SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
El texto a comentar de este domingo es el siguiente:
Evangelio de San Mateo 17, 1-9.
“Seis
días después, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los
lleva aparte a un monte alto.
Y se transfiguró delante de
ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos
como la luz.
En esto se les aparecieron
Moisés y Elías conversando con él.
Pedro tomó la palabra y dijo a
Jesús:
“Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para
ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Todavía estaba hablando,
cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube
decía:
“Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco; escuchadlo”.
Al oírlo, los discípulos
cayeron rostro en tierra, llenos de miedo.
Jesús se acercó, los tocó y
les dijo:
“Levantaos, no tengáis miedo.”
Alzaron los ojos, y no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”
COMENTARIO
Por D. Joaquín Núñez Morant
Este Evangelio tiene connotaciones bautismales. Los catecúmenos que serán bautizados la noche de Pascua esperan descubrir a Jesús resucitado. Se les presenta la Transfiguración, las enseñanzas del Antiguo Testamento, la Ley y la Profecía y la voz del Padre, como en el bautismo del Jordán, que repite y propone a Jesús como “Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo”. Ese es el fin del camino de lo que buscan los nuevos cristianos, ese es el camino de quienes queremos llegar al final del camino cuaresmal.
En el Padrenuestro pedimos a Dios que nos libre de las tentaciones, una traducción del griego cuya realidad es pedir que “nos ayude en las pruebas” que a diario tenemos en el camino de la vida.
No es un tiempo exclusivo de grandes sacrificios, a cada día le son suficientes los que hemos de tener; lo que hemos de practicar, para que se haga virtud, es lo que nos dice “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt.9:13).
Lo más importante de este evangelio, además de la Teofanía, es lo que sigue, “Señor qué bien se está aquí”, esa expresión la hemos arrastrado a lo largo de la historia, y en la actualidad más, “haremos tres tiendas”, nos quedaremos contemplando el misterio, con esto tenemos bastante. Ese es el gran peligro, hacernos una religión a la medida, una religión cómoda, de normas concretas; a la pregunta del joven rico “Maestro, ¿Que he de hacer de bueno para conseguir vida eterna? Cumplir los mandamientos, le responde Jesús, al joven le parece poco, y Jesús el interpela: “vende lo que tienes”, “vente conmigo…”, y ya sabemos cómo queda el Joven. (Mt. 19, 16-30). En realidad, busca solución concreta para salvarse, una religión salvadora de esas que aparecen en estos tiempos tan prácticos, en que lo malo son los animadores que prometen la salvación a partir de una respuesta distinta de la de Jesús, el “vente conmigo” es el de endiosar y venerar al fundador, el crear guetos cerrados donde crecen los secretismos.
Jesús, ante la propuesta de Pedro, no responde nada, como hoy tampoco dirá nada a quienes “hacen tres tiendas”. Jesús ya dijo “por sus obras los conoceréis” y, como a los Apóstoles, nos dirá “no temáis”.
Queda despejar una advertencia a los tres Apóstoles de “No contar a nadie la visión” hasta después de la Resurrección. Los biblistas nos dicen que evitemos interpretaciones políticas, el pueblo espera un Mesías y proclamarlo Rey e interrumpir el plan de salvación. La verdadera gloria de Jesús se manifiesta plenamente a través de su muerte y su Resurrección, que es lo que significa la visión. En realidad la visión es una experiencia personal necesaria para fortalecer la fe de estos tres Apóstoles en momentos de crisis, y que les sirva de apoyo en tiempo de dificultad.
Para mantenernos nosotros en una fe convertida en vida con Jesús, hoy también nos dice como al Joven rico: “vende lo que tienes y dalo a los pobres”, que significa: despréndete de todo lo que te ata y esclaviza, de todo lo que no te permite hacer lo que quieres, seguirme; de todo lo que no te permite ser libre y únete al “Padre de las bienaventuranzas”, sin desatender tu vocación primera de padre, madre o aquello que escogiste para ser fiel al “Padre nuestro que está en el cielo”.
Ya estamos bautizados, pero ese bautismo lo hemos de actualizar todos los días, pues se nos consagró como sacerdotes, reyes y profetas. Esa realidad la ignoramos muchas veces dejando de hacer lo que tenemos obligación de vivir junto a quien celebraremos como Sacerdote, Rey y Profeta la noche de Pascua, cuando todos manifestemos nuestra fe no con los labios sino con el corazón
Feliz segundo Domingo de Cuaresma, paso a paso, y con gran alegría por oír a Dios Padre quién es su Hijo muy amado a quien hemos de escuchar.
Santa María del Buen Consejo nos tome de su mano.
***
Hasta la próxima, os saluda Miguel Mira


Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada