dijous, 21 d’abril del 2011

Un comentario:

Un compañero de Junta nos pasa el siguiente comentario referido a Les Cortesíes:


El Ecce Homo salió de su sede a las 22:55 h. bajo unas ligera llovizna que, a pesar de aparecer varias veces durante la noche, afortunadamente, no cumplió la amenaza que presagiaba. Danza dels Armats, típica confusión a la hora de situarse los representantes de la Hermandad de Cofradías y la procesión comienza. Pasa por la Plaza Sant Jaume y carrer Hostals con numerosos balcones adornados con colgaduras como es habitual. Comienza a aparecer a las 23:50 en la Plaza de San Francisco y se va ya desarrollando la ceremonia tradicional con la innovación, hace unos años, del canto coral a la Virgen del motete propio. Saludos de los pendones y preparativos para los saludos de la Virgen, no exentos de los, desgraciadamente también tradicionales malentendidos entre miembros de una y otra cofradía y algunas expresiones subidas de tono. Mala imagen. Concluye el acto y el Ecce Homo da la vuelta y espera que se vuelva a formar la procesión. Regresa por la Alameda con numeroso público expectante y sonido de algunos cláxones de coches de fondo, que festejaban la victoria que se acababa de producir de un equipo de fútbol. Llega a la Iglesia de la Merced y, antes de entrar, de nuevo Danza dels Armats y la imagen vuelve a su sede a la 1 h. de la madrugada y es depositada en su lugar habitual tras entonar las camareras el "Rey de espinas coronado..."


Agradecemos esta colaboración, que viene a enriquecer la crónica del tradicional acto de Les Cortesíes.

LES CORTESIES

Acabo de repasar la crónica del pasado 2.010 y no cabría más comentario, puesto que vale cuanto allí se dijo. No obstante, alguna pincelada diferencial sí que podríamos dar: sumaríamos a la participación constatada en aquel año la concurrencia de todavía un mayor acompañamiento y el aumento apreciable en el número de cofrades con vesta, con la particularidad de que en un significativo porcentaje eran mujeres, chicas jóvenes, incluso portando el anda de la Virgen, guapa como siempre. El Còr Polifònic repitió el motete "Qui comparabo te" y ya en la Plaza de San Francisco, abarrotada como es histórico, silencio hasta romper en espontaneo aplauso tras los saludos.


Como es tradicional, els armats, esa guardia pretoriana custodia del Ecce Homo, ofreció su típica danseta, y todo con la animación de las dos bandas setabenses, turnándose cada año el paso al que acompañan.

Un amigo y compañero me ha pasado un fragmento de un antiguo libro de la Semana Santa Setabense y aunque no ha mentado su autor, digo yo que debe ser del recordado D. Carlos Sarthou, promotor de aquella revista editada por la Hermandad de Cofradías llamada "Pasión", dedicada a estas celebraciones. Dice así:

"Desde tiempo inmemorial, cada Miércoles Santo, todo un pueblo se apiña para presenciar el saludo de la Madre a su Divino Hijo. Y en ese momento culminante, con la respiración entrecortada y en el más reverente de los silencios, la furtiva lágrima de los viejos al unirse con el asombro de los niños, es como rocío que abona el campo de las almas para que florezca el milagro de este sublime acto que se repite cada año y se transmite de generación en generación”.


Si la fecha de esta crónica es como pienso de pocos años después de la Guerra Civil, entonces lo del aplauso era impensable; lo de las señoras y señoritas con vesta, también. Yo recuerdo las habituales dificultades para trasladar la imagen de la Virgen desde la casa del Marqués de Montortal hasta la Colegiata y el escaso número de vestas, incluso entre los portadores. De este fragmento literario que he copiado, vale lo del más reverente de los silencios hasta el momento de la cortesía. En mi memoria está cómo a la señal para hacer la reverencia, los chavales y no tan chavales contaban: ¡uno..., dos..., tres...! Sin dudar que el acto resulta emocionante, pienso que el autor del relato transcrito quiso dejarnos una hermosa estampa y lo hizo; pero le quedó como un tanto exagerada.

