dijous, 19 de febrer del 2026

"MEMENTO HOMO…"

 

            UNA PREVIA:

          Les prometo que a pesar de haber leído y publicado el comentario al Evangelio del Miércoles de Ceniza, este año se me ha venido encima casi sin darme cuenta. Pero ahí estamos; emprendemos el camino hacia la Pascua.

            Desde hace algunos años, aunque en la Colegiata ese rito se celebra en la Misa Conventual, a las diez de la mañana, también se impartía la ceniza en la Iglesia de San Francisco en la vespertina. El Sr. Abad, D. Camilo Bardisa, prefiere no hurtarle las solemnidades a la Iglesia Colegial y anunció que la celebración de la tarde sería, pues, en dicho templo. Aunque el sentir de algunos, yo entre ellos, de entrada pensamos que la asistencia sería mayor en San Francisco, por proximidad y (no lo niego) comodidad, debo reconocer que tal opinión no era acertada. En la Colegiata, ayer, a las siete de la tarde hubo un más que aceptable número de fieles, bendito sea Dios. Incluso pudimos apreciar la concurrencia de algunas familias con sus hijos pequeños. Es una alegría ver que hay algún motivo para el optimismo. Sin duda, Dios proveerá.

            Animada por el coro parroquial, la eucaristía fue concelebrada por el Sr. Abad con un canónigo y el vicario, asistidos por el diácono permanente de cuyo impecable servicio tenemos el privilegio de contar en esta Parroquia de Santa María. Fue gozoso comprobar la larga hilera de personas que se formó para recibir el sacramental así como la comunión. De la homilía de D. Camilo destacaré la idea de que estamos en un tiempo nada triste porque vamos en camino hacia la gran noche de Pascua; esperamos esa Resurrección que ha de animarnos a la conversión, a la reflexión interior, todo ello con una esperanza firme y el ánimo dispuesto a vivir como Jesús nos propone.

            En fin, me complace haber comprobado esa buena respuesta.

            De otro lado, me viene a la memoria aquella fórmula exhortatoria en el  momento de la imposición de la ceniza que pronunciaba el sacerdote antes del Vaticano II: “Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris.”
(“Recuerda, hombre, que polvo eres y al polvo volverás.”), basada en Génesis 3,19.

            Sin embargo, después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, el Misal Romano, promulgado por el papa Pablo VI en 1969, introdujo una segunda fórmula alternativa. Desde entonces, el celebrante puede elegir entre las dos, la tradicional “Memento, homo…" o la nueva “Conviértete y cree en el Evangelio.” (cf. Marcos 1,15), fórmula ésta que es la habitual en nuestro tiempo.

            Así pues, como se comentó en la “entrada” anterior de este blog, con San Pablo (Filipensses, 4,4), repito:

            “Estad alegres en el Señor; os lo repito ¡Estad alegres!”.

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Y ahora vayamos al Evangelio del

 

 

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2026

 

Evangelio según San Mateo, 4, 1-11.

TEXTO

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre.

            El tentador se le acercó y le dijo:

            —Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
            Pero él le contestó diciendo:

            —Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

            Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
            —Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
“Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.”

Jesús le dijo:

            —También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios.”

De nuevo el diablo lo llevó a un monte muy alto y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo:

            —Todo esto te daré si te postras y me adoras.

Entonces le dijo Jesús:

            —Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.”

            Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían.

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

     Todos los años, el primer Domingo de Cuaresma comienza con las mal llamadas “Tentaciones de Jesús en el desierto”. (Mt.4,1-11),  (Mc. 1, 12-13 ) y (Lc.4, 1-13). Este año es Mateo quien nos acompaña.

     Los evangelios no son una narración histórica, sino una gran catequesis, una verdad más real que nos muestra la Verdad misma que es Jesús.

     El desierto es el interior de cada uno, donde uno se encuentra, el silencio y la soledad donde uno se ve y analiza. Es un trabajo difícil y que el cristiano tiene que aprender, sí o sí, del que depende la capacidad de responderse a la pregunta de ¿quién soy yo? Una pregunta que a lo largo de una vida hemos de responder. Eso es lo que significa, en lenguaje bíblico, los Cuarenta opositores, días u horas, igual da.

