dilluns, 2 d’abril de 2018

AQUI, LA SEMANA SANTA DE XÀTIVA

COMENTARIOS DE MIGUEL MIRA


Como siempre, intento ser objetivo; pero si en algo fallo, es de mi única responsabilidad. Miguel Mira Manzanaro

LUNES SANTO

            Con sensible retraso comenzó la procesión de la Santa Cena. Este año su Hermandad había hecho un gran esfuerzo para disponer en condiciones de  ese endiablado motor que demasiadas veces les había ya dejado tirados. En esta ocasión   funcionó y no hubo problemas de tracción, pero con chofer nuevo y todo el tiempo “en primera”, la lentitud y la humareda deslucieron el desfile procesional, bien que la fidelidad a la fidelidad a la Parroquia y a su venerada imagen estuvo garantizada. Como el año anterior, precediendo la imagen,  llevaron los niños unas minúsculas andas  con la réplica del Santo Cáliz, ese regalo tan preciado por la Parroquia, como bien se dice  en el libro de la Semana Santa. Esperemos que el Viernes Santo pueda realizar el recorrido completo sin incidentes esta apreciada cofradía, con la salvedad del intransitable tramo de la Corretgeria.

MARTES SANTO

            Procesión de las imágenes titulares de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Esperanza. Tras constatar la buena asistencia de cofrades y excelente acompañamiento, no me detendré en  más comentarios al respecto de la procesión propiamente dicha; pero sí que me he de referir al artículo editado en el libro que publica la Hermandad de Cofradías, dedicado por su autor a la particular historia de esta asociación. La razón es sencilla: la  reseña histórica en cuestión,  con interesantes detalles sobre la adquisición por D. Gregorio Molina Ribera de los preciosos tronos e imágenes de la Virgen y  el magnífico grupo escultórico del Cristo de la Buena Muerte,             , sin duda por razones de espacio, omite referir cómo después del lapso  de tiempo en que esas imágenes estuvieron guardadas en un almacén  de La Papelera de San Jorge sin salir a las procesiones, se consiguió recuperarlas para su regreso a nuestra Semana Santa; tan solo se indica el año de la reincorporación; pero nada se dice de los avatares hasta conseguir que salieran de aquel almacén donde se hallaban recluidas,  ni nada se dice de quien fue el promotor y artífice de la recuperación de tan preciadas imágenes para su exposición pública al culto y veneración, además de que, con  ello,  habría de renacer la actividad de la Cofradía.
            Y por ello quiero poner de relieve la meritoria labor del protagonista principal de aquella iniciativa y la colaboración recibida de parte de la familia poseedora de las imágenes.

            Turnaba la presidencia efectiva de la Hermandad de Cofradías  la Cofradía  del Santo Sepulcro, y, a la sazón, era su presidente D. José Balaguer García, sobre quien recayó la responsabilidad de pilotarla durante dos años. El Sr. Balaguer, que  ya había comentado con anterioridad su interés en que se debería intentar la vuelta de aquellas imágenes a cumplir la noble función para la que fueron adquiridas, no cejó en su empeño y entabló conversaciones con la familia Molina-Albero entre cuyos miembros no todos se mostraron dispuestos a cooperar al fin propuesto por el presidente de la Hermandad; pero esto no le desanimó. Después de insistentes ruegos e innumerables conversaciones, la buena disposición de Da. Nieves, Da. Pilar y D. Gregorio Molina Albero,  la inagotable  capacidad negociadora, la  insistencia a tiempo  y a destiempo del Sr. Balaguer,  de quien fue cómplice toda la Hermandad y los veteranos trabajadores de La Papelera de San Jorge, miembros natos de la cofradía, dio sus frutos, de modo que el año que se cita por el autor del artículo antes referido, las imágenes volvieron desde La Papelera a la ciudad y desfilando por la Alameda con inusitada expectación, se depositaron en la Colegiata para que fueran procesionadas por su cofradía y sus fieles devotos el Viernes Santo.  De allí salieron y, con la conformidad de los familiares que colaboraron al buen fin del objetivo, allí quedaron depositadas con el consentimiento del Sr. Abad, D. Manuel Soler, provisionalmente.
            Los familiares disidentes mostraron  su desacuerdo, ya que deseaban que las imágenes se hubieran  devuelto a La Papelera; los otros familiares preferían que fueran trasladadas a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced. De nuevo, los buenos oficios del Sr. Balaguer, con la colaboración de la  Hermandad, consiguieron llegar a un  acuerdo transaccional, según el cual las imágenes se trasladarían al lugar que decidieran aquellos familiares que costearan los gastos de tal operación. Se redactó un acta en papel timbrado, que redacto quien esto escribe, y que  firmaron Da. María Molina y el Sr. Balaguer. El destino final de las imágenes ya lo conocen ustedes. Llevadas en procesión, con numerosa asistencia de feligreses y devotos,  fueron depositadas satisfactoriamente en las primeras  capillas, a derecha e izquierda entrando del templo en el que siempre habían hecho estación desde el Martes hasta el Vieres Santos, pero esta vez lo hicieron para quedarse. Así pues, la constancia y buen hacer de aquel presidente de la Hermandad  de Cofradías, de los antiguos cofrades, trabajadores de La Papelera, y, sobre todo, la buena voluntad y generosa actitud de la familia Molina-Albero, permitieron ofrecerles culto permanente y  reincorporar a las solemnidades de la Semana Santa Setabense al Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Seora de la Esperanza.

