dimecres, 14 de gener del 2026

ESTE ES EL CORDERO DE DIOS...

 

            Volvemos al Tiempo Ordinario y vamos a poder reflexionar cada domingo sobre las lecturas correspondientes al CICLO A. Este próximo es el II del año y el Evangelio es de San Juan y, de éste, tomamos el pasaje del Cap. 1, versículos 29 al 34, y dice lo siguiente:

 

Puede incluir: Una pintura enmarcada representa una figura con túnicas blancas sosteniendo un cordero blanco. La figura tiene cabello castaño largo y barba, con una luz suave y cálida que ilumina la escena. El fondo presenta un campo de hierba alta. 

           

“Al día siguiente, vio Juan a Jesús que venía hacia él y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Después de mí viene un hombre que es antes de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio, diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se quedaba sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.”


COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

            El Evangelista San Juan fue antiguo discípulo de San Juan Bautista y es quien más habla de él. Hoy nos da la ocasión de descubrir su personalidad, pero sobre todo su carisma y misión en la historia de la salvación. Hoy no nos habla el evangelista del bautismo, nos presenta al Bautista con la hermosa misión de quien anuncia “al Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”.

     Con toda humildad reconoce que solo es su testigo. Nos va narrando quién es Jesús y quien es él. Aquí el evangelista pone en sus labios palabras hermosas, no como precursor sino como testigo de quién es Jesús. Debido a una fama que va teniendo entre la gente, los saduceos del Templo de Jerusalén le envían a preguntar si él es el Mesías, mucho más de acuerdo con la Ley que Jesús. “Yo no soy el Cristo, yo bautizo con agua (aquí san Juan Evangelista lo deja claro), pero en medio de vosotros está uno que no conocéis que bautiza con el Espíritu Santo”.

    El evangelio nos narra el encuentro de Jesús y proféticamente lo define como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Juan comienza a decir que no lo conocía, quiere decir que esperaba un Mesías guerrero, poderoso y el Jesús que está delante de él no tiene nada que ver con la imagen que él, como profeta, se ve obligado a definir como “Cordero que quita el pecado del mundo”, más allá del pueblo Judío, pues cuando San Juan escribe su evangelio, el cristianismo ya se ha extendido por todo el Imperio (años 90-100).

     Juan Bt. “conoce a Jesús”; la gran pregunta hoy es: ¿conocemos nosotros a Jesús como aquel que quita el pecado del mundo? Estamos en una sociedad que ni es capaz de conocerse a sí misma, ni es capaz de conocer a tantos que esperan ser reconocidos. Nadie puede amar a quien no conoce. Hoy se regala el nombre de “Amigo” a uno que encontramos sin conocer quién es; da igual, dentro de nada se olvida si no interesa.

     Ser “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” recuerda para el pueblo de la época “la sangre que salvó a los judíos de la muerte en Egipto”. Y para nosotros, que nos sabernos lavados en su sangre, y, por tanto, que nuestro bautismo lo es en el Espíritu Santo, nos compromete a enseñar que Jesús es “Hijo de Dios” con nuestra propia vida. Se nos consagró en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, haciéndonos sacerdotes, profetas y reyes.

     Feliz domingo a todos/as. Aunque en el 2º domingo ordinario hemos leído a San Juan, ya estamos siguiendo el curso normal del ciclo A con San Mateo. Que María nos lleve de su mano a conocer y amar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

  

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            Como suelo hacer los segundos domingos del mes, cuando la santa misa la anima Cáritas, la acción de gracias que se propone y que no tiene desperdicio, me apetece publicarla para que la asumamos como  nuestra. Esta semana última se leyó la siguiente:

 

            Padre bueno: tú a ti que nos has revelado a tu Hijo Amado te pedimos que derrames tus gracias sobre nosotros para que le podamos conocer cada día más y, así, seguirlo e imitarlo, para tener por medio de Él la vida que Tú nos das.

 

            Señor Dios nuestro: tú que nos has dado la gracia del bautismo, ayúdanos a vivir de acuerdo con nuestra fe para que nuestra vida sea reflejo de lo que creemos y podamos dar testimonio de ti.

