dijous, 29 d’octubre del 2026

¿Tú eres SANTO?

 

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 

¿Qué es ser santo? 

            Santo es quien vive como ciudadano del reino de Dios en este

mundo, quien vive y da vida en un medio social de injusticia manifiesta. Se

le canonice o no, ese es un santo.

            Quien a pesar de su desgracia, desventura y pobreza es capaz de

sacar fuerzas para dar esperanza y ayuda, solidarizándose con los que aún

están peor. Eso es lo propio de un ciudadano del Reino, de los que viven

habitados por Dios y lo dan a conocer.

            En ocasiones, cuando el género humano pierde toda dignidad, e

impera la injusticia y la violencia es palpable, sin saber cómo, surge uno

que es capaz de darse para que otros vivan manifestando una gran voluntad

de vivir y de ayudar a vivir. Uno que en medio del sufrimiento tiene a Dios

por Amo y Rey y se deja gobernar por Él. Uno que sacando fuerzas de

donde no las hay, es agente callado y anónimo del bienestar del prójimo.

(Maximiliano Kolbe)

            Los santos, canonizados o no, son los que dan a conocer la

maravillosa dignidad que es capaz de alcanzar el ser humano, la dignidad

misma de las victimas al ser solidarios con ellas. Estos son nuestro

verdadero “misterium salutis”, nuestro verdadero “misterio de la

salvación”. Estos nos salvan.

Ser ciudadano del Reino tiene un precio: la santidad, que no es más

que saber ver en el “otro” a un hermano al que apreciar y compadecer.

Cuando encuentro a alguien que a la vez me fascina y aterra, no lo

dudo, estoy ante un santo, un ciudadano del Reino que me llama e invita a

dejarme gobernar por Dios. Y me es muy difícil desentenderme, mirar para

otro lado.

Para los que ni somos pobres ni víctimas, entrar por la senda del

Reino nos resulta más fácil de comprender que de aceptar.

Porque aceptar la senda es vivir en santidad, y eso supone mucha

abnegación, es para los limpios de corazón, los que verán a Dios y

ayudarán a verlo. A estos todo lo que les ocurre lo asumen como ocasión

de gracia y encuentro con Dios, se sienten agraciados y son agradecidos.

Limpios de corazón, pobres de Yahvé, anawim, gentes que pertenecen

al grupo de explotados, deprimidos, marginados-marginales que están de

sobra en la sociedad y que el sistema rechaza, estos son los que nos salvan,

nos redimen, nos acompañan a creer en la santidad del ser humano y en la

permanencia y presencia de Dios en todas sus criaturas.

            Cuando un pobre clama y llora y sus lágrimas no riegan violencia,

nos salva. Toda santidad nos salva y todo santo nos redime. Recordáis

aquella canción de los años sesenta del siglo pasado: “Cuando un pobre

nada tiene y aún reparte…, va Dios mismo en su mismo caminar…”, pues

eso, las victimas salvan a los victimarios, redimen a sus verdugos y son

capaces de arrancarles deseos de conversión, de admiración e imitación.

Cualquier pobre ciudadano del Reino, que al tener a Dios por amo se

deja gobernar por Él nos salva y redime al remitirnos a Dios. No lo

dudemos, los limpios de corazón, anawim, siempre nos ponen ante lo santo.

Recordemos cómo en U.S.A. cuando se daba la esclavitud y la

degeneración de lo humano llegó a límites insospechados, los negros

explotados hasta la extenuación cantaban himnos y salmos de libertad

frente a sus explotadores, todos ellos cristianos, y sus Iglesias, incluida la

Católica, consentían la esclavitud porque “no repugnaba a la fe”. Qué

fuerte y triste.

            Entre nosotros, la santidad o ciudadanía del Reino también se da en

la vida cotidiana, especialmente entre los sencillos que vienen por Cáritas

sin medios ni trabajo. Para muchos de ellos sobrevivir es su forma habitual

de vivir y “sobrevivir no es vivir”. Responsables somos todos.

            Los anawim, los oprimidos de todos los tiempos, los despreciados y

marginados son los que viven en el abajo y en los márgenes de la sociedad.

Lamentablemente, pocas veces nos preguntamos por la excelencia

evangélica de sus vidas, ni nos dejamos interpelar por sus valores.

Deberíamos hacerlo y nunca tratarles como “casos” que nos llegan sino

como personas a las que acompañar y atender.

 

MI VIDA A EXAMEN EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS



*¿Quiénes son los “otros” para mí?

 

*¿Qué lugar tienen los “otros” en mi vida?

 

*¿Siento como propio el dolor de los sufrientes?

 

*¿Vivo con conciencia clara de que la vida se me ha dado

para servir y ayudar a vivir a otros?

 

*¿Estoy sensibilizado con las necesidades, carencias y

sufrimientos del próximo, del que tengo al lado, del

prójimo?

 

*¿En concreto qué hago y qué podría hacer?

***

            Damos las gracias a D. Joaquín Núñez por esta pormenorizada reflexión sobre nuestra obligación de ser santos (“… Mateo 5:48: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto)."  Sí, amigos, hay tela que cortar. Nuestro Padre Jesús Nazareno nos compromete. Nosotros lo elegimos. Él nunca nos falla y…¿Nosotros…)

            Hasta pronto. Tenemos a la puerta la festividad de Cristo Rey y volveremos, si Dios quiere,  a gozar leyendo y orando con el amigo Chimo.

            Saludos cordiales, Miguel Mira