dissabte, 8 d’agost del 2026

REINA, MADRE, AMPARO DE ESTE PUEBLO...

 

            Queridos amigos: ya inmersos en este mes de agosto, precedido por tanta alerta y ya veremos lo que venga detrás, si Dios lo quiere, y con todo y con eso, hoy, día seis, debo salir de mi zona de confort y dedicar aunque sea unas pocas líneas a las festividades ya pasadas: San Félix (o Sant Feliu, como queráis) y nuestra patrona.

            Ya hace un par de años que no me atrevo a subir a la ermita el día 1 porque he de hacerlo a pie. Mi DNI es longevo y, la verdad, mi espíritu de sacrificio, bueno, digamos de actividad física está de bajada ¿O será pura comodidad? No quiere ello decir que me olvide de nuestro santo; tal vez es como quien vive en casa y lo tratas de diario; pero desde que me conozco en uso de razón, ciertamente la devoción de Xàtiva por Sant Feliu no es tan firme como debiera, no como para echar cohetes de alegría, desde luego. Siendo yo muy joven, fue el abad D. Juan Vayá, quien con la ayuda de Rafael Soler (de la fábrica de bolsas de las hermanas Alfonso) y un grupo de jóvenes impulsamos el reinicio de las mañanas del día 1º de agosto, a las ocho, celebrando la santa misa en el antiguo templo visigótico para tomar un refrigerio después en el atrio. Vicente Gil, también fallecido como aquellos promotores montaba un tenderte a la puerta de la vivienda de los caseros, donde no faltaban los bocadillos, los refrescos y hasta el granizado de limón. Aquellos primeros años y mientras vivió Soler, éste sufragaba el almuerzo de algunos ancianos acogidos en el asilo, desde donde, acompañados por dos hermanitas, acudían a la misa y al desayuno. A  las siete de la mañana ya sonaba el primer trueno de aviso desde el Bellveret y al finalizar la eucaristía no faltaba la traca. Entonces acudía a la ermita mucha gente, entre ellos, Luís Martí Cuerpo con su fiambrera bien provista de un excelente guiso de caracoles que compartía con quien lo quisiera probarlo… Cuando Vicente Gil dejó de montar el tenderete, este menester lo asumió el Grupo de Juniors Corimbo, de la colegiata; las madres se ocupaban de preparar las tortillas de patata para rellenar los panecillos; y las ganancias (pocas) se destinaban a gastos de campamento. Pero, poco a poco, cambiaron aquellas renacidas costumbres. Hoy día se mantiene la tempranera dedicación a nuestro patrono, pero… ¿para qué decirles? Ya saben. La gran mayoría nos mantenemos en la zona de confort. Otros nos hacemos mayores y tenemos excusa, como yo tal vez. ¡Ah! Algunos años organizamos procesión del Santo; pero hubimos de desistir. Este año, se mantuvo la romería con las cañas, que se inició con el Abad Canet y en la misa de la tarde, en San Francisco, con poca asistencia por cierto, el Sr. Abad, al referirse a la celebración en la ermita, comentó que la participación fue buena y hubo representación de distintos colectivos. Sé que asistió el Sr. Alcalde y algún concejal, y el Grup de Dances, al acabar la eucaristía ofreció una breve dançà dentro del templo y luego algunos asistentes sí que se quedaron en el exterior a tomar su bocadillo.  Y también el Sr. Abad repartió unos impresos comprensivos de la historia de nuestro patrón, al igual que por la tarde los ofreció en Sant Francesc y no dudo que en la Misa Conventual haría lo propio y ello es de agradecer.    Ciertamente, San Félix, ¡qué poco caso te hacemos los setabenses! Por favor, no nos lo tengas en cuenta.

            Los días se suceden indefectiblemente y, así, llegamos al día 4. En la eucaristía, previa al tradicional rosario, la asistencia no sé si decir discreta, nada más y algunos me di cuenta que no se quedaron al rezo posterior. Se le dio solemnidad a la santa misa, con participación del coro interparroquial, con Marta Gironés al órgano. Después, su sobrina Marta nos ofrecería con su excelente voz el sólo en las estrofas del himno. Claro es que el propio coro cantó los misterios de gloria. El Sr. Abad dedicó su homilía, como era lo propio, a ensalzar las virtudes de la Mare de Deu de la Sèu, pero me llamó la atención aquella parte en la que puso de manifiesto cómo no podíamos compararla con aquellos santos, cada uno de los cuales es conocido por sus métodos, por unos hechos concretos en su entrega a Dios; sin embargo, de María no podemos destacar ninguno porque ninguno encontramos en los evangelios; pero lo cierto es que en ella concurren todos. María ha de ser, pues,  nuestro referente por su indiscutible hágase, por su demostrado amor hacia nosotros.         