     Las tres pruebas son las que Jesús supera y nos invita a superar día a día. “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Nuestra relación con las cosas: “no sólo de pan vive el hombre”; con las riquezas y el poder: “no tentarás al Señor tu Dios”; o la relación con Dios: “Al señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” (el Becerro de Oro del desierto). 

     Al presentar a Jesús como modelo, nos invita a nosotros a afrontar nuestras propias pruebas. No olvidemos que el “tentador” somos nosotros mismos, con nuestras propias debilidades, deseos y miedos. Y al “asomarnos al mundo”, vemos que lo que mueve la historia son precisamente esas luchas internas y externas que afrontamos: el deseo de poder, la búsqueda de seguridad, la tentación de poner algo o a alguien por encima de Dios, ignorando a un Dios padre misericordioso y providente. Jesús se presenta como modelo de mansedumbre y humildad de corazón.

     Como catequesis, en los primeros siglos era un tiempo de preparación para los catecúmenos que se iban a bautizar la Noche de Pascua; un tiempo de formación y preparación para entrar en la comunidad cristiana. Es hermoso ver las catequesis que encontramos en distintas comunidades, pero la Iglesia ha ido acentuando más el aspecto penitencial, perdiendo la riqueza de valores teológicos. San Agustín es una fuente riquísima para entender la espiritualidad de la Cuaresma y la Pascua en los primeros siglos.  Sus Sermones y escritos nos ayudan a profundizar en el sentido de este tiempo litúrgico.

    Sus catequesis las encontramos a lo largo de su inmensa obra: Sermones 205-213, sobre la Cuaresma y la preparación de la Pascua. El Sermón 228 , sobre la Vigilia de Pascua y el “Tratado sobre el Evangelio de Juan”, no dudemos que es una gran síntesis de qué es lo más importante para el principio del siglo V. “La Cuaresma es un tiempo de purificación y de conversión… para que lleguemos a la fiesta de la Pascua con un corazón renovado.” (Sermón 205). “Un tiempo para sacudir el polvo de nuestras almas, para limpiar nuestro corazón y prepáranos para la Pascua”. Nos invita a vivir este tiempo con autenticidad, convirtiéndonos, reconciliándonos y acercándonos más a Dios. Para San Agustín la conversión es un proceso continuo. Nos invita a vivir este tiempo de oración, ayuno y limosna, como caminos para acercarnos más a un Dios que nos ama.

    Leer a San Agustín, a quince siglos de distancia, es muy consolador; su estilo está lleno de una alegría esperanzada, sabiendo, por propia experiencia, la paciencia con la que Dios nos ama. Su estilo cuaresmal nos mueve a sabernos salvados, somos sus hijos amados. Quiere que seamos santos, Quiere que seamos libres siendo capaces de superar, como Jesús, las pruebas que tenemos en nuestro camino.

    Feliz primer Domingo de Cuaresma. Hemos de ser como San Agustín, con su misma alegría, con la seguridad de que Dios nos ama. “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y fuera te buscaba”. No busquemos fuera a Dios, lo tenemos dentro. Que María de la Paciencia no lleve de la mano.


diumenge, 15 de febrer del 2026

MIÉRCOLES DE CENINZA

 

CAMINO HACIA LA PASCUA

 

        

Evangelio del Miércoles de Ceniza ciclo A,

Mateo, 6,1-6, 16-18.

Texto:

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

         Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

         Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

         Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para hacer ver a los hombres que ayunan; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

         Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

 

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

    No salimos del “Sermón de la Montaña” y hemos de escuchar o leer con el mismo ánimo de Jesús, con su misma alegría de poder decirnos su mensaje liberador.

    Cuando nos habla de la limosna, la oración y el ayuno, lo hemos de entender igual que cuando nos dice “Sabéis que se dijo, pero yo os digo”, de una forma nueva y no por ley o exigencia, sino como una forma generosa salida del corazón. Jesús nos habla de autenticidad y sinceridad en nuestra relación filial con Dios. Jesús no está diciendo “haz esto o no te salvarás”, sino “no hagas estas cosas para que las vean los demás, hazlas porque realmente quieres estar en comunión con Dios”.

