dimecres, 29 de juliol del 2026

¡DADLES VOSOTROS DE COMER!

 

Evangelio del Domingo XVIII del tiempo ordinario ciclo A.

San Mateo 14, 13-21.

 


            “Al oírlo, Jesús se retiró de allí en una barca a un lugar desierto y apartado. Cuando la gente se enteró, lo siguió a pie desde las ciudades. Al desembarcar y ver aquel gran tumulto, Jesús sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Como se hacía tarde, los discípulos se le acercaron y le dijeron:

—El lugar está desierto y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les contestó:

—No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

            Ellos le dijeron:

—No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.

            Él les dijo:

—Traédmelos aquí.

Mandó a la gente recostarse en la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y los discípulos a la gente.             Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos con los trozos que sobraron. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.”

Comentario

Por D. JOAQUIN NÚÑEZ MORANT

 

    No lo podemos ignorar, está al precipicio de este Evangelio, un fracaso, una limitación, una incapacidad: la muerte de Juan el Bautista. Jesús se entristece, como nosotros de los nuestros cuando caemos en la cuenta de que somos limitados. Jesús quiere estar solo, retirarse a orar y verse escuchado por el Padre. Se retira en una barca lejos de la gente. Este deseo le va a durar poco, una gran multitud le está siguiendo; Él se vuelve hacia ellos con gran ternura, siente lástima de ellos, cura y enseña como siempre, Él es Maestro, ninguna de sus acciones es baldía, es neutra, cura y enseña. Los Apóstoles le dicen que están en descampado, grave dificultad, Jesús necesita tranquilizarse, reflexionar, nos está enseñando, nuestros problemas los hemos de estudiar ante Dios, hemos de orar y preguntarle al Señor lo pobres y miedosos que somos, lo incapaces que nos vemos ante lo que necesitan los demás, los pobres que necesitan nuestra ayuda, los problemas que genera nuestra limitación, nuestra falta de imaginación o de emprendimiento. Nos bloquea la necesidad de los demás, más grande que nuestras posibilidades.

   “Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud… para que se compren de comer”. Jesús nos dice ante nuestra impotencia, lo mismo que los Apóstoles, “Dadles vosotros de comer”, “sólo tenemos cinco panes y dos peces”, “Traédmelos, dice Jesús.”, “ Sin mi no podéis hacer nada” (Jn.15:5) o (Flp.4:13).

    Sabemos que no podemos solucionar nuestros problemas como una ONG. Se los hemos de traer a Jesús y Él los bendecirá, orará al Padre y se producirá el milagro. Y  lo que nos parecía poco se convertirá en mucho y aún nos sobrará. Nos ha pasado muchas veces.

   San Agustín relacionó este milagro con la Eucaristía, y desde entonces se repite como si sólo fuera esta frase una realidad teológica. Solo nos quedamos en “explicar el símbolo” y se nos olvida el sudor del desierto. Jesús no hizo teologías, vio gente con hambre y se compadeció” (Mt.14:14). Para Agustín el Pan Eucarístico y el Pan de pobre son el mismo Señor. El Pan Sacramento: Cristo se da. Nos hace uno. Sed lo que recibís. Pan Compartido, nosotros damos como Cristo: “Dadles vosotros de comer”.

    ¿Que cinco panes y dos peces tenemos hoy? Los discípulos dieron lo poco que tenían. ¿Qué es, lo poco que el Señor nos pide poner hoy?, ¿Nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra escucha, nuestra puerta abierta?. San Agustín nos dice: Dios no desprecia lo pequeño, lo bendice y lo multiplica. ¿A quién estoy enviando con el estómago vacío?. San Agustín nos dice con palabras de Jesús “Dadles vosotros de comer”, no espero que bajará pan del cielo. Agustín decía: primero nos hace sentar, sin paz no hay pan. Altar y calle van juntos, si no me alimento no puedo alimentar. Nuestra oración ha de ser. “Señor toma mi poco, bendícelo, pártelo y úsalo para que nadie se quede sin pan.

   Feliz Domingo de la Multiplicación de Panes y Peces. Con Agustín que pensaba en los graneros para dar pan a los pobres de la puerta, la Eucaristía y los pobres son los dos pulmones con los que respira la Iglesia. María nuestra Madre nos acompañe.