MIÉRCOLES SANTO

LES CORTRESIES

            Ayer, en la procesión de las imágenes del Cristo de la Buena Muerte y la Virgen de la Esperanza, ya se vio más animación en la calle que en traslados anteriores; hoy se percibió mayor presencia de gente a la espera de los pasos de Nuestra Señora de la Soledad y del Santísimo Ecce Homo. Salvo esa particularidad, el desarrollo de los respectivos desfiles y del tradicional Encuentro a las puertas de la Iglesia de San Francisco, no hubo incidencias dignas de mención, a menos que se pueda considerar como tal la presencia de algún turista extranjero con sus cámaras fotográficas en acción. De unos años a esta parte, se observa que tras los saludos de La Madre a su Santísimo Hijo, algunos espectadores aplauden. Me choca,  pero lo entiendo. De una parte, no es nada extraordinario que al encontrarse una madre con  un hijo, se saluden; en ese caso, aun tratándose de un peculiar encuentro que no se corresponde con lo acaecido en la calle de la Amargura, puesto que la imagen del Ecce Homo no podemos situarla en tal hito histórico (sabemos el origen de la costumbre local), en cualquier caso, la coincidencia de medre e hijo lo fue de cara al patíbulo… Entonces ¿qué aplaudimos? Simplemente, el espectáculo.  No niego que a algunas personas pueda emocionarles ver frente a frente al Cristo paciente y a su Madre doliente, pero esas personas no suelen ser las que baten palmas. Sé que es inevitable que suene algún aplauso, pero qué quieren que les diga: me choca.
            En otro orden de cosas, vengo pensando desde hace tiempo si sería hora de que la Hermandad de Cofradías se plantee  reducir el número de representantes que nutren la presidencia de las procesiones. Para mi gusto, no es plausible tal boato. A veces, es mayor el número de asistentes detrás que delante de las imágenes. Ahí lo dejo.

JUEVES SANTO

            En el bullicio de un  mediodía de jornada laborable, desde inmemorial, el Santísimo Cristo de la Palma, acompañado del canto de los clásicos motetes, es llevado procesionalmente desde la casa del clavario hasta la sede de la Cofradía Decana, antes la antigua Iglesia de San Francisco, hoy la Colegiata Basílica de Santa María para que, junto a Nuestra Señora de la Soledad estén dispuestos para su participación en la Procesión  General del Santo Entierro. Tampoco puedo reseñar nada extraordinario, porque el acto se desarrolló con toda normalidad.
            La tarde. Por circunstancias que no vienen al caso, este año asistí a la Misa in coena domini en La Merced. Dos cosas debo resaltar: en primer lugar, la asistencia. El templo estaba lleno, cosa que agradeció el párroco en su homilía. En segundo lugar, como quiera que para el lavatorio de los pies, los protagonistas fueran niños que se preparan para la primera comunión, dijo D. Juan Aguilar para quien lo quisiera escuchar, que el Jueves Santo, sabiendo como ya sabían lo que es la eucaristía y estando en condiciones de recibirla, era el día más indicado para que, con toda naturalidad y sencillez, sin tanta complicación como suele producirse, recibieran por primera vez la Comunión. La madre de uno de esos niños que estaba sentada delante de mí, asentía visiblemente con ostensibles movimientos de cabeza. Pero, no se canse D. Juan. Las cosas seguirán como están, no le quepa duda.
Tarde-noche. Procesión de penitencia de la Hermandad de Portadores de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
            No pudimos ser muy puntuales, dado que la solemnidad de la Cena del Señor con traslado del Santísimo al Monumento, esta vez ya en  la Capilla de la Comunión, restaurada que ha sido su techumbre sin ayuda oficial alguna, se alargó un tanto; pero, al fin, como cada año, cumplimos con nuestra participación  en los actos de la Semana Santa. Como de costumbre, acompañó el motete; anunciaron el paso de Jesús Camino del Calvario los clarines y, recuperando, en parte, una tradición recogida por D. Vicente Ribes en el libro de nuestra historia particular, por empeño de la Señora Presidenta, con la complicidad de la Junta Directiva, precedieron a la imagen  seis pretorianos, a guisa de anunciadores del paso del reo hacia la cruz, con un toque grave y bien conseguido de tambor. Detrás de estos, Isaac, esta vez representado por una niña de rizado pelo y simpatía desbordante: Andrea, que a pesar de su corta edad resistió en su puesto tanto el Jueves como el Viernes. Cerrando el desfile, el ya clásico grupo e viento metal. La asistencia de portadores pudo ser mejor; pero en esta ocasión no caben demasiadas críticas. Podemos destacar que aparte de unos cartelones o colgaduras con la imagen de Jesús Nazareno que se vienen colocando en varios puntos de la carrera desde hace varios años, en esta ocasión  dispusimos del gran cartelón que hace varios años estuvo situado en el arco de la rotonda de entrada a Xàtiva y que lució en la fachada de la casa del Sr. Mora en la Plaza de San Francisco.
            Volviendo atrás, a pesar de algunas legitimas reticencias de algún que otro portador, “els armats” tuvieron buena acogida, y parece que han venido para quedarse.