 

            Señor Jesús: Tú, el Hijo amado del Padre, que has venido a revelarnos el amor desbordante de Dios, te pedimos que derrames en nosotros tu Espíritu Santo para que nos identifiquemos contigo, asumiendo tu estilo de vida, amando, perdonando, ayudando, pasando por la vida haciendo el bien, como Tú hiciste.

 

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Si Dios quiere, seguiremos en la brecha. Un abrazo. Miguel Mira

 


dimecres, 7 de gener del 2026

ESTE ES MI HIJO EN QUJIEN ME COMPLAZCO...💗💗💗

EL BAUTISMO DE JESÚS

 

            Este próximo  domingo la Iglesia conmemora un hecho extraordinario: el Bautismo de Jesús en el Jordán que narran los tres sinóptico, si bien en esta ocasión leeremos a San Mateo.  Es el  momento en el que se manifiesta la Trinidad: el Hijo (Jesús), el Espíritu Santo (en forma de paloma) y la voz del Padre. Estamos en  desde San Mateo 3,13-17, cuyo esto es el siguiente:

            Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él.
            Pero Juan se le oponía, diciendo: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”
            Jesús le respondió: “Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia”. Entonces Juan consintió.
            Apenas fue bautizado Jesús, salió del agua; y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él.
             Y una voz del cielo decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

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Comentario

Por D. Joaquín Núñez Morant

             La riqueza del fragmento del evangelista San Mateo, llamado del Bautismo del Señor, se oscurece por una tradición que subraya un hecho circunstancial, que en realidad carece de importancia, cuando resulta, en realidad, ser de la máxima consideración.

            Si nos asomamos a la escena,  veremos una larga fila de personas que motivadas por la predicación de Juan el Bautista quieren recibir un bautismo de Purificación, muy común en las religiones de oriente, pero que no es mandamiento de una ley judía.

             La frase “No he venido a llamar a justos sino a pecadores”, como afirma Jesús en (Mt.9,12-13), (Mc.2,17), (Lc.5, 31-32), es central, como vemos que repiten los sinópticos. Partiendo de ese axioma, Jesús se mezcla en un grupo de gentes quienes se consideran pecadores, a quienes la sociedad judía consideraba “impuros”. Es un escándalo que Jesús se mezcle con esos “pecadores”, y, sin embargo, Jesús vemos que trata con Misericordia e inclusión, más que en juicio, más que juicio y exclusión.

            El bautismo de Juan llama a conversión al ponerse Jesús en la fila es para identificarse con los pecadores y mostrar su solidaridad con ellos, cosa que no es extraña, porque la  vemos a lo largo de los evangelios y que nos sirve a nosotros de ejemplo para ser más acogedores y menos juzgadores, sobre todo con aquellos que buscan la conversión o la renovación.

            Este bautismo colectivo purificador, al margen de la Ley judía, es el momento clave que marca el inicio del ministerio público de Jesús y que tiene el gran aval de la revelación de la Santísima Trinidad.

            La Iglesia Católica, al celebrar el bautismo de Jesús, considera que lo más importante no es el bautismo, lo más importante es: “Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él”; item más: “Y vino una voz de los cielos que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”.

            Vemos que este bautismo de purificación es meramente una circunstancia y no lo trascendente. Fijémonos en que Dios no escoge, igual que en  el nacimiento, un momento solemne en un marco más sagrado para consagrar el inició de la Misión de Jesús, escoge un lugar, el Jordán,  en medio de un rito ajeno a la Ley, toda una intención de la que Jesús dará testimonio a lo largo de su vida evangelizadora.

            Lo más importante es, pues, que el plan de Dios se inicia entre pecadores a los que quiere redimir por amor, celebrando un rito ajeno a la Ley, como es, como ya hemos visto, un bautismo de purificación, pero donde Él se introduce porque es el único que les/nos purifica por amor de Padre.

            Pero el hecho, visto en su globalidad, realmente, es una Teofanía relatada por los tres sinópticos y siempre en imperativo.

            Sí, podemos recordar nuestro propio sacramento bautismal, reiniciar con Jesús cuál es la voluntad de Dios nuestro Padre, no para juzgar, sino para cooperar a la salvación de nuestros hermanos.

            Feliz domingo con el que cerramos el tiempo navideño, que antes duraba hasta el día dos de febrero, festividad de María Candelaria. Ella nos encamine a la Luz verdadera.

