dimecres, 2 de setembre del 2026

CUANDO DOS O MÁS...

                 Cuando dos o más estéis reunidos en  mi nombre...

            Queridos amigos: aquí tenéis el tema de la semana: Corrección fraterna; el poder de la misericordia; la oración en común y la presencia de Jesús entre nosotros…

            Evangelio del Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, ciclo A

San Mateo 18, 15-20

Texto

            «Si tu hermano peca, ve y corrígelo a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que por boca de dos o tres testigos se resuelva todo asunto. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

            Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

            Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

            El Evangelista escribe a su comunidad judeocristiana unas normas de conducta, las que Jesús está dando a sus seguidores para siempre. Venimos viendo, desde aquel pasaje de “Salió el sembrador a sembrar”, que no hay milagros de sanaciones y, en último término, de limpieza de pecados, según la manera de pensar de la cultura judía. Todo lo contrario: aquí Jesús habla a los de dentro, enseñándoles cómo han de vivir en comunidad. El cristiano está llamado a vivir con otros cristianos, en ayuda mutua y en enseñanza común.

            Leyendo este Evangelio, pensaba en san Agustín, a quien cito mucho. Como obispo, reúne grupos, lo que hoy podríamos llamar parroquias, de todo tipo: personas que quieren de verdad ser y crecer en la vida cristiana. Agustín no escribe una regla ni funda una orden. Pero, a lo largo de sus escritos y según las necesidades de su comunidad, nos va diciendo cómo ha de ser una comunidad cristiana.

            Y el Evangelio de este domingo nos presenta tres cosas muy concretas:

  • Primero, la corrección fraterna.
  • Segundo, el atar, vincular y perdonar con amor.
  • Tercero, la oración en comunidad.

            San Agustín nos dice: “No corrijas para humillar; corrige para ganar. Si lo pierdes, ya no lo corregiste: lo mataste.” La corrección cristiana no pretende hacer daño ni demostrar que uno tiene razón. Busca ganar al hermano. Corregir es un acto de amor cuando se hace desde el deseo sincero de que el otro vuelva al camino del Evangelio.

El segundo punto es el de atar y desatar, que nos asombra porque son las mismas palabras que Jesús dirige a Pedro y que ahora aparecen concedidas también a la comunidad. Los escrituristas, y menos aún los teólogos, no siempre comentan este versículo con amplitud, quizá porque puede crear problemas. Pero aquí Jesús da a toda la Iglesia algo que anteriormente había dado a Pedro. ¿Y qué significa atar y desatar? Atar es discernir aquello que no va de acuerdo con el Evangelio; es poner un límite por amor. Desatar es perdonar, acoger y dar otra oportunidad.

            San Agustín lo expresa de una manera muy hermosa: “La Iglesia ata con la disciplina y desata con la misericordia.”

            No puede existir una verdadera comunidad cristiana sin estas dos cosas: la verdad y la misericordia. Una comunidad que solo corrige puede convertirse en dura y juzgadora. Una comunidad que solo perdona, sin discernir ni poner límites, puede terminar aceptándolo todo. Jesús nos pide las dos cosas: firmeza en el Evangelio y misericordia con el hermano.

            Y llegamos al tercer punto: la oración en común.

Sin oración común no hay verdadera corrección ni verdadera autoridad cristiana. Primero nos ponemos de acuerdo con Él y después entre nosotros. Porque Jesús no nos deja solos para atar y desatar, para corregir y para hacer comunidad. Él mismo nos lo dice: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

            Como vemos, san Agustín casi no inventó nada: hizo comunidad con el Evangelio.

            ¡Qué bueno sería que nuestras comunidades, nuestras parroquias, tuvieran el fermento suficiente para ser un verdadero reflejo de este Evangelio!

Nos apartamos de él cuando no corregimos y, en cambio, criticamos o calumniamos. Eso no es corregir para ganar al hermano: es desatar la comunidad, romper los vínculos que deberían unirnos.

            Nos reunimos en las Eucaristías, en las misas dominicales, y parece que somos una misma cosa, que estamos unidos y desatados de todo aquello que nos separa. Pero incluso entre hermanos y feligreses que queremos ser ejemplares aparecen la vanidad, el orgullo y tantas actitudes que, como dice san Agustín, terminan deshaciendo la comunidad.

            Seguir lo que dice Agustín hoy es soñar con algo hermoso. Y digo Agustín, gran pecador, vanidoso, excelente orador y, sobre todo, converso. Precisamente por eso se nos hace cercano. Ha pensado una pastoral evangélica para su comunidad y nos la ofrece desde su propia humanidad.

