dimecres, 18 de març del 2026

IV ESTACIONAL - V DOMINGO

 

     Antes de pasar la crónica de la IV Misa Estacional y el comentario al Evangelio del próximo domingo, debo anunciar: 

 

 El viernes 20 de marzo comienza el TRIDUO a NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO en la Ihlesia de San Francisco. Viernes a las 19 h. y tanto sábado como domingo a las 19'30 h..

 

CUARTA MISA ESTACIONAL.

Parroquia DE  Nuestra Señora de la Merced y Santa Tecla

Lunes, 16 de marzo de 2.026.

NUESTRA sEÑORA DE LA mERCED            

 Esta celebración, prevista para el miércoles, como las demás, se consideró más oportuno trasladarla a hoy, lunes, dado que el día 18 es víspera de San José y convenía mantener el culto de precepto, acertadamente. Así pues, concurrimos a la Parroquia de La Merced un aceptable número de fieles.

            Con el canto “Caminaré en presencia del Señor…” acompañó la procesión de los sacerdotes concelebrantes, asistidos del diácono, hasta el altar y comenzó la Santa Misa, que fue ofrecida por el alma del recién fallecido D. Joaquín Pascual, que fue rector de esta parroquia, siendo vicario D. Rafael Vaello; y a D. Rafael le corresponderá, en la fecha que se señale, presidir el funeral por el bueno y recordado D. Joaquín. Animó la eucaristía el coro, que nos ayudó a rezar con su bien afinado canto. De la homilía que nos dirigió D. Raul, destacaré  cómo hizo hincapié en la necesidad de que con nuestros signos den buena cuenta de nuestra fe y del amor a los otros; pero también, como dijo, refirió los puntales de la regla mercedaria, que se sustenta sobre los pilares de la oración, la formación y el actuar, además de la redención, pues, como es sabido, el carisma de la orden mercedaria fue la redención de cristianos esclavizados.  Me llamó la atención que entre las ofrendas uno de los oferentes llevaba un bastón de peregrino, como símbolo de nuestro peregrinaje hasta a Pascua; pero también cómo otra oferente presentó lo que llamaron un sudario, en recuerdo del que envolvió a Nuestro Señor. Y me sorprendió porque era una especie de vestidura morada, cuando sabeos cómo era –es-  la síndone.

            

"POR VUESTRA SANGRE PRECIOSA..."

     Finalmente, como también en La Merced, como ocurrió en San Pedro, se está celebrando el novenario al Santísimo Ecce Homo, se rezaron las oraciones propias del día y se cantaron los gozos, preciosa y antiquísima composición, cuyo texto es del padre
mercedario Francisco Martinez Albalat (siglo XVIII). Estos gozos fueron editados junto a la novena en 1781 y  hay tres ediciones más de 1828,1947 y 1990. Estos datos, que me facilita mi buen amigo Paco Perales, se pueden encontrar el libro que, sobre la historia de la Congregación se publicó no hace muchos años (1998).

            A  la salida, recibimos una medalla con la imagen del San Carlo Acutis (1991–2006) joven italiano conocido por su profunda fe católica y por usar la tecnología para difundirla. Es especialmente recordado por haber creado una página web donde documentaba milagros eucarísticos de todo el mundo. Murió a los 15 años por leucemia. Fue beatificado en 2020. Muchos lo llaman el “influencer de Dios” por su forma de evangelizar en la era digital.

            Esperemos vernos de nuevo el próximo miércoles.

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    Entramos ya este domingo en la quinta semana de Cuaresma y leemos este texto: 

Evangelio del Domingo Quinto de Cuaresma, Ciclo A. San Juan 11, 1-45  

Muerte y resurrección de Lázaro

 

            Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.)  Enviaron,   pues, las hermanas a decirle a Jesús: Señor, aquel a quien amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.  Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora buscan los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;  pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, llamado Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

            Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.  Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el último día. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama. Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él. Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,  y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriese? 38 Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hace cuatro días que está enterrado y ya hiede. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra del sepulcro. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.  Yo sé que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó con una gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.

 

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

    A estas horas del caminar cuaresmal será bueno repensar en qué camino estamos. Comenzamos descubriendo que a lo largo de nuestra vida seremos tentados por nuestro egoísmo natural en tres frentes: lo material, el dinero y el poder que nos dará el dinero para dominar y comprar voluntades o para hacer el bien siendo solidarios.