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Con afecto, Miguel Mira 

dissabte, 3 de gener del 2026

DIOS SE MANIFIESTA ANTE EL MUNDO POR SU HIJO

 

            Corresponde en la liturgia d la festividad de la Epifanía la lectura el pasaje del Evangelio de San Mateo 2,1-12, que narra la visita de los Magos de Oriente al niño Jesús. Este es el texto (según la Biblia de Jerusalén):

             Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos Magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo.”

            Al oír esto, el rey Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén.
            Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y les preguntó dónde había de nacer el Mesías. Ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, ni mucho menos, la menor entre los principales clanes de Judá, porque de ti saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo, Israel.”
            Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos y se informó por ellos cuidadosamente sobre el tiempo en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, les dijo: “Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño, y cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo.”
            Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que se detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría.
Entraron en la casa, vieron al niño con María su madre y, postrándose, lo adoraron; luego abrieron sus cofres y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su país por otro camino.”

Comentario

Por D. Joaquín Núñez Morant

             La Fiesta y Solemnidad de hoy queda oscurecida por la Fiesta de los Reyes Magos de Oriente cargados de regalos, si bien, no obstante, es un día cargado de una gran riqueza teológica y misionera, tal como la Iglesia Bizantina nos presenta el día de la Epifanía del Señor, la fiesta navideña equivalente a nuestra Navidad.

     Los bizantinos no nos narran una historia, más simbolistas y teólogos, sacan toda la riqueza de la Encarnación y venida de Jesús a la tierra.

     En las catacumbas del Vaticano hay una lastra (lápida funeraria) del siglo III, siglo martirial por excelencia, donde al decir de los entendidos, es la primera representación de nuestro belén occidental o latino, “Un trono donde se sienta una Madre con su Hijo, vestido con ropas de emperador adulto, en sus rodillas, y tres personajes vestidos con ropas orientales y con atributos de sabios, lo que se puede interpretar como una “Madre de un Hijo, Dios, adorados ambos por la gentilidad”, los pueblos de Oriente (no hay tiempo de más explicaciones).

            En las Iglesias de Oriente se admira una gran “Theophania” o “Manifestación de Dios” en la que se conmemora el bautismo de Jesús en el río Jordán, en el que se manifiesta la Trinidad, en la que el Padre habla desde el cielo, el Hijo es bautizado y el Espíritu Santo desciende en forma de paloma. Y se manifiestan Jesús como Mesías y su divinidad. Los bizantinos continúan enseñándonos la bendición del agua, lo que nosotros celebramos en la noche de Pascua, que significa, la purificación y renovación espiritual. A mayor riqueza, celebran a Jesús, Él, la “Luz del mundo” (Jn. 8:12), decorando con velas toda la iglesia, lo que la Iglesia Católica hace la noche de Pascua. Bizancio celebra el día seis de enero el gran acontecimiento de la venida de Cristo, condensando todo su valor teológico para orientar todo el año con la gran esperanza de vivir con las palabras del Padre, la vida de Jesús, con la asistencia del Espíritu Santo. 

     La fiesta de la Epifanía ya se celebraba en la Iglesia de Occidente. Si nos dejamos informar por San Agustín, el Santo Padre de la Iglesia, la celebraba, siendo Obispo de Hipona. La adoración de los Reyes Magos, es un símbolo de la iglesia universal. Los Magos buscan al Rey recién nacido con humildad para ofrecerle la totalidad de sus riquezas, de sus personas, no con regalos pasajeros, sino con sincera donación de sí mismos. San Agustín celebraba esta fiesta afirmando la universalidad de la Iglesia, donde se manifiesta la paternidad y redención de toda la Creación; lástima que hoy todo sea una distracción que nos hace olvidar la densidad teológica y festiva de quien encuentra un Tesoro que nos dice: “Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida, soy la Luz del mundo” (Jn.8:12) “que he venido para que todo aquel que crea en mí no camine en tinieblas”.

     Feliz día de Reyes, día de nuestra adoración al Rey de reyes, para ofrecerle las riquezas de nuestra pobreza a Él que nos hace ricos de sus riquezas, Que María, pobre y humilde, nos acoja bajo su manto misericordioso.

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LA PRÓXIMA ENTRADA SERÁ LA DEL bAUTRISMO DEL sEÑOR EN EL JORDÁN 

Con mis mejores deseos, Miguel  Miras