            Agustín es humano. Es humilde y cariñoso con los suyos, pero también valiente con aquellos que pueden hacer daño a su comunidad. Nos enseña:        “Corrige al que yerra como te gustaría ser corregido: con dolor, no con rabia; para ganar un hermano, no para perderlo.”

            En nuestras parroquias no es frecuente la oración común con una intención concreta por los distintos asuntos de la parroquia, por sus necesidades o por las personas que necesitan nuestra ayuda.

            Y, sin embargo, deberíamos recordar: “Antes de tratar los asuntos, tratemos con Dios, porque si Él no está en medio, estamos solos.”

            Si Dios no está en medio de nuestra comunidad, podemos convertirnos en una organización más, en una ONG, en un grupo de personas que hace cosas buenas. Pero no por eso seremos necesariamente una comunidad cristiana.

            Por eso, en este domingo, no busquemos que la parroquia nos quiera a nosotros. Amemos nosotros a la parroquia, amemos a nuestros hermanos, y tendremos comunidad.

            Que la Madre del Buen Consejo nos enseñe a corregir con amor, a perdonar con misericordia, a mantenernos unidos y, sobre todo, a poner siempre a Cristo en medio de nosotros.

Que María nos ate al Evangelio y nos haga uno en el Uno, que es Cristo.

Feliz domingo.

***

            Estamos ya en septiembre. Todavía, no obstante, el calor sigue afincado y, a veces, nos enerva; pero ni nuestra fe ni nuestro sentido del discernimiento, de la responsabilidad, de mancomunidad están de vacaciones. Pienso que el ser consecuentes no se puede ejercitar a plazos, ya sea tórrido el verano o gélido el invierno; para el cristiano siempre es primavera, naturalidad, sencillez, proximidad, disponibilidad, entrega. Se nos ha dicho aquello de atar, desatar corregir, perdonar…, etc.; y sigo pensando otra cosa que también sabemos, pero suele pasar desapercibida: Dios que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti. Pues eso. Esta comunidad nazarena ha de ser ejemplo en el cumplimiento de aquello que hoy de manera tan clara no propone San Mateo, sabiendo como sabemos que somos más de dos o tres los que nos reunimos en nombre de Jesús y que tenemos su palabra de que está junto a nosotros. Es de bien nacidos ser agradecidos. Bendito seas Jesús porque no has pedido al Padre que nos saque del  mundo, sino que nos libre del mal y por estar siempre a nuestro lado.

            ¡Ah! Y siempre sin reproches en cualquier incidencia: Suaviter in modo, fortiter in re”: Es el resumen de la primera parte del evangelio…

            Un cordial saludo, Miguel Mira                      

 

 

 

dimecres, 26 d’agost del 2026

¿DE QUÉ CRUZ HABLAMOS...?

 

Domingo XXII del tiempo ordinario ciclo A.

 

            Santo Evangelio según San Mateo, 16, 21-27.

 

            “Desde entonces comenzó Jesús a decir a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer  mucho de los ancianos, de los sacerdotes y de los escribas; y ser muerto y resucitar al tercer día.

            Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti mismo; que no te acontezca esto de ninguna manera.

            Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Eres mi tropiezo, porque no poner las cosas en la mira de Dios, sino en las de los hombres.

            Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida la perderá; y todo el que pierda su vida por mi causa, la hallará. Porque ¿de qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo y pierde su alma? ¿O qué recompensa obtendrá el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su padre con sus ángeles y entontes pagará a cada uno según sus obras”.

 

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

  El domingo pasado concluía el Evangelio con la siguiente frase “Y les mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.” Este mandato aparece en otras citas evangélicas. Nos sirve incluso para nosotros, ¿Sabemos qué entendemos por Mesías? Aquellos judíos, incluso los apóstoles, tenían un concepto muy claro sobre el Mesías, hijo de David. El restaurador del Reino. Dominador de los romanos. Una idea distinta de lo que en realidad era Jesús.

“Tu eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”, afirmación inspirada por Dios.

   Jesús va explicando su destino en Jerusalén donde padecerá mucho por parte de los ancianos un tradicionalismo que concentra todo el poder que esclaviza al pueblo; el Templo es un lugar de pacto económico donde se compran los favores de Dios, un Dios terrible que juzga y castiga. Una idea que está presente entre nosotros, cuando judaizamos. Contra los Sumos Sacerdotes a los que les desmonta el negocio, los que recogen el dinero de los cepillos, con monedas purificadas que venden los cambistas a cambio de las monedas impuras romanas de curso legal.

