EL MENSAJE DE NUESTRO “ERAM”
El Coro en Pl. de la Trinitat
En la nota con que comencé la “entrada” anterior (V Domingo de Pascua) y tras la pregunta sobre si al escuchar el canto del mote, nuestro emblemático responsorio “Eram quasi agnus innocens” los espectadores captarían cuál es el sentido de esos cantos bíblicos en latín o qué tienen que ver con el Nazareno, anticipé mi intención de escribir con cierto detenimiento algunas reflexiones sobre esa reliquia bíblica.
Así que voy a intentarlo.
En primer lugar, nos interesa saber que el motete es una forma musical polifónica, nacida allá por el siglo XIII, sobre temática religiosa, generalmente basada en un texto latino, cuya estructura se articula en función de ese texto. Aunque escrito para coro "a capella”, es decir, sin intervención de instrumentos, desde que yo guardo memoria, sin embargo, he visto y oído junto al Nazareno un grupo de cantores acompañados de algún instrumento de viento (un oboe, un clarinete, incluso un trombón) y supuse que se trataba de un acompañamiento adicional para quizá dar el tono a los cantores o reforzar las voces de aquel coro. Por ello, ante mis dudas, consulté al Maestro Perales sobre esta cuestión y me respondió que aunque esta música estaba escrita, como he dicho, para interpretarla “a capella”, el uso de instrumentos estaba permitido, bien para sustituir a alguna de las voces, bien para reforzarlas cuando la ocasión lo requería. Y, además, nuestro querido hermano portador añadió que el texto Eram quasi agnus innocens, cuarto responsorio de Jueves Santo, ha sido musicado por muchos compositores. El Eram que se canta en las procesiones del Nazareno es de autor anónimo y pertenece a una colección de motetes que se cantaban durante los oficios de Semana Santa en la Colegiata de Xàtiva.
Así queda aclarada mi extrañeza.
Es cierto que alguna referencia hemos hecho en este blog ocasionalmente, como de pasada, a la letra del singular motete que se le dedica a Jesús Nazareno traducida al castellano. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, vengo pensando en detenerme un poco más para hablar de algo tan nuestro como es el tesoro de un responsorio multisecular tan celosamente conservado, primero por nuestra Cofradía (al igual que lo viene haciendo la Cofradía Decana con el suyo), y, conjuntamente después, por la Hermandad de Portadores tras su fundación.
Pues bien, partiendo de mis limitados conocimientos y de las consultas realizadas recientemente, les ofrezco las conclusiones a las que he llegado. Por supuesto que no voy a hablar de música, que para ello debería ser nuestro académico de cabecera a quien ya me he referido, quien se ocupara de tal aspecto, como ya lo hizo en su magnífica aportación al Libro de Semana Santa de 2024; pero no, mi enfoque va a ser distinto. Comenzaremos por transcribir el texto original en latín:
Eram quasi agnus innocens; ductus sum ad immolandum et nesciebam. Consilium fecerunt inimici mei adversum me, dicentes: venite, mittamus lignum in panem ejus, et eradamus eum de terra viventium. Omnes inimici mei adversum me cogitabant mala mihi; verbum iniiquum mandaverunt adversum me, dicentes: venite, mittamus lignum in panem ejus, et eradamus eum de terra viventium.
¿Y qué dice en castellano? Pues esto:
Era como un cordero inocente; fui llevado para ser sacrificado y no lo sabía. Mis enemigos tramaron un plan contra mí, diciendo: “Venid, pongamos leña en su pan y borrémoslo de la tierra de los vivos”. Todos mis enemigos urdían males en mi contra; pronunciaron una palabra inicua contra mí, diciendo: “Venid, pongamos leña en su pan y borrémoslo de la tierra de los vivos”.
¡Tremendo! ¡Escalofriante!
Como sabéis, el canto de estos versículos se divide en varias partes, aunque también en determinados momentos se ofrece completo durante la procesión, y si lo escuchamos dentro de la Colegiata, emociona y conmueve. Yo por lo menos no puedo evitar que se me forme un nudo en la garganta, amigos.