     Para nuestro consuelo, Jesús se nos manifiesta como el Hijo de Dios que descubriremos y compartiremos. Ese Jesús nos está esperando para pedirnos el agua de nuestra alma y, a cambio, hará surgir otra agua que hará crecer el agua de la fe y la caridad con quienes están sedientos. En el cuarto domingo, llamado de LAETARE, de la alegría, Jesús abre nuestros ojos, para mirarlo y ver en sus ojos a quién hemos de mirar y ver, y hacer lo que Él haría. En el quinto domingo nos habla no de la Resurrección de Lázaro (como la leemos en el evangelio), sino de su vuelta a la vida, y así se entiende mejor. Lázaro no estaba en el seno del Padre, era una materia en putrefacción.

     San Agustín ve en las tres muertes, que Jesús devuelve a la vida como el símbolo de la salvación. En Mateo 9, 18-26, tenemos la vuelta a la vida de una niña, es una conversión rápida. En Lucas 7, 11-17, devuelve a la vida a un joven “en camino”, y en Juan, el evangelio de este Domingo, Jesús saca de la “tumba” a Lázaro, nombre simbólico que significa “leproso”, el peor de los pecados para los judíos. Para San Agustín la vuelta a la vida de la niña es la conversión de la mente o del “alma”; la del joven, el crecimiento de la voluntad, y la vuelta a la vida de Lázaro simboliza la vida plena en Cristo. Estas tres imágenes representan un “progreso” espiritual, desde la conversión, hasta la vida plena en Cristo.

    Los biblistas nos dicen que, (como ya he dicho en otras ocasiones) la Comunidad de Betania, donde no se ven ni padres ni madres, son todos hermanos, es símbolo de una comunidad cristiana. Unos rezan y contemplan, otros se afanan preocupados por los demás y hay quien cae en el pecado. La comunidad entera se preocupa y llama y busca a Jesús. El catecúmeno que se va a bautizar, va aprendiendo qué es una comunidad cristiana donde lo van a recibir con gozo, que llama a Jesús, que habla de Jesús, que enseña quién es Jesús, que purifica y define quién es Jesús.

    “Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

    Jesús le dijo:       Tu hermano resucitará “.

    Marta, como buena farisea, respondió lo que creen los fariseos: “sé que resucitará en la resurrección del ÚLTIMO DIA”. Tal equívoco pasa y se mantiene en la Iglesia. Jesús lo deja claro: “el que cree en mí, aunque haya muerto (el que está en pecado) vivirá y el que está vivo (sin pecado) y cree en mí, no morirá para siempre.¿crees esto?” Es la pregunta que ha de responder el catecúmeno.

     ¿Creéis que si esa pregunta  se nos hiciera a nosotros, seríamos capaces de responder según el pensamiento de Jesús?

   Esa es la tesis de este domingo quinto de Cuaresma. Nuestra propia resurrección.

    Esta escena que San Juan nos narra al principio del siglo II y que su comunidad guarda con todo su amor, nos muestra la idea rectora de Jesús, el porqué de su actuar.

     María, aquella que derramó un perfume costoso, que secó con sus cabellos los pies de Jesús, cabellos que solo veía el marido, simboliza el amor que tenía o debía tener la comunidad. Toda comunidad cristiana se reconoce por “mirad cómo se aman” (Jn. 13:34-35). Tertuliano (c.197,d.C.) nos dice que “los paganos decían: “Mirad cómo se aman y como están dispuestos a morir el uno por el otro”.

    Jesús es amor y quiere que su comunidad ame como María, la hermana de Marta y Lázaro. Marta y María protagonizan la búsqueda y la súplica amorosa. Lázaro, que parecería el importante, no dice nada, solo Jesús dice “¡Lázaro, ven afuera!”. El pecado le ha sido perdonado. Eso les queda claro a los catecúmenos, ¿Nos queda claro a nosotros? Esa respuesta ha de ser nuestra.

     Jesús, que está en Betabara, es donde le dicen: “Señor, tu amigo, aquel a quien amas, está enfermo”. ¿Nuestras Comunidades se preocupan de lo que nos puede separar del amor de Jesús?, porque lo importante es enseñar a los que se van a bautizar la vida comunitaria, cómo han de preocuparse de los que están enfermos del cuerpo o del alma. Jesús no ha venido a curar enfermedades, la naturaleza de las cosas son falibles, tienen su debilidad; Jesús ha venido a enseñarnos cómo vivir “cumpliendo la voluntad del Padre”, como lo pedimos en el Padre nuestro. Nuestra Resurrección, unida a la suya, será el día que se cumpla nuestra historia.

   Feliz domingo, quinto de Cuaresma. Caminemos “con la luz del día (Jesús), para no tropezar” y “resucitar”, con Lázaro, de nuestras debilidades. Jesús nos ama. Que la Virgen de Buen Consejo nos dé su gracia