dimecres, 12 d’agost del 2026

LA MUJER CANANEA Y LOS PERRITOS...

 

    Evangelio del Domingo XX del tiempo ordinario ciclo A. Mateo 15, 21-28, correspondiente al episodio de la fe de la mujer cananea:


 Texto

       “Jesús salió de allí y se retiró a la región de Tiro y de Sidón.

En esto, una mujer cananea, que salía de aquellos contornos, se puso a gritar:

—«¡Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió ni una palabra. Sus discípulos se acercaron y le rogaban:

—«Atiéndela, que viene gritando detrás de nosotros».

       Él respondió:

—«No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel».

       Ella se acercó y se postró ante él, diciendo:

—«¡Señor, socórreme!».

       Él le contestó:

—«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

       Pero ella dijo:

—«Sí, Señor; pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos».

       Entonces Jesús le respondió:

—«¡Oh mujer, grande es tu fe! Que se cumpla como deseas».

       Y desde aquella hora su hija quedó curada.”

***

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

     El pasaje de la “Cananea” es muy hermoso, y como siempre, encierra un mensaje para siempre, ya que su tesis es la universalidad de la fe en Jesús, sea del país que sea. Jesús lleva a sus discípulos y con ellos a nosotros y aquellos “que tienen poca fe” (Mt.15,31) o piden “Auméntanos la fe (Lc.17,5).

   Es una parábola en la que la Cananea manifiesta su fe en el “Hijo de David”, un título mesiánico en quien han de creer los discípulos y nosotros. Un título en boca de una mujer pagana, a cuyo pueblo los judíos llaman “perros”, por no tener dioses, como no sean el oro y las riquezas. Tiro y Sidón, dos ciudades de un pueblo comerciante como eran los fenicios, un pueblo sincretista politeísta que no cree en nadie.

   La Cananea, Jesús, sus Apóstoles y nosotros: A la fe se llega por medio del Amor: Dios es Amor. Una madre cuyo amor por su hija enferma recurre con Fe a Jesús, quien puede curarla. Todo el texto usa conceptos que solo los judíos usan, como es el concepto de demonio, como consecuencia del pecado, ¿qué pecado podía tener una niña? Jesús nos enseña, aquí y en otros pasajes evangélicos, que el pecado no es causa de ninguna enfermedad. Mateo escribe para su comunidad judeocristiana y para tanta creencia entre nosotros que se pregunta, judaizando, qué hemos hecho ante una desgracia o contrariedad.

   Lo que si que hemos de estar atentos por las palabras de Jesús, que traduce los pensamientos de sus Apóstoles y los nuestros. Ante tanta insistencia, por parte de aquella mujer, los apóstoles le dicen a Jesús que “la atienda, que viene detrás gritando”, que se quite de en medio; Como tantas veces hacemos nosotros con los extraños, con los que no son de los nuestros. Jesús responde como un buen judío diría, no él, “sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. Eso es lo que creen sus apóstoles, la comunidad de Mateo y muchas veces nuestras comunidades exclusivistas; mucho más en movimientos de espiritualidades mancas de lo que predica Jesús, pensando que así se salvan de malas influencias.

    Jesús dice en voz alta, lo que afirman los judíos y piensan sus discípulos, creer otra cosa es una blasfemia: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Pero el Amor hace inteligentes a quienes lo esperan todo de Dios “Tienes razón Señor; pero también los perrillos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”.

    La mujer se integra en la casa donde los amos tienen, como de la familia, unos perrillos que participan de la comida que comen los hijos. Jesús no llama a la Cananea “perra” Kyon, sino como se considera la mujer, Kinárion: diminutivo afectuoso como perrito o cachorro doméstico. Es la respuesta más genial de aquella mujer que ama y se siente amada por Jesús.

    Feliz Domingo en que el amor de una madre ha encontrado al que es Camino, Verdad y Vida. Que nuestra Madre nos enseñe a amar como Ella amó a Jesús.

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Con afecto, quedo hasta la próxima entrada, cuando estamos en plena novena de la Virgen. Ella nos guarde. Miguel Mira 

 

dissabte, 8 d’agost del 2026

REINA, MADRE, AMPARO DE ESTE PUEBLO...

 

            Queridos amigos: ya inmersos en este mes de agosto, precedido por tanta alerta y ya veremos lo que venga detrás, si Dios lo quiere, y con todo y con eso, hoy, día seis, debo salir de mi zona de confort y dedicar aunque sea unas pocas líneas a las festividades ya pasadas: San Félix (o Sant Feliu, como queráis) y nuestra patrona.

