Volvemos al Tiempo Ordinario y vamos a poder reflexionar cada domingo sobre las lecturas correspondientes al CICLO A. Este próximo es el II del año y el Evangelio es de San Juan y, de éste, tomamos el pasaje del Cap. 1, versículos 29 al 34, y dice lo siguiente:
“Al día siguiente, vio Juan a Jesús que venía hacia él y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Después de mí viene un hombre que es antes de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio, diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se quedaba sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.”
COMENTARIO
Por D. Joaquín Núñez Morant
El Evangelista San Juan fue antiguo discípulo de San Juan Bautista y es quien más habla de él. Hoy nos da la ocasión de descubrir su personalidad, pero sobre todo su carisma y misión en la historia de la salvación. Hoy no nos habla el evangelista del bautismo, nos presenta al Bautista con la hermosa misión de quien anuncia “al Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”.
Con toda humildad reconoce que solo es su testigo. Nos va narrando quién es Jesús y quien es él. Aquí el evangelista pone en sus labios palabras hermosas, no como precursor sino como testigo de quién es Jesús. Debido a una fama que va teniendo entre la gente, los saduceos del Templo de Jerusalén le envían a preguntar si él es el Mesías, mucho más de acuerdo con la Ley que Jesús. “Yo no soy el Cristo, yo bautizo con agua (aquí san Juan Evangelista lo deja claro), pero en medio de vosotros está uno que no conocéis que bautiza con el Espíritu Santo”.
El evangelio nos narra el encuentro de Jesús y proféticamente lo define como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Juan comienza a decir que no lo conocía, quiere decir que esperaba un Mesías guerrero, poderoso y el Jesús que está delante de él no tiene nada que ver con la imagen que él, como profeta, se ve obligado a definir como “Cordero que quita el pecado del mundo”, más allá del pueblo Judío, pues cuando San Juan escribe su evangelio, el cristianismo ya se ha extendido por todo el Imperio (años 90-100).
Juan Bt. “conoce a Jesús”; la gran pregunta hoy es: ¿conocemos nosotros a Jesús como aquel que quita el pecado del mundo? Estamos en una sociedad que ni es capaz de conocerse a sí misma, ni es capaz de conocer a tantos que esperan ser reconocidos. Nadie puede amar a quien no conoce. Hoy se regala el nombre de “Amigo” a uno que encontramos sin conocer quién es; da igual, dentro de nada se olvida si no interesa.
Ser “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” recuerda para el pueblo de la época “la sangre que salvó a los judíos de la muerte en Egipto”. Y para nosotros, que nos sabernos lavados en su sangre, y, por tanto, que nuestro bautismo lo es en el Espíritu Santo, nos compromete a enseñar que Jesús es “Hijo de Dios” con nuestra propia vida. Se nos consagró en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, haciéndonos sacerdotes, profetas y reyes.
Feliz domingo a todos/as. Aunque en el 2º domingo ordinario hemos leído a San Juan, ya estamos siguiendo el curso normal del ciclo A con San Mateo. Que María nos lleve de su mano a conocer y amar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
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Como suelo hacer los segundos domingos del mes, cuando la santa misa la anima Cáritas, la acción de gracias que se propone y que no tiene desperdicio, me apetece publicarla para que la asumamos como nuestra. Esta semana última se leyó la siguiente:
Padre bueno: tú a ti que nos has revelado a tu Hijo Amado te pedimos que derrames tus gracias sobre nosotros para que le podamos conocer cada día más y, así, seguirlo e imitarlo, para tener por medio de Él la vida que Tú nos das.
Señor Dios nuestro: tú que nos has dado la gracia del bautismo, ayúdanos a vivir de acuerdo con nuestra fe para que nuestra vida sea reflejo de lo que creemos y podamos dar testimonio de ti.
Señor Jesús: Tú, el Hijo amado del Padre, que has venido a revelarnos el amor desbordante de Dios, te pedimos que derrames en nosotros tu Espíritu Santo para que nos identifiquemos contigo, asumiendo tu estilo de vida, amando, perdonando, ayudando, pasando por la vida haciendo el bien, como Tú hiciste.
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Si Dios quiere, seguiremos en la brecha. Un abrazo. Miguel Mira
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