo se nos abrirán los ojos para poderlo ver y hacer que los otros lo vean a través de nuestra vida.

     Vivir las Bienaventuranzas, tiene una que nos da luz en este día “ser limpio de corazón”. San Agustín dice que esta bienaventuranza significa “tener una intención simple. No buscar con el corazón dos cosas”.  “No amar a Dios por interés, sino por Él mismo”. Un corazón sucio es un corazón dividido. Amar a Dios… y también tu vanidad. Eso es doblez de corazón. El corazón se limpia por la fe, “cree para que entiendas, y entenderás para que veas”. La fe te lava porque te arranca del amor egoísta y te clava hasta el Creador. Y su frase famosa “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.

   Al verlo, nos dice San Mateo, se postraron, pero algunos vacilaban, dudaban. Esta es la palabra más importante “dudar”. Siempre irá unida a la palabra “fe”, de tal manera que quien lo tiene todo claro, quien tiene una fe inamovible no es de fiar, es una roca con corazón de piedra, pero no es humano. San Agustín tiene una frase que nos aclara: “Señor te doy mi fe rota, mi sí a medias, mi noche. Haz tú lo que yo no puedo”. El fariseo del Templo es el que no duda y tiene una fe muerta (Lc. 18, 14).

     Nos envía a “hacer discípulos de todos los pueblos… bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles: guardad todo lo que os he mandado (enseñado). “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

    No os dejaré huérfanos, os acompañaré en esa misión a la que os envío. La misión de todo cristiano es “hacer discípulos“ y hoy más que nunca. La muestra son nuestras iglesias que no rebosan de fieles de una cristiandad sociológica; sea como sea, ser discípulo es “enseñar todo lo que el Señor nos ha mandado”.

   Es San Juan de la Cruz quien dará fin a esta reflexión. “El que tiene Caridad, está predicando siempre, aunque calle con la boca. Porque el amor es obras y esas obras dan voces”. El mandato misionero es: “Cristo no se fue, se multiplicó. Ahora vive en ti para seguir bautizando, enseñando y abrazando al mundo desde dentro de cada discípulo”.

    Feliz en este día que “reluce más que el Sol” contemos que Jesús se ha ido a prepararnos sitio donde gocemos eternamente con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; Dios uno y verdadero. Nuestra Madre del Amor Hermoso nos acompañe siempre.

dijous, 7 de maig del 2026

YA VAMOS AGOTANDO EL TIEMPO DE PSCUA

 

Para el Domingo Sexto (A) de Pascua, la Iglesia nos propone el testo de

Juan 14, 15-21

       

        “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y en vosotros estará. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.

Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.

Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.” 

                                                           Comentario,

por D. Joaquín Núñez Morant

        Continuamos en el Cenáculo siguiendo el mensaje que Jesús deja a sus discípulos y a nosotros y a los que vendrán enamorándose de Él. En el texto de este domingo, como los demás, hemos de estar muy atentos, pues como siempre, si lo leemos de carrerilla no nos enteraremos de nada.

     “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.   Leído así, puede ser que nos suene extraño, sobre todo lo de los mandamientos, pero si es San Juan de la Cruz o Santa Teresa los que nos ayudan comprenderemos lo que Jesús nos está diciendo. Para San Juan de la Cruz no es mandato externo, es ley interna del Amado. El amor verdadero produce semejanza. No puedes amar sin hacerte parecido al Amado. Si de verdad amas a Jesús, empiezas a vivir su vida sin darte cuenta. De este modo sí que entenderemos “los mandamientos”.  Podemos releer: “si os enamoráis de mí viviréis mi propia vida”.

    Nos promete otro “defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad”, esa Verdad que es Él mismo. Qué poco experimentamos esta realidad, esta promesa de Jesús, que se nos hace presente y cercana: “no os dejaré solos” o “Cuando están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo…” (Mt.18:20).

     “El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce”; Jesús no lo condena, y nosotros nos hemos de preguntar si somos de ese “mundo”, ¿de verdad lo conocemos?, ¿Sabemos que vive en nosotros y está con nosotros?

    Hoy, lo digo otra vez, dicen que lo católico se pone de moda. Lo católico no es sino enamorarse de Jesús y vivir con Él sus mandamientos. San Agustín nos enseña, comentando este fragmento: Donde hay amor del mundo, no cabe el amor de Dios porque son amores contrarios; los que aman a Jesús lo reciben porque ya lo aman, ya hay relación, ya hay sitio. Es Espíritu, no entra a la fuerza. Entra donde hay ya amor y deseo de Él. En nuestra vida con Jesús no caben mil devociones inventadas por nosotros, ni caben beaterías que solo nos satisfacen a nosotros y con las que creemos comprar a Dios; eso lo hacían los judíos y los que judaízan hoy, queriendo merecer el poder cobrar sus sacrificios, ya despreciados por Dios. “Porque quiero Misericordia, y no sacrificios, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (Os.6:6 y otros muchos textos).

   Concluye este Evangelio con algo tan hermoso como: “el que me ama lo amará mi Padre, y Yo lo amaré y me revelaré a él”. “Esa plenitud de la gracia”, que dice San Agustín, “la que cambia la esclavitud en Caridad, permitiendo al ser humano vivir rectamente y alcanzar la vida eterna.

    Feliz Domingo para todas y todos los que queremos enamorarnos de Jesús para viví su misma vida. Que la Madre del Buen Consejo nos acompañe.