Por supuesto, tanto La Cofradía de la Purísima Sangre como la congregación del Santísimo Ecce Homo intentan superarse y es de notar cómo a pesar de los signos adversos de estos tiempos, la gente responde, al menos en los actos externos. Y no me refiero a expectación, que en general -ya lo he comentado en días anteriores- no ha sido demasiada (salvo el Domingo de Ramos y anoche); me refiero a la presencia en cada procesión notablemente superior a años anteriores.

Pincelada final: si recordáis lo que relatamos el pasado sábado, ayer se volvió a repetir: final de la Copa del Rey; segunda parte de la prórroga; la gente que estaba viendo el partido no se recató para nada y volvió a oirse aquel grito: ¡¡goooool!! al paso de la procesión. Contrastes. Curiosos contrastes, como la falta de respeto al paso de la procesión por las proximidades de la zona de ocio. Los signos de los tiempos.

Vuestro, MIGUEL MIRA

dimecres, 20 d’abril del 2011

IMÁGENES

Me gusta presenciar la salida de las imágenes del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Esperanza de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, cada Martes Santo, y en cada ocasión recuerdo los avatares del retorno de ambos tronos desde la vieja fábrica de la Papelera de San Jorge; y como uno de los agentes del retorno fue quien esto escribe, francamente, no puedo ocultar mi sentimiento hacia esta hermandad de nuestra Semana Santa; y me alegro cuando veo, como anoche, la gran participación de fieles en el acompañamiento, esta vez ordenados delante de la imagen de Cristo; y cuando me doy cuenta de que, poco a poco, se va recuperando y aumenta la presencia de cofrades con vesta, esta vez ordenados delante de la imagen de la Virgen. María está guapa, triste, pero hermosa; pero, a decir verdad, me encanta recrear la mirada al posarla sobre el grupo escultórico de la crucifixión. Estabat mater... Son los gestos, es la expresión de cada figura, es la naturalidad conseguida por el escultor. A mí personalmente me mueven a elevar una oración desde una actitud de reconocimiento hacia quien cargó con mis culpas, hacia quien siempre transmitió una palabra de comprensión, de amor... Ahí tienes a ti madre... y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. ¿Y nosotros? Y veo la imagen de María Magdalena y me conmueve; pero recuerdo también: No lloréis por mí... Hemos de reconocer el meritorio trabajo de la cofradía para mantener dentro de la religiosidad que nos es propia la dignidad con que desfila por nuestras calles; y debemos felicitar y agradecer a su Junta ese esfuerzo, animando a todos sus responsables a permanecer en la brecha, firmes y decididos. Enhorabuena.
Vuestro, MIGUEL MIRA

dimarts, 19 d’abril del 2011

LA SANTA CENA

Lunes Santo. Parroquia de los Santos Juanes, sede de la Cofradía de la Sana Cena. Trajín en la iglesia por la obligada maniobra de la imagen y el reparto de cera. Buena asistencia y, como correspondía, concurren los representantes de la Hermandad de Cofradías. Este año, con buen criterio, los responsables de la organización acortaron el itinerario para volver -casi- al que durante muchos años se propuso y se observó. Hubo alguna dificultad en el tránsito del trono, pero llegó al final después de algunos pequeños incidentes. Cuando llegamos a la calle de San Roque, me pareció que caía alguna gota y, efectivamente, la cosa fue in crescendo, pero la verdad es que nadie se movió de su sitio, e hicimos bien, porque al llegar a la Pl. del Españoleto ya apenas si se notaba la llovizna. Por lo demás, el acto transcurrió dentro de la normalidad hasta entrar la imagen en el templo. Y debo destacar que una vez allí tuvo lugar lo que no suele hacerse nunca en los traslados, aunque en los estatutos viene preceptuado: El consiliario procurará que concluyan con una exhortación sacerdotal, un canto apropiado, la oración y la bendición final. Es claro que en las procesiones que no entran en una iglesia, resulta difícil de observar esta norma; pero, en general, este precepto es ignorado. Por ello, anoche, me llamó la atención y debo resaltarlo en positivo, que el Sr. Cura de los Santos Juanes se dirigiera a los fieles que llenaban el templo, rezara una oración y nos exhortara a participar el Jueves Santo en la Misa de la Cena del Señor.
Vuestro, MIGUEL MIRA

dilluns, 18 d’abril del 2011

JESÚS NAZARENO




Y a las diez y media de la noche, como estaba programado por la Hermadad de Portadores (y olvidando el inexplicable error del programa oficial), la imagen de Jesús cargado con la Cruz salió para ser trasladada al domicilio del clavario entrante. Así es la costumbre en ésta y en las demás cofradías de la ciudad, y confiamos en que lo sea durante muchos años más. Itinerario corto, como pensamos que debe ser. Se nos podría decir que en nuestro caso lo hacemos así obligados por el horario de la procesión del Santo Silencio; también dicen algunos que no tenemos interés en trazarlo más largo porque al tener procesión de penitencia el Jueves Santo, pues eso, que no queremos cansarnos en el traslado; pero es sabido que no somos partidarios de castigar a los invitados con largos recorridos.
No hubo mucha gente en la calle, tal vez algo más que el sábado, pero hubo algunos lugares del recorrido en que íbamos totalmente solos. Sin embargo, tanto el acompañamiento como el grupo de portadores fue nutrido; es cierto que pudimos ser más, pero el porcentaje de participación fue aceptable, si consideramos que tenemos algunas familias con varios miembros portadores que residen fuera y que, indefectiblemente, sabemos que para el Jueves Santo estarán presentes. Nos faltan algunas cosas que pulir, pero quizás ésta fue una de las ocasiones en que desfilamos con mayor silencio y respeto. No obstante, sigo echando en falta esa disciplina que vimos en la noche anterior; a lo mejor, no tan rígida, pero sí, entiendo que es deseable.
Tras la presidencia, con la Hermandad de Cofradías cerrando el cortejo, la Música Vella. Un placer.
Vuestro, Miguel Mira.

diumenge, 17 d’abril del 2011

"LA BURRETA"

Si algo me ha sorprendido hoy, más que otra cosa, es lo excepcional de la participación en esta entrañable celebración de la Entrada de Jesús en Jerusalén. Parecía que toda Xàtiva estuviera en la calle a la espera emocionada del que había de venir. Excepcional también la organización. Puede que desde que lo recuerdo sea el primer año que no se ha producido ni un solo "corte"; quizás haya ayudado el que en esta ocasión el grupo de percusión que precedía el desfile fuese el de la Academia Rytmus, donde se instruyen los pequeños percusionistas de la simpática banda de la cofradía. Impresionante la llegada a la Plaça de la Sèu, donde no cabía una aguja, y el acompasado tronar de los tambores dando entrada al Rey de Reyes entre el agitar de las palmas y ramos hasta la Colegiata. Sinceramente, emocionante. Enhorabuena. Pienso que para conseguir una mayor aproximación a la representación del pasaje evangélico que recordamos, falta algún tipo de animación a la entonación de cánticos litúrgicos, como el Pueri Hebreorum o Lauda Jerusalem u otros de alabanza más conocidos, que denoten la alegría de esta jornada tan especial. En cualquier caso, felicitaciones a la Cofradía por ese evidente deseo de superación; felicitaciones por haber sido capaz su Junta no sólo de revalorizar un acto que languidenció para ser reflotado in extremis, gracias a las gestiones de su Hermano Mayor, del entonces Abad, D. Manuel Soler, y del sí de la aceptación, primero por las agrupaciones pastorales jóvenes; después, por los comprometidos directivos que se fueron incorporando a la tarea, aportando ideas y derrochando ilusión.