   Jesús dice a sus discípulos “debo ir a Jerusalén” donde está el centro del poder, un poder perverso, tanto de los judíos como de los romanos, cambiar todo tipo de poder, origen de muerte, de guerras y de injusticias. Iniciar unos tiempos nuevos, frente a los viejos que son tiempos de egoísmo; un tiempo en el que quien posee riquezas es porque está bendecido por Dios. Allí, a manos de la estrategia, estructura social, “ha de sufrir, ser muerto”, pero ese no es el final, el final será victorioso, “al tercer día resucitará”. ¿Qué significa al tercer día?, no es una medida de tiempo, significa: “inmediatamente después”. El seguir a Jesús, que es Camino, Verdad y Vida, sólo se puede seguir con la fe en Él. Nadie de nosotros tiene experiencia de qué es resucitar.

   Ante estas ideas, Pedro le dice falto de fe, “No lo permita Dios”. Jesús lo dice y nos dice a cuantos pensamos en una Iglesia donde lo más importante es el “como siempre”, en el “antes era más bonito”, en una Iglesia acomodaticia para tener paz con todos, en el no molestar “ejerciendo la caridad”, “Apártate de mí Satanás”; es porque no rezamos bien el Padre nuestro cuando decimos “venga a nosotros tu reino” y “ hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”.

    “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Qué difícil nos suenan estas palabras de Jesús; creemos que negarnos a nosotros mismos es algo extraño a nosotros, la Cruz somos nosotros, nuestros egoísmos, nuestras cobardías, nuestros miedos, descubrir quiénes somos en realidad, sacudiéndonos lo que nos ata, la Cruz no nos la da  Dios, Él nos ayuda a arrastrarla. Cuántas veces nos han cargado cruces de otros insoportables, o nos las hemos inventado nosotros, víctimas de espiritualidades que ignoran el amor de Dios. Dios solo quiere humildad y mansedumbre, incluso para consigo mismo. Ahora entenderemos cuando Jesús nos dice: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará”. Una frase que significa: cuando uno ama como Dios nos ama, olvidando nuestro egoísmo, nos reflejamos con el mismo amor que Dios nos tiene, somos quienes de veras hemos de ser.

   Para san Agustín, la frase de Jesús es una profunda lección de interioridad y desapego. Sostiene que el verdadero amor a uno mismo consiste en “odiarse” a uno mismo en este mundo, es decir, negar nuestros deseos egoístas, aquello que nos despersonaliza. Es purificar nuestro yo real para, por amor de Dios, ser quien en realidad somos. (el tema lo trata en muchos de sus sermones).

 ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su alma?. Esta frase convirtió a San Francisco de Borja, conversión que valió para aprobar por el Papa Pablo III (el papa Farnesio) la Compañía de Jesús.

    Feliz domingo, olvidémonos de nosotros mismos, eso que nos costaría mucho de definir, para encontrarnos en el amor de Dios. Que la Virgen del buen consejo nos lleve de su mano.

Nuestra Señora del Buen Consejo

            Dice D. Joaquín que “nos costaría mucho de definir olvidarnos de nosotros mismos para encontrarnos  en el amor de Dios” De definir no creo que nos cueste nada, porque ya lo hemos oído unas cuantas veces y abemos de qué se nos está hablando. Pienso que lo que nos cuesta es de asumir consecuentemente con la fe que decimos profesar.

            Me uno a la invocación a la Virgen del Buen Consejo, en súplica de que nos dé la capacidad de atención y  discernimiento y que esta palabra que se nos ofrece caiga sobre terreno fértil y no “com si sentirem que plou”.

            Un propósito: como ayer (lunes 24 de agosto) se decía en el evangelio de San Mateo cuando Bernabé  le preguntaba irónicamente a Felipe si de Nazaret podía salir algo bueno: que seamos capaces de hacer lo mismo que Felipe y proclamar delante de quien quiera que nos interpele aquello de ¡Ven y verás!

            Hasta la próxima. U n abrazo, Miguel Mira  

dimecres, 19 d’agost del 2026

TU ES PETRUS...

 ...et super hanc petra edificabo eclesiam mea...             

  Saludos, queridos lectores. Esto próximo domingo leeremos en la Santa Misa, nuevamente, a Mateo, y nos ayudará a reflexionar sobre su evangelio nuestro amigo y colaborador, el padre Núñez. Aquí tenéis el texto:

    Evangelio del Domingo XXI, ciclo A, tomado de San Mateo 16, 13 – 20 

            “Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

-Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?

            Ellos contestaron:

-Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías y otros que Jeremías o alguno de los profetas.

