dijous, 12 de març del 2026

III ESTACIONAL y IV DOMINGO

 

Siguiendo el camino emprendido, hoy he de tratar de la

III Misa Estaciona y ofreceros el comentario al Evangelio del

IV domingo de Cuaresma

I

Tercera Misa Estacional

Miércoles 11 de marzo de 2026.



     Nuestro Padre Dios, en su antiquísima casa y ante el magnífico retablo de San Pedro y San Pablo, con el canto de la letanía de os Santos, nos acogió en esta celebración conjunta de los fieles de las cinco parroquias que peregrinamos en Xàtiva. Presentes todos los sacerdotes de  nuestras comunidades, llegaron en procesión, junto con el diácono, al pie de un altar ante cuyas gradas había sido sobriamente expuesto sobre un túmulo cubierto de lienzo morado el bello Cristo Yacente del Santo Sepulcro, que se venera en esta iglesia, joya de tanto siglo de fe que testimonian sus bien tallados muros y sus imágenes de la Inmaculada, de Santa Teresa y de San Isidro Labrador. Allí acudimos un significativo número de gentes de la ciudad con el celo de escuchar la palabra y celebrar la eucaristía.

    No puedo destacar cosas excepcionales. Tan solo una evidente familiaridad de quienes estuvieron atentos a que los demás se vieran acompañados y acomodados lo mejor posible. Animó la santa misa el coro parroquial, y la liturgia se desarrolló ante tan hermoso espacio con sobriedad y la sencillez que invita a concentrar tu atención, en particular a las lecturas y a la glosa del párroco, que presidió la concelebración.

    “¡Que bueno es que celebremos juntos esta eucaristía…! Así comenzó su predicación el Señor Cura, y repitió cómo es bueno cada acto de realizamos por el amor de Dios. En este amor del que siempre nos da  muestra nuestro Dios, para llegar a un final poético, pero ¡qué real! Recordó el primer verso de aquel conocido y expresivo soneto de Lope de Vega: “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras? Cómo nos quiere el Señor, a pesar de  nuestros olvidos, nuestras caídas…Y Él sigue amándonos y jamás nos deja a un lado. Celebrándose, como se celebra el triduo al Santo Sepulcro, D. José nos invitó a rezar con un conocido salmo, el 129, “Desde lo hondo a tigrito, Señor…”, y la feligresía cantó el himno al Santísimo Sepulcro.

 

    D. Raul Jiménez nos advirtió que la próxima semana la Misa Estacional será el lunes en la Parroquia de La Merced, al ser víspera de San José el miércoles. Allí estaremos, si Dios quiere.

A la salida, se nos regaló una estampa conmemorativa.

II

Comentario al Evangelio del Domingo cuarto de Cuaresma,

denominado  “de Laetare” .

San Juan, 9, 1-41.

            “Y pasando Jesús, vio a un hombre ciego desde su nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

            Respondió Jesús: No pecó éste, ni sus padres; mas para que las obras de Dios se manifiesten en él, me conviene obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene cuando nadie puede obrar. Mientras que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.
            Esto dicho, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo : Ve, lávate en el estanque de Siloé (que significa, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y volvió viendo.
Entonces los vecinos y los que antes le habían visto que era ciego decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba? Unos decían: Él es; y otros: A él se parece. Él decía: Yo soy.   Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve a la piscina de Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está él?             Él dijo: No sé.   

   Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego. Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo y le había abierto los ojos.

            Volvieron pues a preguntarle también los fariseos de qué manera había recibido la vista. Y él les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo.
            Entonces unos de los fariseos decían: Este hombre no es de Dios, pues no guarda el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Y había disensión entre ellos. Dicen otra vez al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta.

            Mas los judíos no creían de él que había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista; y les preguntaron diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Respondiéronles sus padres y dijeron:

            Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; mas cómo vea ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo.
Esto dijeron sus padres porque tenían miedo de los judíos; porque ya los judíos habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Cristo, fuese expulsado de la sinagoga.

            Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él.
Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador.
            Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

            Y le dijeron otra vez: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Les respondió: Ya os lo he dicho, y lo habéis oído; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros somos discípulos de Moisés.


            Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; mas éste no sabemos de dónde es.

            Respondió aquel hombre y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde es, y a mí me abrió los ojos.
            Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a éste oye. Desde el siglo no fue oído que abriese alguno los ojos a uno que nació ciego.