Pero volvamos al principio:
-La oración hecha sonido:
Cuando el atardecer cae sobre las calles de Xàtiva y un expectante silencio aguarda el paso de Jesús Nazareno, la música coral deja de ser un mero acompañamiento para transformarse en una oración que deviene audible. Entre el aroma de azahar que ya alcanza a percibirse allá por la Plaza de San Pedro como un regalo a nuestros sentidos (el Calvario al fondo, reflejando los últimos rayos del sol), el rítmico caminar de los portadores con las barras crujiendo sobre sus hombros, surgen las armónicas voces de un coro que canta el motete "Eram” como un eco que atraviesa los siglos. No es solo la ejecución vocal de una antiquísima partitura; es el lamento del Nazareno que cobra vida, es una melodía que parece brotar de las viejas y nobles piedras de la ciudad para narrar, con una fragilidad y un dramatismo sobrecogedor, el sacrificio de quien se entrega “como un cordero inocente”.
Intento sumergirme en la profundidad de este texto y en la belleza de una tradición que, año tras año, sigue encogiendo el corazón de todo aquel que se detiene a escuchar.
Me he dejado influir por tres elementos clave:
El entorno: Las calles de Xàtiva y su atmósfera.
La esencia del motete: El sacrificio del "cordero inocente".
La emoción: Esa conexión entre la tradición y el sentimiento actual.
Y lo que no quiero es caer en la tentación de pergeñar un relato más o menos retórico, sino desmigar estos antiguos textos, que nos sorprenden porque la liturgia para la que fueron pensados suele "coser" versículos de diferentes partes para crear una narrativa.
En nuestro caso, este sería el desglose detallado de las fuentes de “Eram”:
El texto describe a alguien que, en su inocencia, es llevado al sacrificio tras la inicua conspiración de sus enemigos para borrarlo de la tierra de los vivos, nada menos que metiendo “astillas en su pan”.
Como ya he mencionado más arriba, nuestro motete no procede exactamente de una sola fuente. El núcleo principal es de Jeremías, pero su estructura (especialmente la repetida mención de los enemigos urdiendo males se inspira en los Salmos).
Veamos:
La base principal del responsorio está tomada de Jeremías, 11:19:
“Yo era como un cordero inocente llevado al sacrificio; y no sabía que tramaban planes contra mí, diciendo: ‘Pongamos astillas en su pan y arranquémoslo de la tierra de los vivos…”
Casi todo el bloque central, incluyendo la famosa y extraña frase de la leña (lignus) y el pan, proviene directamente de este capítulo de Jeremías. El profeta habla de cómo la gente de Anatot (ciudad natal del profeta, cercana a Jerusalén) conspiraba contra él.
¿De dónde,, pues, la conexión con los Salmos?
La segunda parte, es decir, la que descubre que sus enemigos planean su muerte, es una paráfrasis que resuena fuertemente en el Salmo 41:7 (Salmo 40 en la Vulgata):
“Contra mí susurraban todos mis enemigos; contra mí tramaban males”. La liturgia cristiana tomó la profecía de Jeremías y la reforzó (paráfrasis) con el sentimiento de persecución que suena en los Salmos para aplicarlo a la Pasión de Cristo durante el Miércoles Santo en el oficio de Tinieblas. Los que andamos por una edad provecta todavía recordamos aquellos cantos fúnebres (incluso lúgubres para un niño) que no entendíamos…, a menos que se dispusiera de un misal.
Pero es más: hay una cuestión que siempre llamó mi atención al leer el texto del “Eram”: el por qué se usó específicamente la metáfora de la “leña en el pan”, pues escudriñando sobre el particular, encontré la siguiente traducción de esa casi truculenta expresión de meter leña en el pan, y me encontré en la Biblia de Jerusalén esta versión, idéntica a la de la publicada por Ediciones Paulinas: “Destruyamos el árbol en su fruto”, o también “talemos el árbol en su lozanía”, como aparece en la versión oficial de la Conferencia Episcopal. Ciertamente aunque estas versiones similares entre sí corresponden a una traducción libérrima, seguí estudiando y encontré en “Gemini” (I.A.) una llamativa explicación filológica. “No se trata de un invento moderno, sino que responde a una ambigüedad del hebreo original que el latín de la Biblia Vulgata no logra captar del todo”.