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 Está claro que antes del domingo celebraremos la fiersta de nuestro Patrón Sant Feliu. Sería bueno que n os acordemos de honrarle e impetrar su protección, que como decía Santa Teresa estos tiempos son recios y requieren de nuestros ruegos por la paz y la convivencia y no solo por el estado del bienestar. San Félix nos bendiga.

Saludos cordiales, Miguel Mira

dijous, 23 de juliol del 2026

Domingo XVII

 

          

            Hoy terminamos el capítulo de las parábolas, con comentario de . Joaquín Núñez Morant al Evangelio del Domingo XVII, ciclo A tomado de

San Mateo 13, 44-52, que dice así:           

  «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que busca perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. También es semejante el Reino de los Cielos a una red echada en el mar que recoge peces de todas clases.  Cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen los buenos en cestos y echan fuera los malos.

 Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. ¿Habéis entendido todo esto? Le dicen: «Sí.» Y él les dijo: «Por eso, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante a un dueño de casa que saca de su arca lo nuevo y lo viejo.» 

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Estos versículos son los últimos de este capítulo 13, solo quedan los pocos versículos que se refieren a la ida de Jesús a Nazaret donde es rechazado, ”solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta”. Jesús explica a sus discípulos el valor absoluto de seguirle a Él; han de renunciar “a sus padres, hijos o riquezas”, a todo lo que les ata con el pasado. Eso es lo que hace Jesús, renuncia a su pasada historia, al fariseísmo en que ha sido educado. Es su testimonio ante sus discípulos. La Ley se simplifica con las palabras que siguen: “Maestro... ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?…”, “amarás al Señor…”, Este es el mandamiento principal y primero, pero hay un segundo no menos importante “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt.22,37-39).

    El Reino de Dios se parece a un tesoro…, a una perla preciosa… o a una red barredera. Unos lo buscan, otros se lo encuentran y otros son sorprendidos al final de sus vidas.

   El tesoro escondido es encontrado por casualidad, algo que la gracia, la Misericordia del Señor se te hace cercano por distintas circunstancias. Familia, amigos, una desgracia o gracia, es decir, cualquier circunstancia, igual da; un ambiente religioso en el que se te ha educado y te ha abierto los ojos de una fe tibia de costumbre y te abres al Señor y te vas llenando de Él, alegría que te hace vender todo. Dejar lo de menos, por lo de mas.

    La Perla preciosa es la meta que San Agustín buscó y encontró. Él reflexionó mucho sobre este capítulo 13. Para Agustín vender todo es no poner tu corazón en nada creado. “Si amas de tal modo que por ello no amas a Dios, ya vendiste mal. Véndelo bien por el Reino”. No es dejar cosas, es cambiar de Centro. Cristo es el Tesoro.

    Estos versículos últimos del capítulo 13, se cierran con estas tres imágenes, y no están ahí por casualidad, son el remate que condensa todo lo dicho: el sembrador, el dueño del campo, los obreros, la paciencia del Señor que hemos de tener para no arrancar el trigo arrancando la cizaña; no condena ni define a la cizaña, ya vendrá el tiempo de la siega. En el campo del Señor hay un Tesoro y una Perla, Jesús mismo. Unos lo buscan, otros lo encuentran. Es el Reino que se te hace cercano, no somos nosotros los que lo encontramos, es el Reino quien nos encuentra. San Agustín, Doctor de la Gracia nos lo enseña, el Amor de Dios providente nos sale siempre al paso en el tiempo que somos obreros de su mies.

    Todo concluye con la “Red barredera” o cosecha de la mies (aquí Mateo habla a judeocristianos y toma el concepto judío de juicio) que recoge a todos, peces buenos y malos, solo quedan los buenos.

    En la red cabemos todos, grandes y pequeños: los que saben, los fuertes, los que están cerca del Señor hace años y los pequeños, los nuevos, los heridos, los que entienden poco, los que vienen por inercia. Jesús no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños (Mt.18:14).

     Feliz domingo busquemos o encontremos el Tesoro o la Perla, lo más importante es que Jesús sea nuestro mayor Amor. Que nuestra Madre de Amor Hermoso, nos enseñe a amar.

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Saludos cordiales, Miguel Mira. Hasta pronto