Hola, amigos_
HABLEMOS CLARO:
De otra parte, no me parece de recibo el absentismo de los hermanos y hermanas portadores en la reunión de una Asamblea General en la que correspondía renovar la Junta Directiva. De corazón, esto es inexplicable. Y ahí lo dejo.
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Como todas las semanas, tenemos apunto una colaboación de nuestro buen amigo D. Joaquín. Como de costumbre, hay materia de reflexión.
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Con afecto, saludos cordiales, Miguel Mira
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Comentario al Evangelio del Domingo XII, ciclo A
San Mateo 10, 26-33
I.TEXTO DEL EVANGELIO
«No les tengáis miedo. Pues nada hay oculto que no haya de ser descubierto, ni secreto que no haya de saberse.
Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados.
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.
¿No se venden dos pajarillos por un as? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento de vuestro Padre.
En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados.
No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.
Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también yo me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos;
pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos.»
II.Comentario
Por D. Joaquín Núñez Morant
«La mies es mucha y se necesitan obreros». Cuando Mateo escribe estas líneas, la comunidad ya sabe lo que cuesta contar la vida de Jesús. Para muchos, el martirio fue el precio de su vida; sin embargo, Jesús nos dice: «No tengáis miedo».
Sed valientes
Sed valientes: «lo que os digo de noche, decidlo en pleno día». Lo que descubráis en vuestro corazón a través de la oración, hacedlo realidad; atended a quien os pide y dadle. No es necesario dar la vida hoy, pero sí dar algo de lo nuestro, aquello que alimenta nuestro egoísmo. «Lo que escuchéis al oído, practicadlo»; lo que nuestra conciencia nos recuerda, «pregonadlo desde la azotea», a pesar de quienes nos dicen que no nos dejemos engañar por los pobres.
El martirio como testimonio
Existen muchas formas de ser mártir y testigo de nuestra fidelidad a Jesús. Cuando Mateo nos recuerda a Jesús diciendo «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo», nos ofrece el ejemplo de cientos de mártires que dan fuerza a nuestra generosidad y vocación misionera, animándonos a hablar de nuestra fe ante quienes se jactan de no tenerla, mostrando sin vergüenza cuál es nuestra esperanza. Temamos, más bien, a nuestra propia cobardía y al miedo a hacer el ridículo.
Dios, Padre providente
Tened por cierto que el Padre valora hasta los cabellos de nuestra cabeza; no tengamos miedo, pues Él es nuestro Padre y contará cada gesto de caridad, incluso el vaso de agua que demos a quien lo necesite. ¿Acaso no hay comparación entre nosotros y los gorriones? Dios, en su providencia, nos cuidará y ayudará a dar testimonio, por pequeño que sea.
El ejemplo de San Agustín
San Agustín buscó la Verdad durante toda su vida, recorriendo todo el saber de su tiempo y alcanzando gran prestigio. Escuchaba con gusto a San Ambrosio, gobernador consular de las provincias de Liguria y Emilia, quien lo bautizó después de nueve años. Tras su bautismo, Agustín comprendió lo que Jesús vio: que la mies es mucha.
A pesar de su deseo de recluirse en Tagaste, en Hipona fue obligado a ser sacerdote y, posteriormente, obispo; aceptó esta misión como voluntad de Dios al ver a la muchedumbre como «ovejas sin pastor». En sus Confesiones, relata cómo Dios lo liberó de sus miedos: miedo a la verdad, a entregarse, a la caridad, a la Iglesia y a los herejes. Descubrió que la verdad no se impone, sino que se propone, manifestando su amor a la Iglesia y su delicadeza hacia quienes estaban en el error. No buscaba aplastar, sino curar; invitaba a los demás a integrarse en la Iglesia y a descansar en la verdad. Era duro con la mentira, pero tierno con las personas.
Conclusión: vivir sin miedo
Debemos vivir sin miedo a la cultura, a los políticos, a los mentirosos asesinos ni a los egoístas. Debemos imitar su delicadeza con todos, especialmente con los más débiles y pequeños. Ante una mies tan inmensa, no desfallezcamos por sentirnos incapaces; recordemos lo que dijo San Pablo: «Todo lo puedo en aquel que me conforta» (Flp 4, 13). Jesús nos advierte para nuestra tranquilidad: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5).
Feliz domingo en el que Jesús nos señala dónde mirar: la mies es mucha y hay muchos frentes que atender, sin miedo a nuestro egoísmo, a nuestro miedo paralizante, al «qué dirán» o a los que temen hacer el bien por miedo a hacer el ridículo. Valemos más que un gorrión: no tengamos miedo. Que la Madre del Buen Consejo nos conceda su generosidad.
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