    La Cuaresma en la que entramos este “Miércoles de Ceniza” evidentemente es un tiempo de conversión y renovación, pero no tiene que ser un tiempo de tristeza o austeridad sin más. Jesús nos invita con esperanza y alegría, enfocándonos hacia la misericordia y el amor de Dios. En lugar de centrarnos sólo en lo que hemos de hacer, hemos de acercarnos más a Dios y experimentar su amor.

    El “Sermón de la Montaña (Mt. 5-7), es un discurso clave de Jesús que presenta una visión radical del Reino de Dios que está en contra de la visión tradicional judía de la época, repito, estamos dentro del “Sermón de la Montaña” en el que reinterpreta la tradición judía. Yo diría más, nos hace reinterpretar nuestras Cuaresmas judaizadas, para que las vivamos a la luz de su mensaje de amor y misericordia. Jesús nos habla de una transformación profunda, de un cambio de vida, que trate de coincidir con la suya y salga del corazón.

    El ser humano anhela la libertad, ser libres, y Jesús nos invita a liberarnos de las ataduras del miedo, la culpa y la mediocridad, para vivir una vida plena y auténtica. Nos dice que somos capaces de más, que podemos amar más, perdonar más, siendo semejantes a Él, a vivir más libremente.

    Jesús nos invita a una relación de amor y confianza, no de miedo o de temor; es un cambio de contexto, donde la religión a menudo se ha asociado con la culpa, el miedo y la obligación. Una relación amorosa con Dios en confianza, intimidad y libertad, nos permite acercarnos a Él sin miedo a ser juzgados o rechazados, con la certeza de que somos amados y aceptados con nuestra individualidad.

    El volver a las raíces nos puede ayudar a redescubrir el sentido y la riqueza de la Cuaresma. A veces, la tradición se va cargando de capas y capas de interpretaciones y costumbres. Volver al principio nos permite verlo con ojos nuevos.

    Lo que decimos Cuaresma, en su origen era un tiempo de preparación para la Pascua, un tiempo de catequesis de cara al bautismo de catecúmenos la noche de Pascua, un tiempo de conversión (como decía San Agustín). Era un tiempo para prepararse todos a celebrar el centro de las fiestas cristianas: La Resurrección de Jesús. Para renovar y proclamar la fe y profundizar nuestra relación con Dios.

    Nuestra Cuaresma no puede ser un tiempo de culpa, miedo o negatividad, sino un tiempo de liberación, conversión y encuentro con el amor de Dios. Dejando estilos negativos, hemos de descubrir la belleza y la libertad de seguir a Jesús, de caminar con Él hacia la Pascua; y ello nos mueve a abrazar nuestra capacidad de amar, de perdonar, de servir y de vivir de manera más auténtica.

    Desearos una fructífera Cuaresma, librándonos de la idea de ser un tiempo de culpa, miedo o negación de la vida, sino asumiendo que es un tiempo de liberación, conversión y encuentro con el amor de Dios, de redescubrir la belleza y la libertad de seguir a Jesús, de caminar con Él hacia la Pascua. Que la Madre de Misericordia nos cubra con su manto.            

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         De acuerdo con las reflexiones que magistralmente nos brinda D. Joaquín a continuación, me atrevo a recomendar el carácter de plena y gozosa  esperanza de ese Tiempo Cuaresmal que comenzamos, frente a posturas impostadas o no en apariencias aflictivas; frente a las caras largas, sombrías o tristes. Me atrevo a sugerir, como adición al comentario del páter, el fragmento de Filipenses 4:4: “Estad alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres…”

         Pero, cuidado, en salirnos de contexto: La alegría “en el Señor” no es una emoción pasajera ni depende de que las cosas vayan bien; es una actitud espiritual permanente, fruto de la fe y de la unión con Cristo.

 

         Gracias por vuestra atención. Saludos, Miguel Mira

 

dijous, 12 de febrer del 2026

"PERO YO OS DIGO..."

