Hola, amigos:
Comenzamos ya las actividades de preparación para la próxima Semana Santa. Así,
el domingo 22 de febrero se celebró el Concierto Solidario; el miércoles 25
asistiremos, en la parroquia de Los Santos Juanes, a la primera Misa
Estacional; y el sábado 28 participaremos en el Retiro Espiritual en Sant
Francesc.
Sin perjuicio de continuar ofreciendo semanalmente los comentarios de D. Joaquín Núñez al Evangelio del domingo, procuraré dejar en este blog una nota sucinta de aquellos actos a los que me sea posible acudir. Corresponde, pues, hablar del concierto del que pudimos gozar ayer, domingo 22.
En primer lugar, destacaré que tal vez influyera en la asistencia el cambio del horario previsto, ya que, aun siendo el número de asistentes ciertamente bueno, hubo algunos huecos en la platea. Quiero pensar, no obstante, que estarían vendidas todas las entradas y que el fin social pretendido habrá quedado cumplido en su integridad. El acto comenzó puntualmente a las doce de la mañana en el Gran Teatro, con las alocuciones concisas y pertinentes tanto del señor presidente de la Hermandad de Cofradías como de la representación municipal, asumida por la señora concejal del área cultural.
La Sociedad Artístico-Musical La Nova presentó un programa variado, pues no se ciñó exclusivamente a las marchas procesionales, sino que introdujo, para comenzar, la Pavana, de Gabriel Fauré (Op. 50, 1887). Es esta una pieza breve, elegante y melancólica, escrita originalmente para orquesta y coro opcional, con el lirismo y la sutileza armónica propios del estilo impresionista francés.
Escuchamos también el Ave verum corpus, compuesto por W. Amadeus Mozart en 1791, una breve pero profunda obra coral sacra que destaca por su sencillez, pureza, serenidad e íntima espiritualidad. La otra composición clásica interpretada fue el Canon en re mayor, de Johann Pachelbel, obra barroca célebre por su armonía repetitiva y su elegante sencillez y equilibrio.
No constaba en el programa el autor de las transcripciones para banda, pues ninguna de las tres composiciones fue escrita para este tipo de conjunto instrumental y, principalmente, el Ave verum requiere de la voz humana. He de ser sincero: la banda sonó bien y su afinación me pareció ajustada; pero me quedo con las interpretaciones orquestales o corales. Ello, aparte de que, sin quitarle mérito a la interpretación, salvo la segunda obra citada, no era música sacra.
Dicho lo cual, he de referirme a las marchas procesionales. Esas que, si bien los espectadores o los partícipes en las procesiones escuchamos emocionadamente cuando por nuestras calles se forman los cortejos representativos de la Pasión del Señor —hasta que esa música tan nuestra nos provoca sensaciones indescriptibles—, al músico, en concierto, sin las apreturas inevitables, le deben de producir una enorme satisfacción y una serenidad de ánimo al poder disfrutar de una música que es historia viva de una Semana Santa tan nuestra.
En esta ocasión, nos trasladamos primero a la tradición andaluza y a la dramaturgia procesional con La Madrugá, de Abel Moreno, para seguir con Mektub (“Estaba escrito”), insustituible en nuestra tradición local, marcha compuesta por Mariano Sanmiguel. Después, la solemne y, en momentos, desgarradora El Cristo del Cachorro. Ya lo dije en años anteriores: esta marcha, escrita por el clarinetista de La Nova Rafael Sanz Mayor, fue estrenada por esta banda, siendo yo presidente de la sociedad musical y, a la vez, clavario de la Hermandad de Portadores de Jesús Nazareno, en 1999.
Cerró oficialmente el concierto Mater mea, de Ricardo Dorado, marcha emotiva donde las haya y también irrenunciable en los traslados y demás procesiones de nuestra Semana Mayor. Pero, claro, se nos ofreció un bis, según costumbre inveterada, y gozamos al oir El Santo Entierro, otra obra de Sanz Mayor, calurosamente aplaudido al ser llamado por el director, partitura al aire, para su satisfacción y la de todos quienes tuvimos la magnífica ocasión de cooperar al objetivo social y escuchar a nuestra Música Nova en el Gran Teatre de Xàtiva, en un caluroso domingo de febrero, en la apertura de unas celebraciones de secular arraigo y punto de apoyo de esa otra palanca que aviva nuestra fe cristiana y nuestro íntimo camino de la cruz a la resurrección.
Cordiales Saludos,
Miguel Mira
Notas:
1.- Mis comentarios en cuanto al repertorio del concierto no significan más que una opinión personal de este humilde melómano, lo que no es óbice para que, de modo expreso, dé las más efusivas gracias a músicos y director por el trabajo realizado y, cómo no, a la generosa disponibilidad de este colectivo de mis entretelas. Ustedes me conocen y saben que La Nova es un trozo irrenunciable de mi vida. ¡Enhorabuena!
2.- Verán cómo en la foto que aparece en la cabecera solo se ve media escena. No he conseguido saber por qué, dado que en la plantilla del artículo está entera, tal como me la pasó el amigo Julio Bellver, al que agradezco su amabilidad. Puede que se deba a la configuración de la página publicable. De todos modos, la he dejado a manera de testimonio gráfico del acto.
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