            Si éste no fuera de Dios, no pudiera hacer nada.
Respondieron y le dijeron: En pecados eres nacido todo tú, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron.

            Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Y díjole Jesús: Ya le has visto. El que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.

            Y dijo Jesús: Para esto he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.

            Y oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él, y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos?

             Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, por tanto vuestro pecado permanece.”

***

COMENTARIO

Por D. Joaquín Núñez Morant

 

             En este evangelio hay preguntas y respuestas y unos tiempos que van marcando el crecimiento en la fe. El ciego es una persona cualquiera, que le viene bien al evangelista para mostrarnos a quien no ve a Jesús, que no tiene fe. Aprovecha Jesús para borrar la enfermedad como una maldición divina, o algo que todavía queda entre nosotros al  buscar razones a nuestras adversidades, sin encontrar en nosotros culpa alguna. No hay ningún plan previo sobre nosotros, Dios no tiene ningún plan previo que limite nuestra libertad.

    “Yo soy la luz del mundo” y “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn.15:5). Ante el ciego, sin que él diga nada, Jesús con saliva hace barro, rememora el Génesis (2:7) “así el hombre se convirtió en un ser viviente”, así Jesús inicia un camino con el ciego- sin fe, “ve a lavarte a la piscina de Siloé”. El agua, en este fragmento evangélico nos recuerda el “dame de beber” ante la Samaritana. El agua es fundamental en este tiempo cuaresmal. El bautismo como colofón a las catequesis, a los catecúmenos y lo más importante, es conocimiento de Jesús.

            A la vuelta de Siloé, vemos cómo el ciego va, y al mismo tiempo, según va creciendo en ese conocimiento, se convierte en misionero.

    Esta parábola, en la que se recrea San Juan, nos muestra claramente cómo el Bautismo debería ser un camino que todos debemos recorrer, para “ver” progresivamente a Jesús. Cómo la fe no es un “Creo” sin más. Los fariseos representan las razones contrarias, los que no quieren ver. Son nuestras dudas y cobardías y egoísmos como ocurre con el “Joven rico”. Cómo los que se creen tan sabios, tan “iluminados” quedan ciegos.

    “La peor ceguera es la de quien no quiere ver”. La ceguera se convierte en un muro que impide ver a Jesús. Que a los bautizados, que vemos con alegría, nos pide en este tiempo cuaresmal “Sal a los caminos y por los cercados, y oblígalos a entrar hasta que se llene mi casa” ( Lc. 14,23 ss.).

    Ojalá se nos notara como al ciego: “no es él, pero se le parece”. Y que seamos capaces de responder con obras y palabras y digamos: “ese hombre que se llama Jesús“ y saliéramos a “los caminos” a decir “es un profeta” . Esa es la misión del cristiano para esta Cuaresma, ser misioneros como nos dice el Papa León, misión en nuestra casa, entre nuestras familias, con el lenguaje de nuestras buenas obras.

   San Agustín que es el maestro del Papa, nos dice en las homilías 44 y 45, que  somos todos “ciegos por el pecado”. Jesús, que nos ilumina en el Bautismo, nos hace caer en la cuenta que “el ciego, es ciego, y se confiesa ciego” (Homilía 44). Con humildad reconocemos nuestra ceguera, es el primer paso para que Jesús nos “lave”  (Bautismo) y veamos. La Cuaresma de los primeros cristianos nos acerca mejor a que nuestros domingos cuaresmales sean días de esperanza y llenos de alegría,  y no por nuestro bautismo de ayer sino de los frutos de hoy. Dirigiéndose a sus sacerdotes de Roma y a los miembros de consejo episcopal de su Diócesis Romana, les dijo sonriente: “Al dar comienzo a este camino Cuaresmal, no es un acto de penitencial, al menos para mí, es una gran alegría, os lo digo sinceramente”

     Feliz Domingo Cuarto de Cuaresma, ya estamos cerca de la Pascua, los catecúmenos sentían una alegría contenida, como “el ciego que sabe que va a ver”, por eso le llamaron “Domenica de Laetare” domingo de “Alégrate” o “Regocíjate”. Alegrémonos todos con María de la Alegría.

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Si Dios quiere, seguiremos ya en fallas; pero no importa, procuraré no fallar  el lunes a la IV Misa Estacional, aunque lo tengo complicado.

Saludos cordiales, Miguel Mira