            Ya saben que por la noche el concierto acostumbrado corrió a cargo de La Nova, siguiendo la Ronda a  la Verge con la tradicional actuación del Grup de Dances que atrae a un  buen número de espectadores. Ciertamente, lo hacen bien.

            La Misa de las Camareras, a las ocho de la mañana, como siempre, concurrida. La M isa Solemne a las doce, también. Concelebraron los sacerdotes de la ciudad, presididos por el Sr. Arzobispo a quien acompañaban el Sr. Abad, D. Camilo y el Sr. Abad de Gandía.

            Es de agradecer el esfuerzo del coro interparroquial que nos brindó una excelente actuación, superando claramente la del día anterior en el rosario, incluida la interpretación del himno del maestro Ramírez la soprano solista Mónica Grau Gironés.

            El Sr. Arzobispo comenzó su sermón en valenciano. En esas primera parte, se entretuvo, insistente, en recordarnos que somos adjudicatarios de una riquísima herencia de amor y de fe, herencia que es núcleo de un pueblo que ama y se siente amado, herencia que ha llegado hasta hoy cuando ese pueblo ha llenado la Seo y herencia que estamos obligados a transmitir a nuestros hijos y a nuestros nietos. La segunda parte, en castellano, tuvo un sabor más teológico, aunque se sostuvo sobre los mismos pilares: el amor y la fe, instándonos a profundizar en la entrega a los demás, como María; y acabó en castellano con el reto inevitable a ser consecuentes con esa fe y ese amor.

            Terminada la  Misa, se nos pidió que nos sentáramos y tomó la palabra el Sr. Abad para expresar los agradecimientos de rigor y sorprendernos cuando nos presentó a uno de los sacerdotes concelebrantes, hijo de Xàtiva recién ordenado. No retuve bien el nombre pero creo recordar el apellido Samit. Sí que puedo concretar que, seguidamente, se le entrego a Juan Pablo Tomás Pérez el nombramiento como párroco de San Pedro, que sustituye a D. José Estellés después de diecinueve años en ese ministerio. También se le entregó a Javier Francés Aparicio su nombramiento como vicario de la colegiata, y, finalmente, a

Joan Enric Pasqual i Tomás, su destino como párroco de Vallés y de Barxeta aunque sigue como vicario de la Seo.

            Ya he comentado el canto del himno, cuyas primeras notas me cuesta siempre vocalizar porque se me forma ese nudito emocional en la garganta que no puedo evitar.

            Rubrico este resumen reiterando el agradecimiento al coro y la colaboración del grupo instrumental de La Vella, grupo que si mal no recuerdo comenzó a prestar su magnífica colaboración en tiempos del recordado amigo Melchor Peropadre, a quien Dios haya, y sucedido desde hace unos años por Paco Roca.             

    


    De la procesión, tengo poco que contar. De no ser por la asistencia de las Señoras Camareras y la nutrida participación de las representaciones falleras, daría pena. La asistencia de fieles, escasa. En cuando a la organización, hubo momentos de verdadero sinsentido; y un último apunte. Detrás de la Junta Local Fallera desfiló un  número de jóvenes que en principio no sé qué hacían allí. Es claro que a la gente no se le puede pedir que se vistan de chaqué, pero siendo como eran reina de la feria, damas y acompañantes masculinos, alguien debió decirles que según lo que representes has de asistir a los actos en que participas. En mi opinión aquellos y aquellas jóvenes, a mí me parecieron un pegado postizo.

            La procesión acabó muy tarde y la Virgen fue recibida con unos breves fuegos de artificio, la clásica traca que sube a la altura del campanario y el aplauso de quienes la esperábamos dentro del templo colegial.

            Mare de Deu de la Sèu, fins l’any venint si Deu vol.

            Saps, no obstant, que jo et veig quasi tots els dies en Sant Francesc i no deixe de demanarte que pregues per nosaltres!

            Afectuosamente, Miguel M ira

(Fotos, Lola Novella) 

 

dijous, 6 d’agost del 2026

¡NO TENGÁIS MIEDO!

 

Comentario al Evangelio de Domingo XIX del tiempo ordinario, ciclo A. Mateo 14, 22-33.

 

            Comenzamos leyendo el texto del evangelio:

Jesús camina sobre el agua

 

            En seguida Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

            Después de despedir a la gente, subió a la montaña a orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca ya estaba muy lejos de la tierra, azotada por las olas, porque el viento le era contrario.