            Ya hace un par de años que no me atrevo a subir a la ermita el día 1 porque he de hacerlo a pie. Mi DNI es longevo y, la verdad, mi espíritu de sacrificio, bueno, digamos de actividad física está de bajada ¿O será pura comodidad? No quiere ello decir que me olvide de nuestro santo; tal vez es como quien vive en casa y lo tratas de diario; pero desde que me conozco en uso de razón, ciertamente la devoción de Xàtiva por Sant Feliu no es tan firme como debiera, no como para echar cohetes de alegría, desde luego. Siendo yo muy joven, fue el abad D. Juan Vayá, quien con la ayuda de Rafael Soler (de la fábrica de bolsas de las hermanas Alfonso) y un grupo de jóvenes impulsamos el reinicio de las mañanas del día 1º de agosto, a las ocho, celebrando la santa misa en el antiguo templo visigótico para tomar un refrigerio después en el atrio. Vicente Gil, también fallecido como aquellos promotores montaba un tenderte a la puerta de la vivienda de los caseros, donde no faltaban los bocadillos, los refrescos y hasta el granizado de limón. Aquellos primeros años y mientras vivió Soler, éste sufragaba el almuerzo de algunos ancianos acogidos en el asilo, desde donde, acompañados por dos hermanitas, acudían a la misa y al desayuno. A  las siete de la mañana ya sonaba el primer trueno de aviso desde el Bellveret y al finalizar la eucaristía no faltaba la traca. Entonces acudía a la ermita mucha gente, entre ellos, Luís Martí Cuerpo con su fiambrera bien provista de un excelente guiso de caracoles que compartía con quien lo quisiera probarlo… Cuando Vicente Gil dejó de montar el tenderete, este menester lo asumió el Grupo de Juniors Corimbo, de la colegiata; las madres se ocupaban de preparar las tortillas de patata para rellenar los panecillos; y las ganancias (pocas) se destinaban a gastos de campamento. Pero, poco a poco, cambiaron aquellas renacidas costumbres. Hoy día se mantiene la tempranera dedicación a nuestro patrono, pero… ¿para qué decirles? Ya saben. La gran mayoría nos mantenemos en la zona de confort. Otros nos hacemos mayores y tenemos excusa, como yo tal vez. ¡Ah! Algunos años organizamos procesión del Santo; pero hubimos de desistir. Este año, se mantuvo la romería con las cañas, que se inició con el Abad Canet y en la misa de la tarde, en San Francisco, con poca asistencia por cierto, el Sr. Abad, al referirse a la celebración en la ermita, comentó que la participación fue buena y hubo representación de distintos colectivos. Sé que asistió el Sr. Alcalde y algún concejal, y el Grup de Dances, al acabar la eucaristía ofreció una breve dançà dentro del templo y luego algunos asistentes sí que se quedaron en el exterior a tomar su bocadillo.  Y también el Sr. Abad repartió unos impresos comprensivos de la historia de nuestro patrón, al igual que por la tarde los ofreció en Sant Francesc y no dudo que en la Misa Conventual haría lo propio y ello es de agradecer.    Ciertamente, San Félix, ¡qué poco caso te hacemos los setabenses! Por favor, no nos lo tengas en cuenta.

            Los días se suceden indefectiblemente y, así, llegamos al día 4. En la eucaristía, previa al tradicional rosario, la asistencia no sé si decir discreta, nada más y algunos me di cuenta que no se quedaron al rezo posterior. Se le dio solemnidad a la santa misa, con participación del coro interparroquial, con Marta Gironés al órgano. Después, su sobrina Marta nos ofrecería con su excelente voz el sólo en las estrofas del himno. Claro es que el propio coro cantó los misterios de gloria. El Sr. Abad dedicó su homilía, como era lo propio, a ensalzar las virtudes de la Mare de Deu de la Sèu, pero me llamó la atención aquella parte en la que puso de manifiesto cómo no podíamos compararla con aquellos santos, cada uno de los cuales es conocido por sus métodos, por unos hechos concretos en su entrega a Dios; sin embargo, de María no podemos destacar ninguno porque ninguno encontramos en los evangelios; pero lo cierto es que en ella concurren todos. María ha de ser, pues,  nuestro referente por su indiscutible hágase, por su demostrado amor hacia nosotros.         