VIERNES SANTO

LA CAMILLA

Me van a perdonar, pero no fui capaz de madrugar. Los años ya me van pesando. Cuando salí de casa era tarde y llegué a la entrada de la procesión del “Entierro” cuando ya los pendones y los acompañantes con y sin vesta formaban pasillo para que pasara la hasta la Colegiara. Lo hizo con retraso; al parecer las paradas en las tradicionales “tauletes” que proliferan de año en año, fueron la causa; pero fuera esa o no la causa del retraso, la verdad es que crea un problema al alterarse el horario previsto para el comienzo del Vía Crucis que se celebra cada año en “La Sèu” a las once de la mañana; y el retraso es doble, porque las personas que entran al templo acompañando al Cristo yacente quieren acercarse, verlo, fotografiarse…, todo ello sin tener en cuenta que todavía está el Santísimo en el Monumento y el vocerío no se acalla ni a los avisos por la megafonía por mucho que se esfuerce el Señor Abad. De allí no se va casi nadie hasta que acaba lo que ha venido a hacer. Me temo que es este un asunto que tiene mala solución. Cuando está de por medio una costumbre de esta índole, es difícil cambiar el “chip”, aunque sea para que no se convierta en una servidumbre contradictoria a los valores religiosos que se debieran respetar. Pienso que debería realizarse un esfuerzo hasta lograr un término medio. Seré sincero: este año a mí no me gustó nada que a causa del barullo el Vía Crucis tuviera que retrasarse más de media hora.

PROCESÓN GEBERAL DEL SANTO ENTIERRO

            Puntualidad en la salida, seriedad y coordinación, desarrollándose el acto sin graves incidencias, aunque pudo haber un entuerto cuando al pasar el Nazareno por la calle de San Francisco se desprendieron unos cables precisamente sobre la imagen, cables que hubo que desenredar porque estaban afectando las “potencias” que coronan la cabeza de Jesús que no se rompieron de puro milagro. Se resolvió el problema y se dio aviso para que las demás cofradías pasaran ya precavidas. Al parecer, con la colaboración de un vecino se pudo paliar el peligro, sin que haya noticia de que nadie más se viera afectado por este hecho. La procesión transcurrió sin “cortes”, lenta en algunos momentos, pero ordenada.
            En lo atinente a nuestra Hermandad, tuvimos de nuevo el gozo de poder escuchar y que el público enmudeciera a nuestro paso al apreciar el maravilloso galo de unas privilegiadas voces entonando  las antiquísimas notas  del motete “Eram”. Les juro que oírlas dentro de la Colegiata, cuando Jesús es portado hacia su lugar de estación, es sobrecogedor. Les invito a que el próximo año lo comprueben en primera persona.
            Como ya dije días atrás, todo es perfectible, pero hemos acabado este camino de la Pascua, si no satisfechos del todo, sí  contentos. Hasta nuestras admiradas Pilar Blasco y su hija Pilarín (sesenta y cinco años acompañando, penitentes de promesa, a Jesús Nazareno, se atrevieron a caminar delante de su amado Nazareno hasta la plaza el Españoleto. Como siempre, Pilarín, apoyada en el brazo de su hermano que las acompañaba, volviendo su sonriente cara hacia  Él, se despidió con un entrañable y sentido “¡Adiós, bonico!”.

RESURREXIT!!!

            Con algo más de expectación que el pasado año, la Cofradía de Cristo Resucitado y María Inmaculada procesionó sus imágenes la mañana del Domingo de Pascua, siguiendo el mismo ritual de costumbre, hasta la explosión de júbilo del momento glorioso del encuentro con vuelo de palomas y cánticos de gozo y al son de cientos de campanillas, música y tambores, celebrando la victoria de Cristo sobre la muerte y nuestra razón de ser como cristianos.
           
            Amigos: ¡Buena Pascua!
            A veces, se me olvidan cosas. Ya saben que pueden insertar sus comentarios. No duden en hacerlo.
            Gracias por leer estas modestas líneas. Saludos. Miguel Mira