            A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando los discípulos lo vieron caminar sobre el mar, se asustaron creyendo que era un fantasma, y se pusieron a gritar de miedo.

            Pero Jesús les habló en seguida, diciendo:

—¡Ánimo! Soy yo; no tengan miedo.

Entonces Pedro le respondió:

—Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre el agua.

            —Ven —le dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir la fuerza del viento, tuvo miedo y, como comenzaba a hundirse, gritó:

—¡Señor, sálvame!

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

—Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. Y los que estaban en la barca se postraron ante él, diciendo:

—Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.

***

D. Joaquín Núñez comenta:

    
    “Jesús después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar”. Eso nos anuncia algo muy importante, si Jesús ora es para que el Padre le dé fuerzas, para algo grande.

   A la cuarta vigilia, nos dice Agustín, viene andando sobre el mar; viene cuando parece que ya es tarde, para mostrar que Él domina la naturaleza.

   Mateo no nos trae ningún milagro de cura, no hay nada que coincida con la “notas mesiánicas”, “los cojos caminan, los ciegos ven etc.”. En Marcos y Lucas casi todos los signos son para sanar a alguien. Aquí no. El signo es para los discípulos, para probar su fe.

   Asistimos a una Epifanía de Jesús; este Evangelio no lo podemos separar del Domingo anterior, allí vimos como los Apóstoles no saben solucionar el hambre del gentío, primero dicen a Jesús que se los quite de en medio o que solo tienen cinco panes y dos peces, como excusa, y es Jesús quien soluciona el problema.

   ¡Hombres de poca fe!. Jesús en este Evangelio quiere dar confianza en Él, sabe que lo querían pero no terminan de descubrir que es Dios, que si se le sabe pedir con profunda Fe y con amor tiene poder absoluto. A los suyos les va a enseñar quien es El; pero este Evangelio se proclama para aumentar nuestra Fe y nuestra confianza. A veces Jesús calma la tempestad del mar, pero para nosotros lo más importante es que calme nuestras tormentas del alma. Como Jesús, ante nuestra tormentas, hemos de hacer lo que Él, retirarnos a orar, confiar en Él y clamar como Pedro: “Mándame ir a ti”. Como Pedro, somos débiles y dudamos y nos hundimos y diremos insistentemente “Sálvame Señor que perecemos”.

    San Agustín ve en este pasaje a la Iglesia como una barca. Para él la barca es la Iglesia y el mar es el mundo. La noche es la vida presente sin Jesús visible. El viento, las tentaciones y persecuciones. Pedro, dueño de la barca, de nosotros, duda  y este Evangelio nos enseña qué vamos a hacer, con Él hemos de gritar
¡Señor sálvame!. Agustín nos dice: Esa es tu fe, cuando flaquea grita. Aunque tengas poca fe, si gritas a Cristo Él te alargará la mano.

    El Evangelio nos ha dicho que, “…se les acerco Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndolo andando sobre el agua se asustaron y gritaron de miedo, pensaban que era un fantasma.” Es algo lógico, ellos pensaban que el mar era el lugar de la muerte y el caos. San Mateo está hablando para judeocristianos y usa sus creencias. Jesús les dice “Animo, soy Yo, no tengáis miedo”. Pedro somos todos nosotros, creemos que tenemos Fe pero nuestros miedos, dudas, hacen que, como él, nos hundamos, nos acobardemos. Con toda humildad hemos de decir: ¡Señor, sálvanos!. Otros quedarán con sus dudas, fruto del orgullo.

    Cuando Jesús sube a la barca se calma el mar, con todo lo que significa, Jesús nos da su mano y nos libera.

   San Agustín nos dice a todos “Entonces comprendieron que el que les había dado pan en el desierto era el mismo que caminaba sobre el mar. El mismo que alimenta es el mismo que domina la muerte”. Tenemos pocos panes y tenemos mucho mar, tibieza, soledad, viento en contra. Pero tenemos a Jesús el de la multiplicación de panes y el de la Teofanía. No nos pide tener mucho. Nos pide poner lo poco que tenemos en sus manos y gritar cuando nos hundamos.

     Feliz Domingo, en el que hemos de descubrir nuestra fe y confianza en Jesús que nos ama y nos salva. Que nuestra Madre del Buen Consejo nos acompañe.

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            La próxima, muy próxima entrada la dedicaremos a las fiestas patronales . Saludos cordiales, Miguel Mira 

 

 


dimecres, 29 de juliol del 2026

¡DADLES VOSOTROS DE COMER!

