dimecres, 28 de gener del 2026

LAS BIENAVENTURANZAS

 El sermón de la montaña

 

            Saludos, amigos lectores. Semana tras semana, podemos detenernos unos momentos para gozar de las enseñanzas de Jesús. Hoy son las Bienaventuranzas el objeto del comentario de nuestro buen amigo y colaborador D. Joaquín Núñez Morant sobre el texto en este Domingo IV del Tiempo Ordinario, tomado del Evangelio de San Mateo, Cap. 5, 1-12 a; y en él leemos: 

            “Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

            «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. 

Comentario 

            Este fragmento del evangelio de San Mateo siempre me ha hecho pensar; desde que en un cursillo de Sagrada Escritura, sobre “Macariología”, que es el estudio de las Bienaventuranzas, el profesor nos hizo notar que le primera bienaventuranza “Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”, está en presente, mientras que las demás bienaventuranzas están en futuro “serán consolados”. Luego la suma de todas las bienaventuranzas son la pobreza espiritual, son la descripción de lo que significa pobre de espíritu. Todas ellas son formas de “pobreza” que nos hacen depender de Dios y nos abren la puerta al Reino de los Cielos.

     El “Pobre” es Cristo mismo y las bienaventuranzas son una llamada a imitarlo. Nos llama a seguirlo en esa “pobreza”, en el sentido de la entrega total a Dios y a los demás.

     El “Sermón de la Montaña” es como un nuevo Sinaí, donde Jesús, el nuevo Moisés, da una nueva Ley, no para anular la antigua, sino para llevarla a plenitud: “se os dijo…, pero yo os digo” es como un eco de la autoridad divina de Jesús, que viene a revelar el verdadero sentido de la Ley. Jesús toma los mandamientos del Sinaí y los radicaliza, llevándolos a un nivel más profundo. No se trata de vivir la letra, sino de vivirla desde el corazón.

     Las bienaventuranzas son como el pórtico del Sermón de la Montaña, pero el núcleo, el corazón del sermón, está en lo que sigue: “Sabéis que se dijo…, pero yo os digo”. Todas ellas las encontramos en citas del Antiguo Testamento; la originalidad de Jesús es concentrarlas en el “pobre” de la primera que las condensa todas. Esa pobreza es tan rica que tiene muchos aspectos: pobreza de poder, de dinero, de sabiduría y de todo aquello que se ambiciona en la vida, sin lo cual uno no es nadie. Sin embargo, hay otra pobreza. San Agustín explica cuál es la pobreza espiritual, o en el espirito, o escogida como bien absoluto. Él refiere a la humildad, a la total dependencia de Dios. Lo más importante de la pobreza es una actitud del corazón. Es un poner las cosas materiales en su sitio y desapegarnos de aquello que nos posee y domina para ser ricos de Dios. Ricos de Dios es estar en relación con Él y vivir su propia vida. En las “Confesiones” afirma que esta pobreza es el camino hacia la verdadera libertad y la felicidad; en ella, somos señores de las cosas y no esclavos de éstas.

    Con esa libertad nos hemos de acercar a lo que Jesús no dice: “Sabéis que se dijo…, pero Yo os digo”. El que no es libre no puede dar respuesta a “Oísteis que se dijo a los antiguos: No matarás. (la Ley de Moisés) y cualquiera que mate será culpable de juicio. Pero Yo os digo: que cualquiera que se enoje contra su hermano, será condenado por el tribunal; y el que llame “imbécil” a su hermano será condenado por el sanedrín; y el que le diga “necio” será condenado al infierno de fuego. (Mt. 5).” Aquí, Jesús enseña una finura de espíritu, una pobreza espiritual que no puede sentir, mejor, es incapaz de sentir odio o desprecio hacia los demás, sino que es algo tan grave como el asesinato. Jesús nos llama a vivir con una finura de espíritu, con corazón puro y una actitud de amor y respeto hacia los demás.

             Jesús con gozo nos dice: “Así seréis sal de la tierra” “Seréis Luz del mundo”, “Así debe brillar ante los ojos de los hombres, que vean vuestras buenas obras y así alaben al Padre que está en los cielos”. (Concluye Mt 5,13-16). Resumiendo con dos palabras: Vencer nuestro ego y tener los mismos sentimientos de Cristo. (Flp.2,5-8).

            Feliz Domingo cuarto del tiempo ordinario. Como veis, estamos entrando poco a poco en el Evangelio de Mateo, se nos conduce desde la elección para ser “pescadores”, salvadores, y hoy se nos convoca a cómo ser Sal y Luz en la Tierra.

Advocaciones Marianas Agustinas - Agustinos Perú

 Que la Virgen del Buen Consejo nos acompañe.

Joaquín Núñez Morant 

 

 

dilluns, 26 de gener del 2026

EL MIEDO DE NURIA

 

Una entrevista interesante

Foto de Enrique 

Con D. Enrique Bonete Perales

Catedrático

 

            Como saben, acabado el forzoso internamiento a causa de la pandemia, el primer Pregón de la Semana Santa se celebró en 2022 en la Iglesia de San Francisco, pronunciándolo  Don Enrique Bonete Perales, catedrático de Filosofía Moral de la Universidad de Salamanca, aunque es oriundo de L’Alcudia de Crespíns, nos fue recomendado por nuestro amigo Rvdo. D. Juan Aguilar, a quien Dios haya, y amigo de quien fuera Abad de la Colegiata D. José Canet.

