Siguiendo el camino
emprendido, hoy he de tratar de la
III Misa Estaciona y
ofreceros el comentario al Evangelio del
IV domingo de Cuaresma
I
Tercera Misa Estacional
Miércoles 11 de marzo de
2026.
Nuestro Padre Dios, en su antiquísima casa y ante el
magnífico retablo de San Pedro y San Pablo, con el canto de la letanía de os
Santos, nos acogió en esta celebración conjunta de los fieles de las cinco
parroquias que peregrinamos en Xàtiva. Presentes todos los sacerdotes de
nuestras comunidades, llegaron en procesión,
junto con el diácono, al pie de un altar ante cuyas gradas había sido
sobriamente expuesto sobre un túmulo cubierto de lienzo morado el bello Cristo
Yacente del Santo Sepulcro, que se venera en esta iglesia, joya de tanto siglo
de fe que testimonian sus bien tallados muros y sus imágenes de la Inmaculada,
de Santa Teresa y de San Isidro Labrador. Allí acudimos un significativo número
de gentes de la ciudad con el celo de escuchar la palabra y celebrar la
eucaristía.
No puedo destacar cosas excepcionales. Tan solo una
evidente familiaridad de quienes estuvieron atentos a que los demás se vieran
acompañados y acomodados lo mejor posible. Animó la santa misa el coro
parroquial, y la liturgia se desarrolló ante tan hermoso espacio con sobriedad
y la sencillez que invita a concentrar tu atención, en particular a las
lecturas y a la glosa del párroco, que presidió la concelebración.
“¡Que bueno es que celebremos juntos esta eucaristía…!
Así comenzó su predicación el Señor Cura, y repitió cómo es bueno cada acto de
realizamos por el amor de Dios. En este amor del que siempre nos da muestra nuestro Dios, para llegar a un final
poético, pero ¡qué real! Recordó el primer verso de aquel conocido y expresivo
soneto de Lope de Vega: “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? Cómo nos quiere
el Señor, a pesar de nuestros olvidos,
nuestras caídas…Y Él sigue amándonos y jamás nos deja a un lado. Celebrándose,
como se celebra el triduo al Santo Sepulcro, D. José nos invitó a rezar con un
conocido salmo, el 129, “Desde lo hondo a ti grito, Señor…”, y la feligresía
cantó el himno al Santísimo Sepulcro.
D. Raul Jiménez nos advirtió que la próxima semana la
Misa Estacional será el lunes en la
Parroquia de La Merced, al ser víspera de San José el miércoles. Allí
estaremos, si Dios quiere.
A la salida, se nos regaló una estampa conmemorativa.
II
Comentario al
Evangelio del Domingo cuarto de Cuaresma,
denominado “de Laetare” .
San Juan, 9,
1-41.
CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO
“Y pasando Jesús, vio a un hombre ciego desde su
nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste
o sus padres, para que haya nacido ciego?
Respondió
Jesús: No pecó éste, ni sus padres; mas para que las obras de Dios se
manifiesten en él, me conviene obrar las obras del que me envió, entre tanto
que el día dura; la noche viene cuando nadie puede obrar. Mientras que
estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
Esto dicho, escupió en tierra, e hizo
lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo : Ve,
lávate en el estanque de Siloé (que significa, Enviado). Fue entonces, y se
lavó, y volvió viendo.
Entonces los vecinos y los que antes le habían visto que era ciego decían: ¿No
es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se
parece. Él decía: Yo soy. Y le dijeron: ¿Cómo te fueron
abiertos los ojos?
Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, y me untó los
ojos, y me dijo: Ve a la piscina de Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí
la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? Él
dijo: No sé.
Llevaron a los fariseos al que antes había
sido ciego. Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo y le había abierto
los ojos.
Volvieron pues a preguntarle también los fariseos de qué
manera había recibido la vista. Y él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y
me lavé, y veo.
Entonces unos de los fariseos
decían: Este hombre no es de Dios, pues no guarda el sábado. Otros decían:
¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Y había disensión entre
ellos. Dicen otra vez al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él
dijo: Que es profeta.
Mas los judíos no creían de él que había sido ciego y que
había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido
la vista; y les preguntaron diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros
decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Respondiéronles sus padres y
dijeron:
Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; mas
cómo vea ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco
lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
Esto dijeron sus padres porque tenían miedo de los judíos; porque ya los judíos
habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Cristo, fuese
expulsado de la sinagoga.
Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da
gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
Entonces él respondió y dijo:
Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
Y le dijeron otra vez: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los
ojos? Les respondió: Ya os lo he dicho, y lo habéis oído; ¿por qué lo queréis
oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le
injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros somos discípulos de
Moisés.
Nosotros sabemos que a Moisés
le habló Dios; mas éste no sabemos de dónde es.