 

Evangelio del Domingo XVIII del tiempo ordinario ciclo A.

San Mateo 14, 13-21.

 


            “Al oírlo, Jesús se retiró de allí en una barca a un lugar desierto y apartado. Cuando la gente se enteró, lo siguió a pie desde las ciudades. Al desembarcar y ver aquel gran tumulto, Jesús sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Como se hacía tarde, los discípulos se le acercaron y le dijeron:

—El lugar está desierto y ya es tarde; despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les contestó:

—No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.

            Ellos le dijeron:

—No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.

            Él les dijo:

—Traédmelos aquí.

Mandó a la gente recostarse en la hierba, tomó los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y los discípulos a la gente.             Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos con los trozos que sobraron. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.”

Comentario

Por D. JOAQUIN NÚÑEZ MORANT

 

    No lo podemos ignorar, está al precipicio de este Evangelio, un fracaso, una limitación, una incapacidad: la muerte de Juan el Bautista. Jesús se entristece, como nosotros de los nuestros cuando caemos en la cuenta de que somos limitados. Jesús quiere estar solo, retirarse a orar y verse escuchado por el Padre. Se retira en una barca lejos de la gente. Este deseo le va a durar poco, una gran multitud le está siguiendo; Él se vuelve hacia ellos con gran ternura, siente lástima de ellos, cura y enseña como siempre, Él es Maestro, ninguna de sus acciones es baldía, es neutra, cura y enseña. Los Apóstoles le dicen que están en descampado, grave dificultad, Jesús necesita tranquilizarse, reflexionar, nos está enseñando, nuestros problemas los hemos de estudiar ante Dios, hemos de orar y preguntarle al Señor lo pobres y miedosos que somos, lo incapaces que nos vemos ante lo que necesitan los demás, los pobres que necesitan nuestra ayuda, los problemas que genera nuestra limitación, nuestra falta de imaginación o de emprendimiento. Nos bloquea la necesidad de los demás, más grande que nuestras posibilidades.

   “Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud… para que se compren de comer”. Jesús nos dice ante nuestra impotencia, lo mismo que los Apóstoles, “Dadles vosotros de comer”, “sólo tenemos cinco panes y dos peces”, “Traédmelos, dice Jesús.”, “ Sin mi no podéis hacer nada” (Jn.15:5) o (Flp.4:13).

    Sabemos que no podemos solucionar nuestros problemas como una ONG. Se los hemos de traer a Jesús y Él los bendecirá, orará al Padre y se producirá el milagro. Y  lo que nos parecía poco se convertirá en mucho y aún nos sobrará. Nos ha pasado muchas veces.

   San Agustín relacionó este milagro con la Eucaristía, y desde entonces se repite como si sólo fuera esta frase una realidad teológica. Solo nos quedamos en “explicar el símbolo” y se nos olvida el sudor del desierto. Jesús no hizo teologías, vio gente con hambre y se compadeció” (Mt.14:14). Para Agustín el Pan Eucarístico y el Pan de pobre son el mismo Señor. El Pan Sacramento: Cristo se da. Nos hace uno. Sed lo que recibís. Pan Compartido, nosotros damos como Cristo: “Dadles vosotros de comer”.

    ¿Que cinco panes y dos peces tenemos hoy? Los discípulos dieron lo poco que tenían. ¿Qué es, lo poco que el Señor nos pide poner hoy?, ¿Nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra escucha, nuestra puerta abierta?. San Agustín nos dice: Dios no desprecia lo pequeño, lo bendice y lo multiplica. ¿A quién estoy enviando con el estómago vacío?. San Agustín nos dice con palabras de Jesús “Dadles vosotros de comer”, no espero que bajará pan del cielo. Agustín decía: primero nos hace sentar, sin paz no hay pan. Altar y calle van juntos, si no me alimento no puedo alimentar. Nuestra oración ha de ser. “Señor toma mi poco, bendícelo, pártelo y úsalo para que nadie se quede sin pan.

   Feliz Domingo de la Multiplicación de Panes y Peces. Con Agustín que pensaba en los graneros para dar pan a los pobres de la puerta, la Eucaristía y los pobres son los dos pulmones con los que respira la Iglesia. María nuestra Madre nos acompañe.

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 Está claro que antes del domingo celebraremos la fiersta de nuestro Patrón Sant Feliu. Sería bueno que n os acordemos de honrarle e impetrar su protección, que como decía Santa Teresa estos tiempos son recios y requieren de nuestros ruegos por la paz y la convivencia y no solo por el estado del bienestar. San Félix nos bendiga.

Saludos cordiales, Miguel Mira