            Él les preguntó:

-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

            Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

-Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

            Jesús le respondió:

-¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora yo te digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que atares en  la tierra, atado quedará en el cielo; y lo que desatares en la tierra, desatado quedará en el cielo.

            Y les mandó estrictamente a los discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías”.

 COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

     ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Es la pregunta que Jesús hizo a los discípulos y que hoy nos hace a todos nosotros.

   Aquí y entonces caben muchísimas respuestas; muchas nos las han hecho y las hemos rechazado. Cabría preguntarles a los distintos grupos que conviven en la Iglesia, y a los movimientos de conversión rápida que afirman lo que les emociona, y se da entre los jóvenes.

   Tenemos un decorado donde acontece la pregunta en Cesrea de Filipo, Filipo el hijo predilecto de Herodes.  Cesarea de Filipo, una región rica donde nacen las fuentes del río Jordán, zona de gran abundancia, dentro de Israel, donde se da lo propio de las zonas ricas: vicios y pecados, y lo más grave, todo tipo de idolatrías, una sociedad incapaz de pensar, galileos como los discípulos, semejante a la sociedad vacua en la que vivimos.

      El domingo pasado la Cananea proclamaba su fe en Jesús, en tierra de Tiro y Sidón, hoy en Galilea  hay respuestas que miran al pasado, pero ninguna al futuro. Una pagana proclama su fe por amor; unos galileos que cumplen la letra de la Ley y ni saben ni esperan saber.

     “¿Y vosotros quién decís que soy Yo?”.

   La misma pregunta de entonces a sus discípulos nos la hace hoy a nosotros. Es posible que todos digamos, con el Catecismo, lo que contesta Pedro: “Tú eres el Mesías el Hijo del Dios vivo”.

    A Pedro el Señor le dice “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás…, eso te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo!”.

    Jesús dice a Pedro “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificare mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará”. Esta frase es central y muchas veces mal interpretada. Normalmente, estas dos Piedras no son una masculina y otra femenina, en griego “Petros” es una piedra cualquiera, “Petra” es la Roca, es Jesús mismo. San Pablo (en la carta a los Efesios, Cap.2:20) establece que la Iglesia se cimenta sobre los Apóstoles y profetas, teniendo a Jesucristo como la Piedra angular y fundamento principal. Este versículo destaca a Jesús como la base inamovible que sostiene toda la estructura eclesial. De los Apóstoles y profetas recibimos sus enseñanzas inspiradas, pero la Roca es Cristo Jesús. Esta frase de San Pedro es fundamental en la iniciación cristiana (I Pe. 2,4-5).

   “Te daré las llaves del Reino de los cielos, lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el Cielo”.

     Si lo entendemos como potestas nos equivocaremos, tal como se ha interpretado durante mucho tiempo; el Papa se autodefine como Siervo de los Siervos de Dios. Estamos seguros de que el Papa León XIV nos da ejemplo de ello y tiene como lema la oración de Jesús al Padre “Que todos sean uno, como tú y yo somos uno” (Jn.17:21). La misión del Papa es confirmar en la Fe y defender la unidad sobre todas las cosas. Así ata lo que es ortodoxo y une, y desata lo que es falso y heterodoxo y que puede desunir y dividir la Iglesia.

            Feliz domingo. Jesús nos pide que seamos uno los que nos apoyamos en Él, la Piedra angular. A ser siempre unificadores, uno en Cristo. La Madre del Amor Hermoso nos dé su mano.

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    Hasta pronto, amigos. Miguel J. Mira 

 


dissabte, 15 d’agost del 2026

En la Asunción, en Xàtva y con rosas...

     Así comenzaba lel poema que mereció la Flor Natural en los Juegos Florales de esta ciudad. Y el día de La Asunciòn escribo esta entrada, al término de la Novena a la mare de Deu de la Seu.

***

 

 MARE de Déu de la Sèu, MISERICORDIA!

         Aquel clamor unánime del pueblo setabense obtuvo la gracia, y el lirio de María transmitió salud y esperanza a la acosada y dolorida sociedad sufriente por la peste en 1.600. Contaban también mis abuelos, que se lo oyeron decir a sus padres, que en otra ocasión (ya en el s. XIX) los afectados por el cólera eran tantos que al camposanto entraban a carretadas.

        Gracias a Dios y a su santísima Madre, aquellos históricos episodios quedan ya lejos; no hace tanto, han sucedido otros, pero no podemos pararnos en comparaciones si hablamos de cuestiones higiénico-sanitarias. Como Ricardo de la Vega puso en boca de D. Hilarión, las ciencias han adelantado una barbaridad. Tampoco son ahora los tiempos de La Verbena de la Paloma por mucho que la música del maestro Bretón se recuerde y nos agrade.   Pero quizá no debamos hablar de epidemias, más bien lo que parece envolvernos es un extraordinario número de plagas, de signos variados y, en general, secularizantes.

