¡MARE
DE DÉU DE LA SEU, MISERICORDIA!
Ese fue el grito unánime del pueblo
setabense, que movió de tal modo el corazón de la Madre a librar Xàtiva de la grave epidemia de peste allá por el 1.600.
No fue ese exactamente el motivo de los
actos celebrados ayer, 22 de abril de 2023, en la Alameda, pero sí tuvo que ver
en la prueba del afecto uy devoción de este pueblo soñador hacia la Mare de Déu
para que el Papa Pio XI la declarara Patrona
Principal de la ciudad. Ayer, celebrando la efeméride del centenario, era el
día de la alegría y de las emociones; era el día en que se nos brindó la
oportunidad de ratificar aquellos fervorosos sentimientos del pueblo entero,
del pueblo llano y de la nobleza; del pueblo creyente que consiguió obtener la
gracia del patronazgo de la Virgen de la Seo para esta vieja Saetabis hace un
siglo; y cincuenta años se cumplirán el 4 de agosto próximo, cuando en este
mismo lugar una multitud de setabenses se dio cita en tan emblemático
lugar hasta ver coronada como su Reina y Madre a Santa María. Ya en la entrada
anterior de este blog, ofrecí una pincelada de aquel acto que presidió el
recordado D. José María García Lahiguera, a la sazón Arzobispo de Valencia. También el sábado 22 hubo
mucha gente en la Alameda. Dos mil quinientas personas, según la Policía Local.
A las siete menos cuarto de la tarde se
oyeron desde mi casa las salvas que anunciaban junto con las campanas de la Seo
la salida de la imagen titular de la Mare de Déu de la colegiata.

Sin apenas retraso la vimos entrar al
paseo de la Alameda acompañada del Cabildo Colegial, Camareras, Alets y
Cofradía, quedando situada junta al altar preparado para la celebración en el
mismo lugar que en 1973, sobre un amplio tablado sobriamente decorado,
destacando sobre el fondo de las barras de la señera un repostero con el escudo
de la ciudad. Salvo algún pequeño desajuste que se subsanó, la megafonía fue la idónea. Mi
esposa y yo tuvimos la suerte de sentarnos en primera fila, justo frente al
coro y el conjunto instrumental de la Música Vella. He de destacar la
intervención de aquella nutrida coral interparroquial, que cumplió cum laude el
objetivo propuesto, con la ayuda magnífica de La Primitiva. No fue tarea menor
el arreglo de todas las partituras encargado a nuestro académico de cabecera D.
Francisco José Perales Ferre. No me olvido del trabajo durante meses de los
preparadores Paco Roca y Vicente Blesa y la disponibilidad de los cantantes.
Espero volver a oírles, si Dios quiere, el 5 de agosto en la Seo. Y no quiero
pasar por alto cómo a la mayoría de los presentes se nos hizo difícil entonar el himno a la Virgen. A mí por lo
menos se me formó un nudo en la garganta y nuestro corazón se sobrecogió cuando
Ignacio Giner cantó las difíciles estrofas de Hinojosa y Ramírez Cameno.

Gloria bendita ¡Qué gozo! ¿Quién podrá negar
la emoción que envolvió el abarrotado Real? Debió
cantar muy bien Ignacio cuando a mi mujer, con los ojos nublados, se le escapó
un ¡bravo! que le salió del alma.
A fuer de ser exigente y partiendo de
aquello de que cualquier acto humano puede ser mejorable, sería injusto olvidar
el meritorio trabajo realizado por los organizadores de este histórico, solemne
y hermoso acto. Y, en particular,
nuestra felicitación sincera ha de ser para Juan Vicente Martí Arquimbau, al
frente de ese grupo entusiasta que nos brindó el gozo de tan esperada
celebración.
Estuvieron presentes la autoridades
municipales, el mando en plaza de la Guardia Civil, la Junta Local Fallera con
las falleras mayores. Ya lo he dicho, Camareras, Alets, Cofradía de la Virgen…;
Miembros de la Hermandad de Cofradías de Semana Santa y múltiples representaciones.
Coincidí, al sentarme, con una representación de la Música Vella y tuve ocasión
de saludar a su presidente y felicitarle por lo que a su parte le correspondía
merecidamente.
No tuve la oportunidad de contar los
sacerdotes que concelebraron, pero me pareció que había más de veinte, algunos
muy jóvenes y nuestro flamante diácono, Paco Sáez, visiblemente emocionado.
Como maestro de ceremonias, Don Juan Damián. Entre los concelebrantes estuvo el
Vicario Episcopal de la Vicaría VI, D. Juan Melchor Seguí, actualmente Rector
de la Basílica de la Virgen de los Desamparados. Dos mitras, la del Sr. Abad y
la del Obispo D. Manuel Ureña. Ya se le notan los años. Me permitirán la licencia
y el atrevimiento de opinar que el Sr. Obispo se entretuvo mucho, demasiado, en
cuestiones históricas. Yo hubiera preferido mejor escuchar un canto a María.
Espero su perdón por el atrevimiento. No sé si seré impertinente al preguntar
(porque no lo sé) por qué motivo no nos acompañó Monseñor Benavent. En todo
caso, sí que es cierto que pudimos seguir perfectamente el rito eucarístico con
el ya mencionado acompañamiento de coro y orquesta.

Doy gracias por haber podido estar presente,
casi tan cerca como lo estuve en 1.973.
Fue la de ayer una bella celebración, como
ya he dicho, en ciertos momentos, emocionante.
Repito: la rúbrica de Ignacio Giner, para
enmarcar.
Y la Virgen. Ella se enteró de todo y el
bello rostro que esculpió Benlliure, no dejó de sonreir a todos: a quienes
quizás se acercaron como meros curiosos; a quienes en los bares cercanos
merendaban tranquilamente; a quienes se afanaban por la observación de cada
detalle de la ceremonia; a las personas cuya devoción no le es desconocida; a
los cantores y los músicos que le ofrecieron por su amor de hijos muchas horas
de trabajo, a los técnicos de megafonía, a los sacerdotes y servidores del
altar…¡Cómo vamos a dudarlo…! ¡¡¡Si es la madre de todos!!!
Acabado el acto, la sagrada imagen fue
llevada en procesión hasta la Parroquia de San Pedro, donde permanecerá durante
esta semana y en la que se celebrará su
estancia, sin duda, con el amor que merece. Por cierto, en 1973 la imagen
estuvo sin corona. Un descuido y unos cables propiciaron que a su paso por la
Av. de Selgas, ya cerca del Jardín del Beso arrancaron tan hermoso tocado, que
hubo que restaurar. A la llegada a la Parroquia el saludo lo pronunció Pepe
Santamaría. Recuero aquel emocionante piropo: Encara que no dus la corona, Mare de Déu, que guapa eres! Se pueden
imaginar el aplauso. Les confieso que ahora, al recordarlo, me caen las
lágrimas.
Trataré de seguir el itinerario. No les
prometo nada. Va ser largo, pero está bien que lo sea en buena hora.
Un cordial saludo, Miguel Mira.