divendres, 9 de maig del 2025

HABEMUS PAPAM - IV DOMINGO DE PASCUA

 

            A la hora de insertar esta entrada, correspondiente al IV Domingo de Pascua, en la Plaza de San Pedro, en Roma, se oyó el clamor de la “Fumata Blanca” y, lógicamente, me puse ante el televisor, hasta presenciar el ceremonial de presentación del nuevo sucesor de San Pedro. Al reincorporarme ante el ordenador, no sé que tecla toqué indebidamente, de modo que en el blog salió el texto con el que había estado trabajando de un modo extraño e inadecuado para una correcta lectura. Por ello he borrado aquella entrada y presento ésta, redactada ya comenzando por una breve semblanza de León XIV, que copio de una nota escrita por D. Joaquín Núñez:

             “Nieto de emigrantes franco-ilalo-españoles, el cardenal Robert Francis Prevost Martínez, nacido en Chicago, pero cosmopolita al cabo de tantas misiones como le fueron confiadas, tiene la ternura de San Agustín, Padre de la Iglesia, hombre buscador de la verdad.

            Ya iremos descubriendo su persona y su mensaje.      Se dice que quien entra en el Cónclave  como Papa, sale como cardenal; pero Prevost entró como Papa y ha salido como Papa.

            Oremos por el Papa León X IV”

***

Vamos pues a la tarea de este finde: IV Domingo de Pascua

 

            Del Evangelio de San Juan, 27 - 30

            “En aquel tiempo, dijo Jesús:
            “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

            Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”.

                                                                Comentario

 

       Según este fragmento del evangelio de san Juan, en que todas y cada una de sus palabras tienen un sentido profundo, Jesús se presenta en el Templo ante los malos pastores de Israel en la Fiesta de la Dedicación, y no como el Buen Pastor, sino como el Pastor Hermoso,  consustancial a su esencia divina. Es Kalos, tal y como nos lo define San Juan de la Cruz, aquel medio fraile como lo definió Santa Teresa en su Cántico:

!Oh bosques y espesuras

plantadas por la mano del Amado!

!oh prado de verduras

de flores esmaltado!

Decid si por vosotros ha pasado.

 

Mil gracias derramando

pasó por estos sotos con presura

y, yéndolos mirando,

Con solo su figura

Vestidos los deja de su hermosura.

 

     Ese es el efecto que se produce cuando Jesús dice de quien se deja pastorear. Conocer a Jesús es poder cantar el “Cantar de los Cantares”, siendo con Él protagonista. “Mis ovejas conocen mi voz y Yo las conozco”. El verbo conocer en la Biblia significa: una identidad con el otro, un ser uno con el otro en una historia compartida.  Conocer y creer, en este caso, es lo mismo que amar. San Juan de la Cruz nos transmite esa vivencia en sus poesías. No se puede decir lo que dice sin la vivencia de oír su voz, de conocer y seguir, y, sobretodo, amar con el mismo amor con el que se es amado. Aquí aparece el hermoso diamante de tres caras: Fe, Esperanza y Caridad.

    La biología estudia la vida de todo viviente: todo volverá a la tierra. Pero Jesús, a quienes, enamorados, le seguimos, nos da otro tipo de vida, la suya, la vida eterna. Le seguimos como un enamorado sigue a su amada. En el tratado “De Gratia” hay una afirmación que dice: “El alma en gracia (la persona graciosa a Dios) es esposa de Cristo”.

     Cuántas veces he oído aquello de ¡he perdido la fe! …y la Caridad y la Esperanza, añado yo. Una vez que alguien conoce a Jesús ya no lo olvida. A quien ha disfrutado de su Amor, no hay ni escándalo ni motivo alguno que le  quite la Fe. San Juan de la Cruz,no solo los vio, sino que fue víctima de los escándalos, de la falta de Caridad,  fundamentalmente de quienes le persiguieron. Es afirmación de Jesús, no como una posesión sino como una elección libre de quien se enamora: “no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano”.

