
Pues sí, amigos ya hemos concluido el ciclo C y comenzamos ahora el Nuevo Año Litúrgico y, en él se nos presentan las lecturas del Ciclo A. Este próximo domingo es el Primero de Adviento y el evangelio que la Iglesia nos ofrece contiene el pasaje de San Mateo 24,37-44 que dice lo siguiente (según la Biblia de Jerusalén):
“Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Pues como en los días aquellos antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada. Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no dejaría perforar su casa. Por eso también vosotros estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.”
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Comentario
Por D. Joaquín Núñez Morant
“Mismo sitio, misma enseñanza de Jesús a sus discípulos y distinto Evangelista: Mateo, el evangelista del ciclo A que nos acompañará a lo largo del Año litúrgico hasta su conclusión, en el Adviento del ciclo B de 2026.
San Mateo tiene sus características. Tiene el estilo propio de un judío que escribe para una comunidad judía. Su lenguaje es inteligible si conocemos las esperanzas del pueblo judío. Nos presenta a un Jesús en quien se cumplen las esperanzas de los judíos. Jesús es el Mesías prometido porque en él se dan todas las características que ha de tener el Mesías anunciadas en el Antiguo Testamento: es descendiente de David y en él se cumplen las profecías hechas a Abraham y a los patriarcas. El que viene a restablecer el Reino de Dios en la tierra.
El Jesús de Mateo, a quienes le seguimos, nos llama a la Misión, nos manda a predicar el evangelio a toda la humanidad.
Es una pastoral que los liturgistas nos proponen en el texto de Mateo con su visión apocalíptica. No se qué pretenden dando al Adviento un tono que no creo que sea un tiempo penitencial, o como oí a un predicador, llamarlo, como una mini Cuaresma. Tanto el Adviento como la Cuaresma, son tiempos, en su origen, como una reflexión que nos acerque a la conversión, verter a la otra parte, a la parte donde vierte Jesús.
Nos empeñamos en la palabra “penitencia”, algo que hemos de hacer a diario a la hora del examen de conciencia. Buenos estaríamos en limitar a un tiempo concreto lo que hemos de hacer a diario. San Agustín entiende la Penitencia como un proceso de un cambio de corazón y de vida en el camino del retorno a Dios, eso en el quehacer diario; un arrepentimiento de lo que nos aleja del amor de Dios. Ello Implica la muerte al pecado y una resurrección a la vida nueva en Cristo. Es un camino para alcanzar la santidad y la unión con Dios.
¿Cuál es la idea de este evangelio del primer domingo de Adviento? Teniendo en cuenta el evangelio de Lucas del pasado domingo XXXIII, “No quedará piedra sobre piedra”. En un lenguaje apocalíptico y profético, Jesús nos narra qué pasaba en tiempo de Noé, el diluvio lo barrió todo y se inició un tiempo nuevo. Ese tiempo nuevo es lo que le interesa a Jesús enseñarnos este domingo. Los evangelistas nos relatan de distintas maneras aquello que escucharon en boca de Jesús: El sol y la luna y los demás astros caerán; que simbolizan los grandes imperios de la antigüedad, a los que podemos añadir los que nos narra la Historia, desde el Imperio Romano, pasando por el Imperio carolingio y todos imperios hasta nuestros días, todos han pasado, como han pasado las filosofías que los hicieron grandes. La fe de la iglesia ha de tener presente en este tiempo de zozobra: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24, 35-42).
Este es el sentido del primer domingo de Adviento.
San Agustín, nos enseña como pastor, que el Adviento es un tiempo de gracia, de preparación y expectación para la venida de Jesús, pero también como preparación y esperanza, que da sentido a nuestra vida. La parusía será, cuando Jesús vuelva en gloria y majestad. Supone un tiempo de oración, de caridad, de vigilancia: “a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre” (Mt. 24:44 y Lc. 12; 40).
Tiempo de profundizar en la hermosa teología del gran misterio de la Encarnación. Porque nos creó Dios a su imagen y semejanza, porque nos prometió un Salvador para reparar nuestro pecado, porque Jesús nos enseñó a amar amándonos, y porque nos dio su vida para enseñarnos que es nuestro único Amigo, que su relación con nosotros es gratuita, por puro amor de Amigo que se da a cambio del gozo de darse.
Feliz Domingo primero de Adviento, expectación y esperanza en el gran amor que Dios nos tiene.
Que la Madre del Amor Hermoso nos acompañe.
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