dijous, 26 de març del 2026

SEGUIMOS EN CAMINO...

 

I

Procesión Silenciosa

El martes, 24 de marzo, a la hora programada, en orden y riguroso silencio, precedido por un timbal, un buen grupo de fieles acompañó a Cristo Crucificado, llevado a hombros por los cofrades de la Buena Muerte, con sus hábitos blancos, por el itinerario de costumbre. Acompañó la representación de la Hermandad de Cofradías al completo y tan solo queda reseñar como una mera curiosidad la rapidez con que se cubrió el recorrido puesto que no llegó a una hora.

II

Quinta Misa Estacional

                     Miércoles, 25 de marzo, Fiesta de la Anunciación o de la Encarnación.

            Esta última de las eucaristías interparroquiales de Cuaresma se ha celebrado en la Insigne Iglesia Colegial-Basílica de Santa María de la Asunción.

             La asistencia fue buena, aunque no tanta como para llenar el templo, pero esto es previsible un miércoles a las ocho de la tarde. El aforo de La Sèu no es comparable al de las demás parroquias de la ciudad. Digamos, pues, que la concurrencia fue eso, buena. Animó la celebración el coro, acompañado por el órgano. Presidió el Sr. Abad mitrado y concelebraron el cabildo colegial y los demás sacerdotes de la ciudad, asistidos del diácono permanente. Así pues, misa solemne en día tan significativo, en que era nuestra madre, María, la principal referencia y en ello basó fundamentalmente su homilía D. Camilo, destacando, en resumen, cuál y cuánto fue el amor de Dios Padre hacia la humanidad, tanto como para decidir encarnarse y abajarse a ser uno igual a nosotros y dar su vida por salvarnos de nuestros olvidos y nuestras traiciones, a pesar de las cuales nunca dejará de amarnos; y, claro es, actualizó el interrogante: ¿Correspondemos nosotros a ese amor? No faltó la referencia a la satisfacción que produce ver unidos en una misma solemnidad a los fieles que peregrinamos en Xàtiva, orando juntos a nuestro Dios.

            Dado que este día era el último del triduo al Santísimo Cristo de la Expiración, “El Cachorro”, acabó la misa rezándose el ejercicio propio y, finalmente, se cantó el himno a la Virgen de la Seo.

III

Vía Crucis Público

     

 

 El mismo miércoles, a las 22’30 h., presidido por el Santísimo Cristo de la Palma, se inició el rezo del Camino del Calvario en la Iglesia de San Francisco. Hubo novedades este año. Así, durante todo el itinerario, nos acompañó un coro de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, cantando acompañados de varias guitarras distintas canciones alusivas todas ellas a la pasión del Señor; la Hermandad de Cofradías estuvo representada por miembros de la Junta Rectora o cofrades que les suplían portando en sus manos una luminaria encendida, quienes caminaron precediendo a Cristo en la cruz, acompañada esta venerada y entrañable imagen por sus cofrades con los cuatro faroles barrocos y,

 

 tras el Cristo, el Sr. Abad y el diácono. Se cambió el recorrido respecto al de años anteriores, alargándolo para rezar una sola estación en cada parada y llegar por Clérigos a la Plaza de la Trinidad y seguir por Moncada hasta San Francisco. Hubo mayor asistencia de fieles que en ocasiones pasadas; a pesar de la presencia del coro, solo se aminoró relativamente el murmullo de los asistentes, pero algo es algo. Es de esperar que vayamos superando esta incidencia. La megafonía funcionó algo mejor que en anteriores actos; ciertamente, al Sr. Abad se le escuchó perfectamente y al amigo Paco, el diácono, también. Las reflexiones que leyeron los lectores asignados por cada parroquia no se  escucharon con la misma claridad.  Me agradó la elección de los respectivos textos que se proclamaron, porque, siendo breves, su mensaje reflexivo se captó y pudo interiorizarse sin duda. A los asistentes se nos obsequió con un llavero del que pende una pequeña cruz de madera orlada de metal unida a él con un cordoncillo morado. Como dijo D. Camilo al finalizar y después de dar  las gracias a la organización y a todos los participantes: “A l’any que ve, mes i millor…!”.

            Por lo que a mí respecta, aunque de hogaño tengo pocas quejas, es evidente que ya me pesan los años y me cansé.

            Haciendo caso a D. Camilo, está bien, que no cese el amejoramiento. Bien por la Comisión    de Vía Crucis.

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EN OTRO ORDEN DE COSAS

Nuestro amigo y colaborador D. Joaquín Núñez nos propone una reflexión sobre el Evangelio “de la procesión de las palmas”, conforme al texto de

Mateo 21, 1-11, copio de la Biblia de Jerusalén:


 

    “Cuando se aproximaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces envió Jesús a dos discípulos
diciéndoles: «Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis una borrica atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, diréis: “El Señor los necesita”, y enseguida los devolverá.”
            Esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del profeta:
            Decid a la hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un pollino, hijo de animal de yugo.
            Fueron, pues, los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado: trajeron la borrica y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima.
            La gente, muy numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” Y al entrar él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. “¿Quién es éste?”, decían. Y la gente decía: “Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.”