“En el texto hebreo de Jeremías 11:19, la palabra usada es "Lachmo", y, en hebreo estándar, “Lechem” significa pan. Sin embargo, en hebreo arcaico o poético (y en otras lenguas semíticas), esa misma raíz puede significar "jugo", "savia", "vigor" o simplemente "alimento" (en el sentido de fruto del árbol que alimenta). Así, los traductores que optan por “cortemos el árbol en su sazón”, o “destruyamos el árbol con su fruto, o en su vigor, etc.”, intentan que la metáfora tenga sentido biológico:
El árbol: Representa a la persona (Jeremías vs. Cristo).
La sazón/fruto/vigor: Representa su vida en plenitud o su descendencia. La idea es: "Matémosle mientras está verde/fuerte/vigoroso para que no deje rastro".”
No voy a detenerme más en estas diferencias semánticas entre traductores. Baste decir que, según mis fuentes, para los teólogos la versión del “lignus in panem” es una joya, porque la tradición cristiana vio aquí una profecía de la Eucaristía (el Pan) y la Cruz (la Madera vs. Lignum). Esa sería la metáfora: al “echar la madera en el pan”, los enemigos, sin saberlo, estaban preparando el sacrificio de Cristo.
En resumen: "Leña o astillas en el pan" es la traducción fiel del latín. Es mística y simbólica.
Entiendo, en fin, que lo que la gente piensa al escuchar el canto en latín no es mas que una “letra piadosa”, cuando es realmente un grito de denuncia sobre la persecución: Los enemigos de Jeremías vs. Cristo ¡¡lo quieren muerto porque estorba!! Su vida y su palabra contradicen la literalidad de preceptos y más preceptos, cientos de preceptos de la ley mosaica, y, así pues, su doctrina es lo contrario de las prohibiciones del sábado, o de la preceptiva higiene de lavarse las manos, claro: es amor, es perdón, es acogida, es sacrificio, es entrega…, p. ej. “uno que está limpio no necesita lavarse las manos…” “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.” (Mateo 15:11).
El paralelismo con la imagen del Nazareno.
Jesús Nazareno, cargando con la cruz, es la imagen viva del "Agnus innocens" que camina dolorosamente hacia el Calvario; y mientras el paso avanza por las calles, el motete está describiendo los pensamientos internos de Cristo: la sorpresa de la traición y la soledad absoluta frente a quienes conspiran, porque ¡hasta los suyos le han abandonado...!
Pues bien, con lo que llevo escrito, ya podría terminar. Pero, al menos en mi modo de pensar, creo que debe quedarnos grabado que esa extraña y virulenta frase (mittamus lignum in panem ejus) tiene dos niveles:
-El histórico: La intención de los enemigos de "envenenar" o destruir la vida de la persona en su raíz.
-El simbólico: El "Pan" como el cuerpo de Cristo y la "Leña" como la madera de la Cruz que vemos sobre el hombro del Nazareno.
-El tesoro.- El hecho de que se conserve íntegro el canto del “Eram” es un apreciable acto de resistencia cultural frete a la sustitución, quizás obligada por las circunstancias históricas o tal vez logísticas, de la sustitución de ese tipo de expresión músico-vocal por los tambores, las trompetas o las bandas de música. Sin embargo, en nuestra ciudad está demostrado que todo ello es compatible, como lo es, por ejemplo, el estridente y desgarrador toque de nuestros clarines. Que en Xàtiva suene el "Eram" en el caso del Nazareno o el “Velum templi” en el Cristo de la Palma, tal como se concibió en la liturgia de Tinieblas hasta la reforma litúrgica, conecta la procesión actual con el siglo XVI y con la polifonía clásica española.
Importa constatar que a pesar de las actuales circunstancias socio-culturales, sabemos que a muchos cristianos, a muchos setabenses, nos sigue emocionando, siglos después, ver o llevar en hombros al Nazareno bajo los acordes de este motete.
En cualquier caso, mi paga será que el leer este modesto artículo aumente la comprensión de la lección bíblica del profeta Jeremías y motive nuestro reconocimiento y sincera gratitud hacia Aquél que tuvo que comer un pan envenenado o cargar el leño para liberarnos, muriendo, de nuestros pecados, más que para aplaudir a los cantores (aunque se lo merezcan) que nos transmiten magistralmente el mensaje de una fe inquebrantable en ese Jesús sufriente que nos conduce hacia su Triunfo Pascual.
Con afecto, Miguel Mira.

