dijous, 7 de maig del 2026

YA VAMOS AGOTANDO EL TIEMPO DE PSCUA

 

Para el Domingo Sexto (A) de Pascua, la Iglesia nos propone el testo de

Juan 14, 15-21

       

        “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y en vosotros estará. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.

Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.

Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.” 

                                                           Comentario,

por D. Joaquín Núñez Morant

        Continuamos en el Cenáculo siguiendo el mensaje que Jesús deja a sus discípulos y a nosotros y a los que vendrán enamorándose de Él. En el texto de este domingo, como los demás, hemos de estar muy atentos, pues como siempre, si lo leemos de carrerilla no nos enteraremos de nada.

     “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.   Leído así, puede ser que nos suene extraño, sobre todo lo de los mandamientos, pero si es San Juan de la Cruz o Santa Teresa los que nos ayudan comprenderemos lo que Jesús nos está diciendo. Para San Juan de la Cruz no es mandato externo, es ley interna del Amado. El amor verdadero produce semejanza. No puedes amar sin hacerte parecido al Amado. Si de verdad amas a Jesús, empiezas a vivir su vida sin darte cuenta. De este modo sí que entenderemos “los mandamientos”.  Podemos releer: “si os enamoráis de mí viviréis mi propia vida”.

    Nos promete otro “defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la Verdad”, esa Verdad que es Él mismo. Qué poco experimentamos esta realidad, esta promesa de Jesús, que se nos hace presente y cercana: “no os dejaré solos” o “Cuando están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo…” (Mt.18:20).

     “El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce”; Jesús no lo condena, y nosotros nos hemos de preguntar si somos de ese “mundo”, ¿de verdad lo conocemos?, ¿Sabemos que vive en nosotros y está con nosotros?

    Hoy, lo digo otra vez, dicen que lo católico se pone de moda. Lo católico no es sino enamorarse de Jesús y vivir con Él sus mandamientos. San Agustín nos enseña, comentando este fragmento: Donde hay amor del mundo, no cabe el amor de Dios porque son amores contrarios; los que aman a Jesús lo reciben porque ya lo aman, ya hay relación, ya hay sitio. Es Espíritu, no entra a la fuerza. Entra donde hay ya amor y deseo de Él. En nuestra vida con Jesús no caben mil devociones inventadas por nosotros, ni caben beaterías que solo nos satisfacen a nosotros y con las que creemos comprar a Dios; eso lo hacían los judíos y los que judaízan hoy, queriendo merecer el poder cobrar sus sacrificios, ya despreciados por Dios. “Porque quiero Misericordia, y no sacrificios, y conocimiento de Dios más que holocaustos” (Os.6:6 y otros muchos textos).

   Concluye este Evangelio con algo tan hermoso como: “el que me ama lo amará mi Padre, y Yo lo amaré y me revelaré a él”. “Esa plenitud de la gracia”, que dice San Agustín, “la que cambia la esclavitud en Caridad, permitiendo al ser humano vivir rectamente y alcanzar la vida eterna.

    Feliz Domingo para todas y todos los que queremos enamorarnos de Jesús para viví su misma vida. Que la Madre del Buen Consejo nos acompañe.