 

“LA MEDIDA DEL AMOR ES AMAR SIN MEDIDA” 

He querido comenzar con esta cita de San Agustín, esta entrada a la Semana VI del Tiempo Ordinario, en la que nuestro amigo y colaborador D. Joaquín Núñez no regala unas reflexiones que no tienen desperdicio. Leamos, pues, lo que interesa asumir como nuestro propio pensamiento:

 Comentario al Evangelio del Domingo VI, del ciclo A, Mateo 5, 17-37.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. Se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio”. Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

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Quizá muchos crean que ya se ha terminado el Sermón de la Montaña; sin embargo, hoy comentaré, lo que para mí es la parte más importante, como he dicho varias veces. Los que oyen a Jesús se escandalizan y por eso Él dice: “no he venido a abolir la Ley (Mosaica, la del Sinaí, lo más sagrado para los judíos) y los profetas: No he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Jesús lo deja claro, pero creo que no solo los judíos no lo entendieron, pienso que nosotros lo leemos sin saber su radical importancia: el centro del Evangelio, la llave del cielo.

    “Os lo aseguro: si no sois mejores que los escribas y fariseos (que cumplen la Ley y la hacen cumplir) no entraréis en el reino de los cielos.      Pero quien los cumpla y enseñe (Sal y Luz) será grande en el reino de los cielos.  Habéis oído que se dijo (la Ley del Sinaí), pero Yo os digo…”

   Repito lo ya dicho en otro comentario: dos montes, Sinaí y el de las Bienaventuranzas, la voz de Dios (Éxodo, 24, 27-34,) quien se define como “Yo soy el que soy”; y Jesús, cuando nos explica cómo se hace realidad el cumplimiento de la Ley, afirma: “Pero Yo os digo…”. Vemos el “Yo soy” de Dios Padre y el “Yo os digo” de Jesús con autoridad divina.

    ¿Cómo hay que leer los Diez Mandamientos en la Iglesia del Jesús resucitado? Con el lenguaje sencillo de Jesús, pero con una finura de espíritu y una disposición a vivir de manera radical el amor y la misericordia. En esta sociedad descreída estos principios parecen utópicos o incluso débiles. Debemos proponerlos porque son la esencia del mensaje de Jesús y ofrecen un camino hacia la verdadera felicidad, incluso para los no creyentes. Estos mandamientos son un faro que ilumina la oscuridad y ofrece una alternativa a la lógica del poder y la violencia. Son una oferta a vivir de manera diferente, con compasión, misericordia y amor; lenguaje extraño en esta sociedad competitiva y egoísta y con afán de poder, o todo lo contrario, una vacuidad inconsistente en la que nadie ni nada vale la pena, solo interesa su capricho. Hoy la lógica del más fuerte y la violencia solo generan más violencia y destrucción; sin embargo, Jesús ofrece un mundo más justo y pacífico donde no cabe ni la mentira ni la violencia más pequeña, ni la menor sospecha de fraude tan presente entre nosotros.

    Defendemos a voz en grito “Los Derechos del Hombre y del Ciudadano” que ignoramos y olvidamos, desde que la Asamblea Constituyente francesa, en nombre de La Razón, negando la Religión, proclama unos derechos que ni ellos cumplieron y se conculcan todos los días. Para nosotros cristianos no nos sirven, porque Jesús nos enseñó un camino para “pescar”, para  “salvar” a una sociedad que no vive el derecho que se concede a sí misma, pero no cumple. El “pero Yo os digo” de Jesús va más allá de los derechos y las leyes, y nos habla de un amor y una justicia que superan la mera legalidad. El mensaje de Jesús nos invita a un nivel más profundo de relación con Dios y con los demás, un nivel de amor y compasión que no se limita a la justicia legal, sino que busca la justicia del corazón que desborda de generosidad; diremos con San Agustín “la medida del amor es amar sin medida”.

     Feliz Domingo os deseo a, vosotros que queréis superar las leyes humanas y prestar atención a lo que Jesús nos dice: “Yo os digo: no matar, no mentir…”, llevado a sus últimas consecuencias: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”.

        Que la Madre del Amor Hermoso nos enseñe a amar.

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Saludos cordiales, Miguel Mira

Nota.- Quiero hacer constar que con expreso permiso de D. Joaquín Núñez, hay alguna leve corrección de estilo sobre el texto original, y ha sido pasado por el corrector. Reitero el saludo,  Miguel Mira