COMENTARIO

(Aclaración inicial.- Siempre que he predicado este Evangelio, al leer la Pasión, dejo un momento de silencio; ya la viviremos y comentaremos el Viernes Santo).

En la entrada de Jesús en Jerusalén, hay tal densidad de valores teológicos confundidos con la fiesta y distintas tradiciones, que emborronan la realidad del sentir de Jesús, en un momento como fue el de la decisión de dejarse en manos de sus enemigos. Aquí aparece un divorcio entre lo que vive Jesús y los que le reciben como rey victorioso. Una cosa es la vivencia o la expectativa de los que esperan a un libertador de los romanos y otra lo que Jesús, realmente, está viviendo.

San Mateo nos describe que “Cuando se acercaban y llegaban a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó a dos discípulos diciéndoles... “encontrareis… una borrica atada con su pollino…”, algo que aparece en boca del profeta Zacarías (9,9)….“desatadlos y traédmelos”. Es hermoso que los biblistas nos describan las dos palabras. Betfagé significa “casa de los higos verdes”, equivale a una comunidad cristiana, lo cual se opone a la “higuera maldita por no tener fruto”, que representa el Templo adonde llegó Jesús para expulsar a vendedores y cambista; Templo de grandes hojas: inciensos, sacrificios, y grandes ofrendas, pero sin los frutos que espera el Señor. ¿Somos higueras fecundas o estériles?, muchas veces esos son tristemente nuestros cultos.

En este día, Jerusalén está lleno de peregrinos y nuestras plazas y calles de una gran alegría, una fiesta de los niños, los peregrinos y nuestras parroquias cantan junto a aquellos que esperaban un Mesías-Rey.

Jesús entra sobre una borriquilla y su pollino, no entra sobre un caballo como siempre se quiso, del modo que los Reyes de Israel soñaban, es decir,  con los caballos que venían en los grandes ejércitos de los grandes reinos circundantes de quienes fueron esclavos. El libro del Deuteronomio nos describe cómo ha de ser un Rey de Israel, refiriéndose al Rey Salomón, “no venderá a sus hermanos para comprar caballos”. Jesús subido a una borriquilla afirma su realeza según la voluntad del Padre. ¿Qué realeza celebramos junto con “la multitud que cortaba ramas de los árboles, alfombrando la calzada” al grito de “Viva el hijo de David”, y que para ellos es el “profeta de Nazaret?”

Hemos de destacar lo que significa que los Apóstoles, “echaron encima de la Borrica sus mantos”. El manto tenía un gran significado para un judío, porque significa identidad y protección (1 Sam 28; y 1), o (Ex. 22,25); se podía dejar como prenda pero para devolverla la al atardecer. Recordemos al Ciego de Jericó (Lc.18,35-43), al abandonar su manto, para ir detrás de Jesús, lo que simboliza dejar atrás su vida de ciego y seguir a Jesús (Mc.10,50): “ tiró su manto, dio un salto y se acercó a Jesús”.

Encontramos con toda claridad, cosa que habitualmente no se destaca,  esos dos grupos: un gentío que hoy grita “¡bendito el que viene en nombre del Señor!” y que mañana dirá “¡Crucifícalo!”.

En esta procesión, ¿acompañamos al grito de Hosanna al Hijo de Yahvé?, ¿o como los Apóstoles, que ponen sus mantos a lomos de la borrica uniéndose a la vida de Jesús, nos lleve allá donde quiera que Él vaya?.

Creo que es necesario que de una vez por todas entendamos qué significa para nosotros la “Entrada de Jesús en Jerusalén”, saliendo de Betfagé, Higuera de higos verdes, que nos hablan de esperanza, de una comunidad viva, para ir a la Ciudad del Templo, higuera frondosa de grandes hojas pero estéril, llena de ritos infecundos que Dios se resiste a soportar, que Jesús maldijo (quizá su única maldición) (Mc.11:12-25, y (Mt.21:18-22).

Feliz Domingo de Ramos o Palmas; pongamos nuestros mantos, nuestras vidas, sobre la borrica, trono humilde de nuestro Rey, y digamos con Tomás: “Vayamos a morir con Él”; un morir a un manto viejo, a una vida de ciegos, y vivir una vida que da vida. Que María madre de Amor y Misericordia nos acompañe.

(Fotos: Lola Novella y Rafa Blesa) 

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Trataré de publicar lo más puntualmente posible los sucesivos actos de la extensa programación a desarrollar en estas dos semanas. Saludos cordiales, Miguel  Mira