diumenge, 15 de febrer del 2026

MIÉRCOLES DE CENINZA

 

CAMINO HACIA LA PASCUA

 

        

Evangelio del Miércoles de Ceniza ciclo A,

Mateo, 6,1-6, 16-18.

Texto:

         En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

         Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

         Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

         Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para hacer ver a los hombres que ayunan; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

         Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

 

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

    No salimos del “Sermón de la Montaña” y hemos de escuchar o leer con el mismo ánimo de Jesús, con su misma alegría de poder decirnos su mensaje liberador.

    Cuando nos habla de la limosna, la oración y el ayuno, lo hemos de entender igual que cuando nos dice “Sabéis que se dijo, pero yo os digo”, de una forma nueva y no por ley o exigencia, sino como una forma generosa salida del corazón. Jesús nos habla de autenticidad y sinceridad en nuestra relación filial con Dios. Jesús no está diciendo “haz esto o no te salvarás”, sino “no hagas estas cosas para que las vean los demás, hazlas porque realmente quieres estar en comunión con Dios”.

    La Cuaresma en la que entramos este “Miércoles de Ceniza” evidentemente es un tiempo de conversión y renovación, pero no tiene que ser un tiempo de tristeza o austeridad sin más. Jesús nos invita con esperanza y alegría, enfocándonos hacia la misericordia y el amor de Dios. En lugar de centrarnos sólo en lo que hemos de hacer, hemos de acercarnos más a Dios y experimentar su amor.

    El “Sermón de la Montaña (Mt. 5-7), es un discurso clave de Jesús que presenta una visión radical del Reino de Dios que está en contra de la visión tradicional judía de la época, repito, estamos dentro del “Sermón de la Montaña” en el que reinterpreta la tradición judía. Yo diría más, nos hace reinterpretar nuestras Cuaresmas judaizadas, para que las vivamos a la luz de su mensaje de amor y misericordia. Jesús nos habla de una transformación profunda, de un cambio de vida, que trate de coincidir con la suya y salga del corazón.

    El ser humano anhela la libertad, ser libres, y Jesús nos invita a liberarnos de las ataduras del miedo, la culpa y la mediocridad, para vivir una vida plena y auténtica. Nos dice que somos capaces de más, que podemos amar más, perdonar más, siendo semejantes a Él, a vivir más libremente.

    Jesús nos invita a una relación de amor y confianza, no de miedo o de temor; es un cambio de contexto, donde la religión a menudo se ha asociado con la culpa, el miedo y la obligación. Una relación amorosa con Dios en confianza, intimidad y libertad, nos permite acercarnos a Él sin miedo a ser juzgados o rechazados, con la certeza de que somos amados y aceptados con nuestra individualidad.

    El volver a las raíces nos puede ayudar a redescubrir el sentido y la riqueza de la Cuaresma. A veces, la tradición se va cargando de capas y capas de interpretaciones y costumbres. Volver al principio nos permite verlo con ojos nuevos.

    Lo que decimos Cuaresma, en su origen era un tiempo de preparación para la Pascua, un tiempo de catequesis de cara al bautismo de catecúmenos la noche de Pascua, un tiempo de conversión (como decía San Agustín). Era un tiempo para prepararse todos a celebrar el centro de las fiestas cristianas: La Resurrección de Jesús. Para renovar y proclamar la fe y profundizar nuestra relación con Dios.

    Nuestra Cuaresma no puede ser un tiempo de culpa, miedo o negatividad, sino un tiempo de liberación, conversión y encuentro con el amor de Dios. Dejando estilos negativos, hemos de descubrir la belleza y la libertad de seguir a Jesús, de caminar con Él hacia la Pascua; y ello nos mueve a abrazar nuestra capacidad de amar, de perdonar, de servir y de vivir de manera más auténtica.

    Desearos una fructífera Cuaresma, librándonos de la idea de ser un tiempo de culpa, miedo o negación de la vida, sino asumiendo que es un tiempo de liberación, conversión y encuentro con el amor de Dios, de redescubrir la belleza y la libertad de seguir a Jesús, de caminar con Él hacia la Pascua. Que la Madre de Misericordia nos cubra con su manto.            

***

         De acuerdo con las reflexiones que magistralmente nos brinda D. Joaquín a continuación, me atrevo a recomendar el carácter de plena y gozosa  esperanza de ese Tiempo Cuaresmal que comenzamos, frente a posturas impostadas o no en apariencias aflictivas; frente a las caras largas, sombrías o tristes. Me atrevo a sugerir, como adición al comentario del páter, el fragmento de Filipenses 4:4: “Estad alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres…”

         Pero, cuidado, en salirnos de contexto: La alegría “en el Señor” no es una emoción pasajera ni depende de que las cosas vayan bien; es una actitud espiritual permanente, fruto de la fe y de la unión con Cristo.

 

         Gracias por vuestra atención. Saludos, Miguel Mira