Respondió aquel hombre y les dijo: Pues esto es lo
maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde es, y a mí me abrió los ojos.
Y sabemos que Dios no oye a
los pecadores; mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a éste
oye. Desde el siglo no fue oído que abriese alguno los ojos a uno que nació
ciego.
Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
Respondieron y le dijeron: En pecados eres nacido todo tú, ¿y nos enseñas a
nosotros? Y le expulsaron.
Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo:
¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que
crea en él? Y díjole Jesús: Ya le has visto. El que habla contigo, él es. Y él
dijo: Creo, Señor; y le adoró.
Y dijo Jesús: Para esto he venido yo a este mundo; para
que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.
Y oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él,
y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos?
Díjoles Jesús: Si
fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, por tanto
vuestro pecado permanece.”
***
COMENTARIO
Por D. Joaquín Núñez Morant
En este evangelio hay preguntas y respuestas y
unos tiempos que van marcando el crecimiento en la fe. El ciego es una persona
cualquiera, que le viene bien al evangelista para mostrarnos a quien no ve a
Jesús, que no tiene fe. Aprovecha Jesús para borrar la enfermedad como una
maldición divina, o algo que todavía queda entre nosotros al buscar razones a nuestras adversidades, sin
encontrar en nosotros culpa alguna. No hay ningún plan previo sobre nosotros, Dios
no tiene ningún plan previo que limite nuestra libertad.
“Yo soy la luz del mundo” y
“Sin mí no podéis hacer nada” (Jn.15:5). Ante el ciego, sin que él diga nada,
Jesús con saliva hace barro, rememora el Génesis (2:7) “así el hombre se
convirtió en un ser viviente”, así Jesús inicia un camino con el ciego- sin fe,
“ve a lavarte a la piscina de Siloé”. El agua, en este fragmento evangélico nos
recuerda el “dame de beber” ante la Samaritana. El agua es fundamental en este
tiempo cuaresmal. El bautismo como colofón a las catequesis, a los catecúmenos
y lo más importante, es conocimiento de Jesús.
A la vuelta de Siloé,
vemos cómo el ciego va, y al mismo tiempo, según va creciendo en ese
conocimiento, se convierte en misionero.
Esta parábola, en la que se
recrea San Juan, nos muestra claramente cómo el Bautismo debería ser un camino
que todos debemos recorrer, para “ver” progresivamente a Jesús. Cómo la fe no
es un “Creo” sin más. Los fariseos representan las razones contrarias, los que
no quieren ver. Son nuestras dudas y cobardías y egoísmos como ocurre con el
“Joven rico”. Cómo los que se creen tan sabios, tan “iluminados” quedan ciegos.
“La peor ceguera es la de
quien no quiere ver”. La ceguera se convierte en un muro que impide ver a
Jesús. Que a los bautizados, que vemos con alegría, nos pide en este tiempo
cuaresmal “Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar hasta que
se llene mi casa” ( Lc. 14,23 ss.).
Ojalá se nos notara como al
ciego: “no es él, pero se le parece”. Y que seamos capaces de responder con
obras y palabras y digamos: “ese hombre que se llama Jesús“ y saliéramos a “los
caminos” a decir “es un profeta” . Esa es la misión del cristiano para esta
Cuaresma, ser misioneros como nos dice el Papa León, misión en nuestra casa,
entre nuestras familias, con el lenguaje de nuestras buenas obras.
San Agustín que es el maestro
del Papa, nos dice en las homilías 44 y 45, que
somos todos “ciegos por el pecado”. Jesús, que nos ilumina en el
Bautismo, nos hace caer en la cuenta que “el ciego, es ciego, y se confiesa
ciego” (Homilía 44). Con humildad reconocemos nuestra ceguera, es el primer
paso para que Jesús nos “lave”
(Bautismo) y veamos. La Cuaresma de los primeros cristianos nos acerca
mejor a que nuestros domingos cuaresmales sean días de esperanza y llenos de
alegría, y no por nuestro bautismo de
ayer sino de los frutos de hoy. Dirigiéndose a sus sacerdotes de Roma y a los
miembros de consejo episcopal de su Diócesis Romana, les dijo sonriente: “Al
dar comienzo a este camino Cuaresmal, no es un acto de penitencial, al menos
para mí, es una gran alegría, os lo digo sinceramente”
Feliz Domingo Cuarto de
Cuaresma, ya estamos cerca de la Pascua, los catecúmenos sentían una alegría
contenida, como “el ciego que sabe que va a ver”, por eso le llamaron “Domenica
de Laetare” domingo de “Alégrate” o “Regocíjate”. Alegrémonos todos con María
de la Alegría.
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Si Dios quiere, seguiremos ya en fallas; pero
no importa, procuraré no fallar el lunes
a la IV Misa Estacional, aunque lo tengo complicado.
Saludos cordiales, Miguel Mira