Visto lo visto, ante hechos recientes de ingrata recordación, entiendo que podemos decir y asumir aquellas palabras de Cristo en el lago, aquellas palabras que no cesaba de repetir en sus intervenciones el papa Juan Pablo II: ¡¡No tengáis miedo!! Y también: Duc in altum! ¡Remad mar adentro!

Que así sea.

Vuestro, MIGUEL MIRA

LA FLAGELACIÓN

En la procesión del Señor de la Columna me llamó la atención que este año, por primera vez desde hace unos cuantos, no desfiló cofradía invitada. La excelente banda de cornetas que solía abrir camino fue sustituida por la local de "El Cachorro". Echamos en falta gente por las calles; apenas si hubo espectadores; si acaso algún grupo en las plazas, pero casi nadie.

Buen acompañamiento y, aparte de la ya expuesta, otra novedad: el toque de una campana, que hacía sonar una cofrade, entre dos pendonistas, avisando de la proximidad del paso; cruz procesional y penitentes, detrás. Me percaté de que la participación aumenta de año en año y el arrastrar de cadenas se multiplica, produciendo una impresión un tanto escalofriante. Orden quasi perfecto; quizás excesiva la separación entre cada terna ( los cofrades portadores de farol o cruz desfilan de tres en tres). Me llamó la atención que (salvo dos) ninguno llevara cirio, pues incluso los más cercanos a la imagen, en dos filas, portaban sendas varas o pértigas con el anagrama de la asociación. Muchos, descalzos, y todos (salvo los más pequeños) con la cara cubierta con verduguillo. Dos excepciones: el presidente y la señora clavariesa, acompañando al Sr. Abad, desfilaron sin cubrirse el rostro. Cerraba la procesión, como es de rigor, la Hermandad de Cofradías; y las marchas procesionales, a cargo de La Nova.

A destacar: el solemne silencio, que, por cierto, en el momento de discurrir por la Pl. del Mercat, se vio roto por un clamoroso grito procedente de uno de los bares de la zona... ¡GOOOOL! había marcado el Barsa. Pero volvamos sobre nuestros pasos. Digo que fue destacable el silencio, el rigor en la disciplina, la convicción de que, si se quiere, se puede procesionar con formalidad sin descomponer la simetría ni alterar el tempo de marcha. Cada cual en su interior, sin duda, ha tenido que asumir esa forma de penitencia.

El paso por las calles estrechas del casco antiguo de esta procesión de Cristo Flagelado nos transporta a tiempos del medievo, a costumbres más propias de la árida Castilla que de nuestras tierras mediterráneas, a la memoria de aquel tenebrismo que parecía superado, pero que no sé por qué -como ya insinué al hablar del traslado del Sepulcro- asoma de nuevo su cara.

Una cosa es cierta: me guste o no este modo de ataviarse, lo cual ahora y aquí no viene a cuento, reporta una ventaja sobre quienes desfilan (desfilamos) a cara descubierta, y es que no permite o al menos hace difícil trabar contacto verbal con el penitente que te precede y menos si la distancia entre fila y fila es de dos o tres metros.

Cada uno de nosotros es capaz, sin duda alguna, de hacer lo que otros hacen bien. La pregunta es obligada y clara ¿nos da reparo imitar lo que de bueno vemos a otros para que no nos digan copiones? La verdad, no me da envidia ninguna ni el atuendo ni la forma de aquella penitencia. Si siento celos es de la capacidad renovadora, de la aceptación sin condiciones de las normas dsciplinarias, del respeto al acto en que participas y a lo que representa, de la fraternidad entre los asociados.

A veces, tropezamos con aquello de que "sempre s'ha fet aixina". Otras, confundimos costumbre con tradición, cuando ni una ni otra son valores absolutos. Otras, no encontramos respuesta.

Tal vez hoy este relator se haya pasado un poco. Si es así, disculpadle. ¿O me he quedado corto?

Vuestro, MIGUEL MIRA.