dimecres, 1 d’abril del 2026

UN COMENTARO y DOS PROCESIONES

 

INTRODUCCIÓN

 

            Al redactar esta entrada, aunque solo he de referirme a dos procesiones, las de lunes y martes de la Semana Santa, por la importancia del Jueves Santo, prefiero dar prioridad al comentario sobre el Evangelio de la “Misa in coena domini” para hablar a continuación de la Santa Cena y de Jesús de la Buena Muerta. Así pues, copio el texto de San Juan 13, del 1 al 15, relativo al lavatorio de pies y el comentario de D. Joaquín nÚÑEZ:

Misa en la Cena del Señor. La Iglesia nos propone el Evangelio de San Juan, 13, 1–15:

            Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la mesa y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿lavarme tú los pies a mí? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros estáis limpios, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo: ¿Comprendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque os he dado, ejemplo para que como yo os he hecho, vosotros también lo hagáis.

 

Comentario

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

    Quizá esperábamos que el Evangelio de hoy fuera la institución de la Eucaristía, del Pan y la Sangre de Jesús; san Juan, sin embargo, nos presenta a un Jesús “manso y humilde” (Mt.11,29), que manifiesta su donación, su servidumbre a sus discípulos. No es un mandato, es un testimonio. “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?”. ”Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy”, “lavaos los pies unos a otros”.

    ¿Creéis que nosotros, seríamos capaces de lavarnos unos a otros, nosotros los que rezamos todos los días, mintiendo y diciendo sin rubor “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”? ¿Lavando con cariño, igual que hace el Señor con nosotros, nuestros pecados, nuestras debilidades y las de los demás?

   A la mesa estaban recostados Pedro que lo negará, Judas que lo traicionará y lo venderá a sus enemigos, Tomás, que pedirá pruebas, y los demás, que llenos de dudas se admiran cuando el Señor se levanta, se quita la ropa y se queda con lo mínimo, como un esclavo que sirve. Los biblistas nos aclaran que Jesús, sin manto, como es lógico, se quita la ropa, la túnica, y queda con el mínimo de ropa, como un sirviente, y se ciñe un lienzo, como toalla, “hecha agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido”.

    Con esa desnudez, los biblistas nos enseñan que “el vestido de bodas que hemos de llevar” (Mt.22,1-14) carece de todo disfraz de bondad o virtudes que no se tienen, total desnudez de la verdad que somos, refiriéndose a esta Verdad que es Cristo y lo que hace con todos: Lavar, redimir, perdonar.

     La reacción de Pedro es un acto de soberbia, como cuando afirmamos que no tenemos pecado, cuando no pedimos perdón, “¿Lavarme los pies tú a mi?“, “No me lavarás los pies jamás”. Él y nosotros somos y seremos lavados por Jesús y aprenderemos a lavarnos unos a otros, “¿setenta veces?, no, setenta veces siete”, siempre que recemos el Padre nuestro y nuestra humildad sea ya capaz de decir con Pedro “no solo los pies, sino también las manos y la cabeza”.

    Terminando el evangelio de este Jueves Santo, el Señor nos advierte: “¿Comprendéis lo que Jesús ha hecho, manso y humilde, como siervo, como el ultimo? Que también decimos: “Señor y Maestro” hemos de limpiar, no solo nuestros pecados y debilidades, sino el de toda la comunidad. Nos hemos de presentar como Él, desnudos, pero desnudos de mentiras, de falsos perdones que los hacemos nuestros, tal y como hace Jesús para redimirnos.

    Hoy ya en el silencio de nuestra oración, si queremos centrarnos para dar gracias al Señor, leeremos el capítulo seis entero, del Evangelio de San Juan, llamado el del “Pan de vida”, donde Jesús afirma ser “el Pan vivo bajado del cielo”, “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. Jesús lo dice con tanta exclusividad que provoca la huida de muchos discípulos.

    Pregunta a Pedro si también ellos quieren irse, Pedro responde: “Señor donde iremos si tú tienes palabras de Vida eterna”.

   Feliz Jueves Santo, que brilla más que el sol. Aprendamos a amarnos lavándonos unos a otros, sabiéndonos pecadores que necesitamos ser lavados, siendo veraces, alcanzado la alegría de quien se sabe amado y sabe amar.

    Que los discípulos que aprendieron a amar y ser amados con María Madre del Amor hermoso, intercedan por nosotros.

