Hoy terminamos el capítulo de las parábolas, con comentario de . Joaquín Núñez Morant al Evangelio del Domingo XVII, ciclo A tomado de
San Mateo 13, 44-52, que dice así:
«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel. También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que busca perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. También es semejante el Reino de los Cielos a una red echada en el mar que recoge peces de todas clases. Cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen los buenos en cestos y echan fuera los malos.
Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. ¿Habéis entendido todo esto? Le dicen: «Sí.» Y él les dijo: «Por eso, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante a un dueño de casa que saca de su arca lo nuevo y lo viejo.»
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Estos versículos son los últimos de este capítulo 13, solo quedan los pocos versículos que se refieren a la ida de Jesús a Nazaret donde es rechazado, ”solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta”. Jesús explica a sus discípulos el valor absoluto de seguirle a Él; han de renunciar “a sus padres, hijos o riquezas”, a todo lo que les ata con el pasado. Eso es lo que hace Jesús, renuncia a su pasada historia, al fariseísmo en que ha sido educado. Es su testimonio ante sus discípulos. La Ley se simplifica con las palabras que siguen: “Maestro... ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?…”, “amarás al Señor…”, Este es el mandamiento principal y primero, pero hay un segundo no menos importante “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt.22,37-39).
El Reino de Dios se parece a un tesoro…, a una perla preciosa… o a una red barredera. Unos lo buscan, otros se lo encuentran y otros son sorprendidos al final de sus vidas.
El tesoro escondido es encontrado por casualidad, algo que la gracia, la Misericordia del Señor se te hace cercano por distintas circunstancias. Familia, amigos, una desgracia o gracia, es decir, cualquier circunstancia, igual da; un ambiente religioso en el que se te ha educado y te ha abierto los ojos de una fe tibia de costumbre y te abres al Señor y te vas llenando de Él, alegría que te hace vender todo. Dejar lo de menos, por lo de mas.
La Perla preciosa es la meta que San Agustín buscó y encontró. Él reflexionó mucho sobre este capítulo 13. Para Agustín vender todo es no poner tu corazón en nada creado. “Si amas de tal modo que por ello no amas a Dios, ya vendiste mal. Véndelo bien por el Reino”. No es dejar cosas, es cambiar de Centro. Cristo es el Tesoro.
Estos versículos últimos del capítulo 13, se cierran con estas tres imágenes, y no están ahí por casualidad, son el remate que condensa todo lo dicho: el sembrador, el dueño del campo, los obreros, la paciencia del Señor que hemos de tener para no arrancar el trigo arrancando la cizaña; no condena ni define a la cizaña, ya vendrá el tiempo de la siega. En el campo del Señor hay un Tesoro y una Perla, Jesús mismo. Unos lo buscan, otros lo encuentran. Es el Reino que se te hace cercano, no somos nosotros los que lo encontramos, es el Reino quien nos encuentra. San Agustín, Doctor de la Gracia nos lo enseña, el Amor de Dios providente nos sale siempre al paso en el tiempo que somos obreros de su mies.
Todo concluye con la “Red barredera” o cosecha de la mies (aquí Mateo habla a judeocristianos y toma el concepto judío de juicio) que recoge a todos, peces buenos y malos, solo quedan los buenos.
En la red cabemos todos, grandes y pequeños: los que saben, los fuertes, los que están cerca del Señor hace años y los pequeños, los nuevos, los heridos, los que entienden poco, los que vienen por inercia. Jesús no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños (Mt.18:14).
Feliz domingo busquemos o encontremos el Tesoro o la Perla, lo más importante es que Jesús sea nuestro mayor Amor. Que nuestra Madre de Amor Hermoso, nos enseñe a amar.
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Saludos cordiales, Miguel Mira. Hasta pronto
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