            Por razones que ahora no vienen al caso, se mantiene entre nosotros una buena amistad y, de vez en cuando, comparte conmigo alguna de sus publicaciones. Recientemente presentó en Valencia su último e interesante libro “Querido profe, me invaden las tinieblas” 

            El pasado día 20 de enero, “La Vanguardia” publicó una entrevista, que D. Enrique ha tenido la amabilidad de enviarme por whatssApp, que he leído y, la verdad, aunque trata de una cuestión de la que normalmente solemos huir, me parece de vital importancia, porque nos compromete en algo que, queriendo o sin querer, en algún momento de duda o de ansiedad, preocupados, entiendo que incita a la reflexión.

            La base de la entrevista es el citado libro. Quiero compartirla con vosotros, amigos lectora de este modesto blog.

 

            -“En enero del 2017 recibí un correo de Nuria, una alumna que haa

tenido en clase de ética diez años

atrás. Ahora tenía 33 años, le haan

diagnosticado un ncer de colon de pronóstico grave.

-¿Qué quería?

-Recordaba mis clases de tanatoética, haa

guardado y releído los apuntes, y me dijo que le ayudaban porque estaba muy angustiada.

-¿Qué le respondió?

-Escríbeme cuando quieras y yo te responderé. Le conté que estaba escribiendo un libro

que le sorprendería, “El morir de los sabios”.

-¿Sobre cómo mueren los filósofos?

-Sí. Me pidió que fuera compartiendo con ella lo que escribía. A partir de ase fue entablando una relación cada vez más íntima, al

mismo tiempo que intelectual.

-Eso implica una gran responsabilidad.

-Muchísima. En algún momento me habló del

suicidio. Yo le respona siempre desde la luz

de los filósofos. Después de esos intercambios,

no volvió a mencionarlo.

-¿Qué le contó?

-Le hablé de Schopenhauer, que dea que no

deamos temer a la muerte porque es como dormirse, perdemos la conciencia.

-¿La convencía?

-Lo discutíamos. Ella tenía nico a desaparecer.

Entonces hablábamos de Montaigne: el

miedo nace del apego al yo, a los bienes, a los

afectos. Vivir es ir despidiéndose.

-¿Era creyente?

-No, pero tenía mucho interés. Hablamos de

Unamuno, de la posibilidad de que, si Dios existe, haya otra vida.

-¿Qué decía ella?

-“Ojaeso fuera verdad, profe”. Ahí se estableció

una inquietud, un anhelo. Me dea:

“¿Y usted cree en la resurrección de Jesucristo; eso es posible?”. Tenía muchísimas dudas

y cuanto s frágil estaba, más inquietudes.

-La filosofía les llevó a una honda relación.

-Yo le explicaba con sinceridad lo que creo, y ella sus dudas profundas sobre el futuro que

le esperaba. Fue una conexión que aún me

conmueve… y también me alegra.

-Explíquemelo.

-Me alegque, de un modo providencial, pudiera

escribirme con ella. Nos respetábamos

en un diálogo entre una chica que no es filósofa y un filósofo, una atea y un creyente. Estoy

convencido que al final tuvo serenidad.

-Eso ¿Por qué?

-“Ya no tengo tanto miedo a la muerte, profe –me dea–. No sé si Dios existe o no, pero en

todo caso, si existiera habría otra vida; y si no,

no tengo miedo a nada, ha merecido la pena”.

-¿Por algo en concreto?

-Se reconcilió con sus padres. Se sintió querida. Arregló cosas pendientes.

-Hay correos estremecedores...

-Mucho. “Profe, me invaden las tinieblas y tengo miedo. Disculpe mi pesimismo; a veces

Ahoga, especialmente durante las noches

cuando me siento sola, desprotegida, rodeada de un silencio inquietante”.

-Se lo sabe usted de memoria.

-Durante una época los releí de manera obsesiva: “en realidad se podría decir que la oscuridad

mental es algo así como mi estado s

duradero. Una constante compañera”.

-Te deja sin habla.

-Y sigue: “Por eso busco la luz y la fortaleza moral de los sabios que usted tanto estudia. Sin sus correos, profesor, estaría perdida”. La filosoa puede ser una terapia real. Epicuro

dea: “Vana es la palabra del filósofo que no cura el sufrimiento del alma”.

-El miedo a la

muerte se puede serenar. Pensamos que moriremos de viejos.

-Claro, como Nuria, pero mueren a diario bes,nos, jóvenes. Vivimos inmersos en la finitud.

-Pero nosotros solo queremos no sufrir,

estar tranquilos y que no nos pase nada.

-Exacto, es un deseo letimo, pero no es real. La filosoa

nos enseña a integrar la muerte en la vida. Es extraño, pero cuanto s se piensa en la muerte, más se aprovecha la vida; y cuanto menos se piensa en ella, más insatisfechos.

-¿En esencia?

-Hay que vivir el presente amando. Todo lo des

es secundario. La felicidad consiste en

hacer el bien sabiendo que en cualquier momento

podemos morir. Mi alumna me dea:

“Profe, cuánta ran tenía neca”.

-¿A qué se refería?

-“Me he pasado la vida proyectando sobre el futuro y no he sabido vivir el presente. No he

sabido vivir, profe. ¿Y ahora qué?”.

-¿Usted pensaba que se curaría?

-Sí, pero ella sentía que no. La muerte es una maestra. “¿Qué es lo s importante de la vida?”, nos pregunta. Al morir lo sabemos: haber amado.

Un a dejé de recibir sus correos,

insistí, pero nunca contestó. Murió. El silencio fue sobrecogedor. Le dediqué “El morir de

los sabios”.

-¿Y usted cómo lo vivió?

-Leía sus correos y lloraba. Era obsesivo. Estuve

a punto de destruirlos, pero los guardé y

prometí no volver a leerlos. Recé mucho por ella, se meten mi alma.