            Ya saben que por la noche el concierto acostumbrado corrió a cargo de La Nova, siguiendo la Ronda a  la Verge con la tradicional actuación del Grup de Dances que atrae a un  buen número de espectadores. Ciertamente, lo hacen bien.

            La Misa de las Camareras, a las ocho de la mañana, como siempre, concurrida. La M isa Solemne a las doce, también. Concelebraron los sacerdotes de la ciudad, presididos por el Sr. Arzobispo a quien acompañaban el Sr. Abad, D. Camilo y el Sr. Abad de Gandía.

            Es de agradecer el esfuerzo del coro interparroquial que nos brindó una excelente actuación, superando claramente la del día anterior en el rosario, incluida la interpretación del himno del maestro Ramírez la soprano solista Mónica Grau Gironés.

            El Sr. Arzobispo comenzó su sermón en valenciano. En esas primera parte, se entretuvo, insistente, en recordarnos que somos adjudicatarios de una riquísima herencia de amor y de fe, herencia que es núcleo de un pueblo que ama y se siente amado, herencia que ha llegado hasta hoy cuando ese pueblo ha llenado la Seo y herencia que estamos obligados a transmitir a nuestros hijos y a nuestros nietos. La segunda parte, en castellano, tuvo un sabor más teológico, aunque se sostuvo sobre los mismos pilares: el amor y la fe, instándonos a profundizar en la entrega a los demás, como María; y acabó en castellano con el reto inevitable a ser consecuentes con esa fe y ese amor.

            Terminada la  Misa, se nos pidió que nos sentáramos y tomó la palabra el Sr. Abad para expresar los agradecimientos de rigor y sorprendernos cuando nos presentó a uno de los sacerdotes concelebrantes, hijo de Xàtiva recién ordenado. No retuve bien el nombre pero creo recordar el apellido Samit. Sí que puedo concretar que, seguidamente, se le entrego a Juan Pablo Tomás Pérez el nombramiento como párroco de San Pedro, que sustituye a D. José Estellés después de diecinueve años en ese ministerio. También se le entregó a Javier Francés Aparicio su nombramiento como vicario de la colegiata, y, finalmente, a

Joan Enric Pasqual i Tomás, su destino como párroco de Vallés y de Barxeta aunque sigue como vicario de la Seo.

            Ya he comentado el canto del himno, cuyas primeras notas me cuesta siempre vocalizar porque se me forma ese nudito emocional en la garganta que no puedo evitar.

            Rubrico este resumen reiterando el agradecimiento al coro y la colaboración del grupo instrumental de La Vella, grupo que si mal no recuerdo comenzó a prestar su magnífica colaboración en tiempos del recordado amigo Melchor Peropadre, a quien Dios haya, y sucedido desde hace unos años por Paco Roca.             

    


    De la procesión, tengo poco que contar. De no ser por la asistencia de las Señoras Camareras y la nutrida participación de las representaciones falleras, daría pena. La asistencia de fieles, escasa. En cuando a la organización, hubo momentos de verdadero sinsentido; y un último apunte. Detrás de la Junta Local Fallera desfiló un  número de jóvenes que en principio no sé qué hacían allí. Es claro que a la gente no se le puede pedir que se vistan de chaqué, pero siendo como eran reina de la feria, damas y acompañantes masculinos, alguien debió decirles que según lo que representes has de asistir a los actos en que participas. En mi opinión aquellos y aquellas jóvenes, a mí me parecieron un pegado postizo.

            La procesión acabó muy tarde y la Virgen fue recibida con unos breves fuegos de artificio, la clásica traca que sube a la altura del campanario y el aplauso de quienes la esperábamos dentro del templo colegial.

            Mare de Deu de la Sèu, fins l’any venint si Deu vol.

            Saps, no obstant, que jo et veig quasi tots els dies en Sant Francesc i no deixe de demanarte que pregues per nosaltres!

            Afectuosamente, Miguel M ira

(Fotos, Lola Novella) 

 

dijous, 6 d’agost del 2026

¡NO TENGÁIS MIEDO!

 

Comentario al Evangelio de Domingo XIX del tiempo ordinario, ciclo A. Mateo 14, 22-33.

 

            Comenzamos leyendo el texto del evangelio:

Jesús camina sobre el agua

 

            En seguida Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

            Después de despedir a la gente, subió a la montaña a orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca ya estaba muy lejos de la tierra, azotada por las olas, porque el viento le era contrario.