***

LUNES SANTO

 

     (Foto de Pere Pau Catena)        

     La Hermandad de la Santa Cena sufragó la eucaristía por la salud de sus enfermos y el eterno descanso de sus difuntos, con buena asistencia tanto de acompañantes como de cofrades, como también la hubo en la Procesión de Penitencia que se celebró después de la Santa Misa. Es de reseñar cómo en la homilía D. Raul Jiménez hizo expresa referencia a San Juan de Ribera, fundador de esta parroquia, enamorado de la Eucaristía y que a todas las parroquias que fundó en zona de moriscos las encomendó al patrocinio de Los Santos Juanes, dándose la feliz coincidencia de que en esta parroquia de Xàtiva, precisamente se honra aquella santa devoción de su fundador con el culto a la Cena del Señor, sagrado momento de la institución de la eucaristía.

       En esta ocasión la procesión recorrió un itinerario que comprendía distintas calles del Barrio Oeste, la mayoría dentro del ya amplio territorio de esta jurisdicción parroquial. También hubo mucha expectación en distintos puntos, pero… ¡hubo sorpresa!. Al pasar por la calle de La Beata Inés, cerca del puente, la procesión hubo de parar. Desde un balcón, alguien lanzó tres huevos sobre el trono, aunque solo uno, alcanzando el hueco de respiración del conductor, vino a impactar sobre su cabeza. Rápidamente, avisada la policía, dos números de la local acudieron y subieron al  piso de donde había partido el lanzamiento, lógicamente para instruir las oportunas diligencias. Si se trató de una gamberrada, mal está; pero, en cualquier caso, esperemos que ni pase de ahí ni vuelva a suceder acción tan incivil, denigrante y absurda. Después de unos minutos de espera, se reanudó el acto penitencial, volviendo hasta la sede con la presidencia formada como de costumbre, asistida del Sr. Cura Párroco y acompañada por la representación de la Hermandad de Cofradías, siendo la banda de música de Rotglá-Corberá la que cerró el cortejo.

    Acabo esta crónica apesadumbrado al tener que publicar una insensatez (si es que solo fue eso) y lamentando que de vez en cuando la incultura y/o la falta de educación y respeto muestren su zarpa.


**

MARTES SANTO

Procesión de Penitencia de la Cofradía de Jesús de la Buena Muerte y  Nuestra Señora de la Esperanza

            Pienso que el esfuerzo que realiza la Junta Directiva con la necesaria colaboración de devotos y cofrades, no tiene equivalente respuesta el día emblemático del Martes Santo desde que se recuperaron para su veneración en la Parroquia de La Merced las imágenes que la familia Molina guardó después de la muerte de su promotor. No me resulta fácil escribir esta breve reseña sobre el desfile procesional de anoche, martes 31 de marzo; pero es mi compromiso informar desde esta modesta ventana sobre nuestra Semana Grande.

            Comenzó puntualmente la complicada y delicada salida

de los tronos, formando la procesión al resonar de los tambores de la Cofradía del Santísimo Ecce Homo, esta vez sin vesta pero con el logo de la asociación estampado discretamente sobre camisa negra. Tras los pendones, alrededor de sesenta fieles con cirio, el precioso trono de Cristo crucificado con las imágenes de la Madre, San Juan y la Magdalena, que a nadie dejan indiferente.

 

 Detrás, seis de las señoras de la Cofradía y dos directivos, formaban el acompañamiento de respeto. Sin solución de continuidad, una veintena de cofrades con vesta precedían el no menos hermoso trono de Nuestra Señora de la Esperanza, que también llevó acompañamiento de respeto de otras seis señoras a las que seguían presidente, clavariesa y el Padre Bruno en la presidencia principal. No haré más comentario. 

 

La procesión discurrió con la seriedad, respeto, orden y devoción debidos, siendo para mí, personalmente, una satisfacción que las marchas procesionales fueran interpretadas por la banda de La Nova.

            Eso sí: es de agradecer que la cofradía cuide con el requerido celo el desfile y, en especial la correcta formación de los cofrades con vesta.

            Como uno en los actores en aquellos hechos que permitieron la recuperación de las imágenes, me emociono al rezar una breve oración a su paso y pido para que Cristo y la Madre de la Esperanza nos cuide y conserve esta tradición expresiva de nuestra fe y que nos la aumente.

    Saludos cordiales, M.  Mira 

***************

(Fotos de Rafa Blesa)