Evangelio del Domingo XX del tiempo ordinario ciclo A. Mateo 15, 21-28, correspondiente al episodio de la fe de la mujer cananea:
Texto
“Jesús salió de allí y se retiró a la región de Tiro y de Sidón.
En esto, una mujer cananea, que salía de aquellos contornos, se puso a gritar:
—«¡Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero él no le respondió ni una palabra. Sus discípulos se acercaron y le rogaban:
—«Atiéndela, que viene gritando detrás de nosotros».
Él respondió:
—«No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él, diciendo:
—«¡Señor, socórreme!».
Él le contestó:
—«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella dijo:
—«Sí, Señor; pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos».
Entonces Jesús le respondió:
—«¡Oh mujer, grande es tu fe! Que se cumpla como deseas».
Y desde aquella hora su hija quedó curada.”
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COMENTARIO
Por D. Joaquín Núñez Morant
El pasaje de la “Cananea” es muy hermoso, y como siempre, encierra un mensaje para siempre, ya que su tesis es la universalidad de la fe en Jesús, sea del país que sea. Jesús lleva a sus discípulos y con ellos a nosotros y aquellos “que tienen poca fe” (Mt.15,31) o piden “Auméntanos la fe (Lc.17,5).
Es una parábola en la que la Cananea manifiesta su fe en el “Hijo de David”, un título mesiánico en quien han de creer los discípulos y nosotros. Un título en boca de una mujer pagana, a cuyo pueblo los judíos llaman “perros”, por no tener dioses, como no sean el oro y las riquezas. Tiro y Sidón, dos ciudades de un pueblo comerciante como eran los fenicios, un pueblo sincretista politeísta que no cree en nadie.
La Cananea, Jesús, sus Apóstoles y nosotros: A la fe se llega por medio del Amor: Dios es Amor. Una madre cuyo amor por su hija enferma recurre con Fe a Jesús, quien puede curarla. Todo el texto usa conceptos que solo los judíos usan, como es el concepto de demonio, como consecuencia del pecado, ¿qué pecado podía tener una niña? Jesús nos enseña, aquí y en otros pasajes evangélicos, que el pecado no es causa de ninguna enfermedad. Mateo escribe para su comunidad judeocristiana y para tanta creencia entre nosotros que se pregunta, judaizando, qué hemos hecho ante una desgracia o contrariedad.
Lo que si que hemos de estar atentos por las palabras de Jesús, que traduce los pensamientos de sus Apóstoles y los nuestros. Ante tanta insistencia, por parte de aquella mujer, los apóstoles le dicen a Jesús que “la atienda, que viene detrás gritando”, que se quite de en medio; Como tantas veces hacemos nosotros con los extraños, con los que no son de los nuestros. Jesús responde como un buen judío diría, no él, “sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. Eso es lo que creen sus apóstoles, la comunidad de Mateo y muchas veces nuestras comunidades exclusivistas; mucho más en movimientos de espiritualidades mancas de lo que predica Jesús, pensando que así se salvan de malas influencias.
Jesús dice en voz alta, lo que afirman los judíos y piensan sus discípulos, creer otra cosa es una blasfemia: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Pero el Amor hace inteligentes a quienes lo esperan todo de Dios “Tienes razón Señor; pero también los perrillos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”.
La mujer se integra en la casa donde los amos tienen, como de la familia, unos perrillos que participan de la comida que comen los hijos. Jesús no llama a la Cananea “perra” Kyon, sino como se considera la mujer, Kinárion: diminutivo afectuoso como perrito o cachorro doméstico. Es la respuesta más genial de aquella mujer que ama y se siente amada por Jesús.
Feliz Domingo en que el amor de una madre ha encontrado al que es Camino, Verdad y Vida. Que nuestra Madre nos enseñe a amar como Ella amó a Jesús.
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Con afecto, quedo hasta la próxima entrada, cuando estamos en plena novena de la Virgen. Ella nos guarde. Miguel Mira

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