            A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el mar, se asustaron creyendo que era un fantasma, y se pusieron a gritar de miedo.

            Pero Jesús les habló en seguida, diciendo:

—¡Ánimo! Soy yo; no tengan miedo.

Entonces Pedro le respondió:

—Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre el agua.

            —Ven —le dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir la fuerza del viento, tuvo miedo y, como comenzaba a hundirse, gritó:

—¡Señor, sálvame!

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

—Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. Y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo:

—Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.

***

D. Joaquín Núñez comenta:

    
    “Jesús después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar”. Eso nos anuncia algo muy importante, si Jesús ora es para que el Padre le dé fuerzas, para algo grande.

   A la cuarta vigilia, nos dice Agustín, viene andando sobre el mar; viene cuando parece que ya es tarde, para mostrar que Él domina la naturaleza.

   Mateo no nos trae ningún milagro de cura, no hay nada que coincida con la “notas mesiánicas”, “los cojos caminan, los ciegos ven etc.”. En Marcos y Lucas casi todos los signos son para sanar a alguien. Aquí no. El signo es para los discípulos, para probar su fe.

   Asistimos a una Epifanía de Jesús; este Evangelio no lo podemos separar del Domingo anterior, allí vimos como los Apóstoles no saben solucionar el hambre del gentío, primero dicen a Jesús que se los quite de en medio o que solo tienen cinco panes y dos peces, como excusa, y es Jesús quien soluciona el problema.

   ¡Hombres de poca fe!. Jesús en este Evangelio quiere dar confianza en Él, sabe que lo querían pero no terminan de descubrir que es Dios, que si se le sabe pedir con profunda Fe y con amor tiene poder absoluto. A los suyos les va a enseñar quien es El; pero este Evangelio se proclama para aumentar nuestra Fe y nuestra confianza. A veces Jesús calma la tempestad del mar, pero para nosotros lo más importante es que calme nuestras tormentas del alma. Como Jesús, ante nuestra tormentas, hemos de hacer lo que Él, retirarnos a orar, confiar en Él y clamar como Pedro: “Mándame ir a ti”. Como Pedro, somos débiles y dudamos y nos hundimos y diremos insistentemente “Sálvame Señor que perecemos”.

    San Agustín ve en este pasaje a la Iglesia como una barca. Para él la barca es la Iglesia y el mar es el mundo. La noche es la vida presente sin Jesús visible. El viento, las tentaciones y persecuciones. Pedro, dueño de la barca, de nosotros, duda  y este Evangelio nos enseña qué vamos a hacer, con Él hemos de gritar
¡Señor sálvame!. Agustín nos dice: Esa es tu fe, cuando flaquea grita. Aunque tengas poca fe, si gritas a Cristo Él te alargará la mano.

    El Evangelio nos ha dicho que, “…se les acerco Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndolo andando sobre el agua se asustaron y gritaron de miedo, pensaban que era un fantasma.” Es algo lógico, ellos pensaban que el mar era el lugar de la muerte y el caos. San Mateo está hablando para judeocristianos y usa sus creencias. Jesús les dice “Animo, soy Yo, no tengáis miedo”. Pedro somos todos nosotros, creemos que tenemos Fe pero nuestros miedos, dudas, hacen que, como él, nos hundamos, nos acobardemos. Con toda humildad hemos de decir: ¡Señor, sálvanos!. Otros quedarán con sus dudas, fruto del orgullo.

    Cuando Jesús sube a la barca se calma el mar, con todo lo que significa, Jesús nos da su mano y nos libera.

   San Agustín nos dice a todos “Entonces comprendieron que el que les había dado pan en el desierto era el mismo que caminaba sobre el mar. El mismo que alimenta es el mismo que domina la muerte”. Tenemos pocos panes y tenemos mucho mar, tibieza, soledad, viento en contra. Pero tenemos a Jesús el de la multiplicación de panes y el de la Teofanía. No nos pide tener mucho. Nos pide poner lo poco que tenemos en sus manos y gritar cuando nos hundamos.

     Feliz Domingo, en el que hemos de descubrir nuestra fe y confianza en Jesús que nos ama y nos salva. Que nuestra Madre del Buen Consejo nos acompañe.

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            La próxima, muy próxima entrada la dedicaremos a las fiestas patronales . Saludos cordiales, Miguel Mira