NOTA (bis). Continuación de la nota previa de la entrada anterior.
La pasada semana comencé la tarea recordando que esta Hermandad, junto con la Cofradía hermana se disponían a obsequiar a nuestros queridos amigos cantores con una comida de confraternidad, que, efectivamente, se celebró mediando un ambiente súper cordial y se rubricó con la fotografía que encabeza estas líneas; pero tengan en cuenta que estamos hablando de una relación no solo ocasional y así como para pagar un favor. No lo pienso así, porque nuestros amigos no solo prestan un hermoso servicio a nuestras ancestrales costumbres, ni ofrecen un concierto itinerante que se corresponde con una antiquísima tradición. No. Piensen que sus voces están elevando una profética y emocionada queja del profeta Jeremías plasmada en versículos (y salmos) que bien entendidos hasta nos erizan el vello. La gente, el Viernes Santo, en las plazas aplaude la belleza de una partitura magistral y perfectamente ejecutada; y no se me olvida que otro grupo de amigos que nos acompaña en la procesión de penitencia eleva también al cielo las mismas notas proféticas, pero… ¿Saben quienes las escuchan cuál es el contenido de esos cantos bíblicos en latín o qué tienen que ver con el Nazareno?
En esta entrada no me cabe la ejecución de m i propósito, entre otras cosas porque solo lo tengo medio esbozado. Intentaré terminarlo durante este puente.
Ahora vayamos a leer el Evangelio del Quinto Domingo de Pascua:
Juan 14, 1-12
“No se turbe vuestro corazón. Vosotros creéis en Dios; creed también en mí.
En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo esté, vosotros también estéis.
Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino”.
Le dijo Tomás:
—Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?
Jesús le dijo:
—Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, también conoceríais a mi Padre; y desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.
Felipe le dijo:
—Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
Jesús le dijo:
—¿Con tanto tiempo como hace que estoy con vosotros, no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: «Muéstranos el Padre»?
¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que mora en mí, él hace las obras.
Creed que yo soy en el Padre y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
En verdad, en verdad os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores que estas las hará, porque yo voy al Padre”.
Comentario,
por D. Joaquín Núñez Morant
Continuamos con el “testamento de la Última Cena” o “Discurso de Despedida” de Jesús en el Cenáculo. San Juan lo centra en cinco capítulos.
El domingo pasado Jesús nos decía que era la “Puerta” y consideraba a quien entra o inventa otras “puertas”, es o bandido o ladrón y que a lo largo de la Historia de la Iglesia, hasta hoy, se han dado y se dan esos problemas con distintos disfraces.
Jesús, ante lo que les dice a sus discípulos de su Pasión, les consuela. ¿Nosotros hemos comprendido la Pasión de Cristo?, ¿sabemos el motivo?, ¿adivinamos el inmenso amor de quien nos dice “aprended de mi”?, ¿creemos que es un guion dibujado por el Padre, o una historia inevitable por ser Jesús fiel a ese “aprended de mí”, pase lo que me pase?.
“No perdáis la calma”, “mi victoria sobre la muerte me lleva a prepararos sitio.”
“Volveré y os llevaré conmigo”, “y donde yo voy, ya sabéis el camino”.
Las dudas de Tomás son las dudas de todos, la pregunta del Joven rico que quiere garantizar su salvación, la pregunta nuestra para comprar lo que Jesús nos da gratis. “Señor no sabemos dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Jesús hace una afirmación rotunda, confirmando que solo Él es nuestra salvación, solo es la Puerta. San Juan se olvida, en este caso, de la institución de la Eucaristía, (que desarrolla en el capítulo 6:35 ss.).
Hay comentarios de San Agustín usados como prueba patrística en los tratados de Teología dogmática, referidos en Cristología. Este capítulo 14.6 afirma con tanto entusiasmo que resume todo el Evangelio: “Cristo es el Camino que se recorre, la Verdad que se cree y la Vida que se vive”. Él tiene como norma lo que enseña en varios lugares de sus escritos. En In Iohannis Evangelium, afirma: “Si buscas dónde ir,: Yo soy el Camino. Si buscas dónde llegar: Yo soy la Verdad. Si buscas dónde permanecer: yo soy la Vida”.
Para Agustín, las tres palabras responden a todo anhelo humano: “dirección, certeza y plenitud”. Insiste en que fuera de Cristo no hay acceso al Padre.
En las “Confesiones”, afirma que cuando leyó esta cita (14,6), le impactó tanto que entendió que la Verdad no era una idea, era una Persona.
Feliz quinto Domingo de Pascua en el que Jesús se nos presenta como Camino, Verdad y Vida. Que nos impacte como a San Agustín y lo hagamos Vida de nuestra vida y nos ponga en el Camino que nos lleve a la Verdad. Que nuestra vida sea orientación a quienes andan perdidos y seamos faro que ilumine el camino de los demás.
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Intentaré cumplir la promesa. Feliz puente. Saludos cordiales, Miguel Mira