     Cuando se refiere a Dios, Jesús siempre habla de su Padre. Los judíos no se atreven, su Padre en la fe es Abraham, pero a lo largo de los evangelios no nos sorprende esa llamada, nos enseña a rezar: “Padre nuestro…”. Su ser uno con el Padre y el Espíritu es una unión amorosa. Por eso ese Padre amoroso que por amor nos creó con un destino de una vida más allá de la biológica, no dejará que “nadie nos arrebate de sus manos”. Juan de la Cruz experimenta esa verdad cuando nos dice:

En mí yo no vivo ya

Y sin Dios vivir no puedo.

Pues sin Él y sin mí quedo.

Este vivir ¿Qué será?.

Mil muertes se me hará.

Pues mi misma vida espero

muriendo porque no muero.

 

 El Padre y Yo somos uno, porque el Amor, el Espíritu, es Uno. “Quien me ve a mi ve al Padre” dice a Felipe. Es la única vez que la palabra Padre aparece en evangelio y no en boca de Jesús. Quien se enamora de Jesús ve al Padre y es uno con el Espíritu Santo.

 

            Quiero terminar con San Juan de la Cruz:

¡ Oh mi Dios! ¿Cuándo será

Cuando yo diga de vero:

vivo ya porque no muero?

 Feliz Domingo IV de Pascua, dejemos que Jesús nos conozca y le sigamos, su vida es garantía de la nuestra.

***

Feliz fin de semana.

diumenge, 4 de maig del 2025

A todas nuestras madres...

 

 


 

 A EJEMPLO DE MARÍA

 

"En este Día de la Madre, rendimos homenaje a quienes con amor, fortaleza y entrega incondicional forjan los valores más profundos de nuestra sociedad. Su papel es esencial e insustituible, y merecen nuestro respeto, gratitud y admiración cada día del año."

    ¡FELICIDADES! 

dijous, 1 de maig del 2025

III Domingo de Pascua..., y el 153

 

🙏 

POR FAVOR, QUE NO SE APAGUE NUESTRA FE*

            Extraña semana ésta, con sobresaltos y a oscuras en un día como el de San Vicente Ferrer, radiante, que obligó a usar baterías, linternas, cirios u otros medios sustitutivos de la energía de la que nos vimos privados, para incluso en el momento de celebración de la eucaristía, de aquella manera improvisada y como mejor se pudo. Fuimos pocos, pero bien avenidos. Normalizados ya, hemos de parar mientes en nuestra habitual reflexión sobre La Palabra, y en la oración para que el Espíritu Santo dote, en el inmediato cónclave, a los cardenales de un discernimiento acorde a estos tiempos que nos ha tocado vivir en bien de la cristiandad entera. Sigamos, pues, en la tarea y veamos qué nos dice hoy la reflexión del Padre Núñez, sobre la tercera de las apariciones de Jesús a sus discípulos junto al Mar de Tiberiades. Si estáis siguiendo estos comentarios, os habréis percatado de la insistente referencia a la Misericordia y, en conjunto a la necesidad de conocer a Jesús.  Hoy, en su línea, nos pasa un texto con buen número de interrogantes, con cierta dureza en algunas alusiones, como sin duda os percataréis. Pero pienso que el Páter no hace ora cosa que recordarnos aquello del Sermón de la Montaña (Mateo, capítulo 5, versículo 48) “Sed perfectos, como vuesro Padre… etc.”

***

            Del Evangelio de San Juan, cap. 21, versículos1-14.

Jesús se aparece a siete discípulos.-

            “Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberiades; y se manifestó de esta manera:


            Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.
            Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo.

 Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.
            Cuando ya amanecía, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la  barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.  Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se hallaba desnudo), y se echó al mar, y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red llena de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

            Al descender a tierra, vieron unas brasas, y un pez sobre ellas, y pan.
Jesús les dijo: Traed de los peces que acabais de pescar.
            Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.

            Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor.

            Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado.
            Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.”

 

Comentario.

 

        De nuevo Jesús Resucitado se hace presente, esta vez en Galilea, origen de la comunidad primera y origen de la vida de Jesús. Hemos de subrayar que ya no estamos encerrados por miedo a los judíos, estamos en cielo y mar abiertos, en medio del trabajo propio de aquellos pescadores y Juan parece indicar que al Señor hay que buscarlo en toda circunstancia y que está junto a nosotros no solo en el sagrario o en el templo, sino también en lugar profano. Para Dios toda la creación es lugar sagrado.