        En verdad, al escribir esta entradilla para el blog estoy pensando en el novenario a la Virgen de la Seo. Ya comenté recientemente la indiferencia generalizada hacia el culto a nuestros Patrones, pero quizás olvide que comentarlo es como un clamor en el desierto, ya que este absentismo rampante no es nuevo. Hay unas cuantas personas que van a la procesión y el resto, a verla pasar… o a la disco. En cuanto a la novena, recuerdo que la costumbre era invitar a un predicador de campanillas para que pronunciara el sermón de la Misa. En los programas se decía: “el sermón estará a cargo de un elocuente orador sagrado”; y resulta que el tiempo no perdona y llegó un momento en que el bueno de D. Manuel Soler, cuando se acercaba este especial, socarrat y socarrador, agosto setabense decía con cierta irónica  pesadumbre que no iba a invitar a ningún predicador para que “li parlara als bancs de la Sèu”. Y en esto es palpable la contradicción: el tiempo en Xàtiva se ha detenido. Cada día de la novena ha actuado, según ya viene siendo habitual, como ministro celebrante un sacerdote de la ciudad o bien un invitado que lo ha sido, que se ha encargado de pronunciar su homilía. Y cada día, estadísticamente, en conjunto, ha sido más o menos similar a los de 2025, 24, 23, 22… Pero también se ha de destacar que cada sacerdote ha predicado según su leal saber y entender, proponiendo la laudatio a la Virgen y dándonos pistas para nuestra vida interior. Anécdota: este año uno de los “sermones” no llegó a alcanzar los cinco minutos; lo bueno, si breve… (o bien hubo causa anímica excusable). De otra parte,  también es cierto, en cuanto a los fieles, que cada día ves a las personas que han sufragado las intenciones particulares de la misa, algunas de cuyas personas ni estaban el día anterior  ni volvieron el día después. Conclusión: la asistencia, muy irregular,. Destacaría la del último día por numerosa y la del día 12 por todo lo contrario. Ese miércoles, en el templo, el eclipse fue parcial pero significativo. Las vidrieras de la Colegiata se oscurecieron al cien por cien, pero dudo si fue por culpa de la luna o por la pena de ver lo vacíos –parcialmente- que estaban los bancos.

A  nivel institucional, la estadística también resulta elocuente, porque se aprecia a simple vista cómo se ocupan o no los bancos reservados. 

        No sé de qué me quejo. Eclipse aparte, el “dejà vu” sería una de las conclusiones. Ni qué decir tiene la endémica carencia en la colegiata de organista y coro. Sé que es complicado darle solución. Quizás un día surja un mecenas que ayude a resolver esta importante carencia. De otra parte, llama la atención que cada uno de los párrocos que asumen la rectoría de la Colegial Basílica y Parroquia de Santa María, enfoca el novenario según el criterio que indudablemente piensa ser pastoralmente más idóneo y dejan aparte el secular texto de las oraciones y jaculatorias que se escribieron ad hoc en otro siglo y que, sin embargo, algunas personas mayores incluso se saben de memoria. Por supuesto que lo importante no es lo que podría verse como rutinario…, pero también son rutinarios otros cultos si éstos y aquellos no se expresan con el corazón, y a éste es al que mira la Santísima Virgen.

        Se me ocurre pertinente invitaros a invocar la protección de la Mare de Déu de  la Sèu, rezando aquellas jaculatorias:

 

Mar de dulzura inefable,

fuente de toda alegría;

alcanzad todo consuelo al que os dice Ave María

 

Aurora cuyos fulgores

el sol más radiante envía,

haz que sus rayos alumbren al que os dice

Ave María

 

Rayo de amor encendido abrazad mi alma fría

y llenad de vuestros dones al que os dice

Ave María

 

Iris hermoso del cielo,

que la tempestad desvía, preservad de todo mal al que os dice Ave María

 

Amparo del que sus duelos en vuestra piedad confía,

cubrid con vuestro azul manto

al que os dice Ave María

*

(*) Después de cada jaculatoria se reza el Ave María.

 

 Rezadlas, por favor, y pedid por la salud física y espiritual de todos nosotros y de cada uno de quienes nos lee.

 

        Madre María: dadnos vuestra bendición.

       

        Un fuerte abrazo, Miguel Mira