   San Juan nos cita, casi al pie de la letra, el evangelio de Lucas (5,1-11) que vimos en el V Domingo del tiempo ordinario.

     “Me voy a pescar”, dice San Pedro. San Juan, en realidad, pone en boca de Pedro lo que el Señor les dijo: voy a salvar de la muerte a los hombres; le acompaña la comunidad cristiana, todos nosotros con vocación de salvadores. Vivimos tiempos de desespero, no pescamos nada, el mundo no se interesa por la solidaridad. El Papa Francisco nos ha hablado de Misericordia, de solidaridad, de respeto al otro, pero, los aplausos, a su muerte, han sido para él… Sin embargo, dudo que Francisco haya creado escuela, pues, si así fuese,  estaría ya siendo generosa en la atención a los pobres y necesitados. Pero hemos de ser sinceros: ¿A quiénes salvamos y acercamos a Cristo Resucitado?, ¿A quiénes arrancamos de la “muerte” y llevamos a la “Vida”?, ¿Cómo son y actúan nuestras comunidades...?

            Sea cual sea nuestro papel en la Iglesia, debemos tener claro que solo Jesús nos habla ante el fracaso de la pesca, cuando misericordiosamente, nos dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. Solo Jesús y solo Él nos enseña cómo hemos de ser para acercarnos a los demás, para ser cariñosos, como Él, para ser comprensivos, como Él, para evitar hacer acepción de personas, como Él, por perdonar siempre, como Él.

     Esta es la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, y hoy se nos hace presente a nosotros y nos pregunta como a Pedro: ¿Me amas más que estos? Aquí amor significa conocimiento, elección antes que otro valor. Ojalá contestemos con Pedro: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero” y tomemos en serio nuestra misión en la Iglesia, nuestra vocación evangelizadora en orden a la salvación de todos. A cada sí, Jesús da más encargos a Pedro, y con nuestro sí, nos metiéramos más adentro del Corazón amoroso de Jesús, descubriríamos más ocupación amorosa, descubriríamos nuevas metas para salvar de la muerte por falta de fe enamorada en Jesús de Nazaret, ese que Natanael despreciaba y que, conocido, daría la vida por Él. Con solo el Evangelio, es decir, el conocimiento de Jesús, que es: amar como Él, mirar como Él, hablar como Él, seríamos como Él. Eso es predicar el Evangelio. Sin embargo, las librerías están llenas de programas, y coexisten  espiritualidades que aseguran darnos soluciones a la crisis actual. Jesús nos dice “Echad la red a la derecha…”, “…y no tenían fuerzas para sacarla”.

     Señor Jesús, pongo en tus manos todo mi amor, en correspondencia a tu Amor infinito; haz de mí un pescador para llevarte a todos los que he de salvar de la muerte siguiendo tu voluntad. Puedes llamarme y decirme: ¡Sígueme!

Joaquín Núñez Morant

     

                                                 ***


             Me permito añadir por mi cuenta una curiosidad. ¿Porqué San Juan nos da el número exacto de peces capturados después de echar las redes a la derecha de la barca? Siempre pensé que era un número calculado a ojo, por dar una idea aproximada del volumen de peces capturados, porque no creí que aquellos pescadores se entretuvieran contándolos uno por uno, pendientes como estaban de la presencia del Señor. He estado leyendo y he encontrado este comentario al respecto, que resumiría así:

            El número 153. El texto de Juan señala que los discípulos capturaron "ciento cincuenta y tres peces grandes", un detalle aparentemente específico e innecesario si solo se tratara de una narración literal.

Algunos comentaristas ven en tal número una señal de plenitud o totalidad: en tiempos antiguos se creía que existían 153 tipos de peces en el mundo, por lo que esta pesca: 153 piezas, simbolizaría la misión universal de la Iglesia, destinada a reunir a todas las naciones….

            …En conjunto, el pasaje puede verse como una alegoría de misión, legalidad y cohesión, en la que el número 153 refuerza la legitimidad del acto (como un dato preciso), su carácter inclusivo (todos los pueblos, como todos los peces), y su solidez estructural (la red que no se rompe).       

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 *(Esta entrada comenzó a escribirse el día siguiente al "apagón")